Enlace Judío México e Israel – De todas las escenas atroces que arrojó la Segunda Intifada, la de un padre palestino y su hijo, atrapados en un fuego cruzado, fue la más emblemática y devastadora. Un ejemplo de cómo la manipulación puede incendiar la opinión pública mundial. 

 

El transcurso de las horas convirtieron las calles de la franja de Gaza y Cisjordania en un campo de batalla. Las cifras de muertos y heridos se incrementaban a diario, mientras que los hospitales no se daban abasto.

Dentro de tantas escenas violentas hubo una que llamó la atención de manera especial. El 30 de septiembre del año 2000, un padre palestino llamado Jamal Al Durrah se encontró encerrado con su hijo Muhamad en medio del fuego cruzado. Tras minutos de intentar proteger al menor, el niño de 12 años fue alcanzado por una bala y perdió la vida de inmediato. La imagen fue grabada en Gaza y dio la vuelta al mundo, provocando una gran condena al ejército israelí.

Dos meses después, el gobierno del Estado de Israel dio a conocer un peritaje en el que aseguraba que las Fuerzas de Defensa Israelíes no eran culpables de la muerte de aquel menor, sin embargo, ningún peritaje devuelve vidas, y con escenas como ésta la Intifada se tornó más agresiva.

A pesar de la distancia entre los distintos territorios palestinos, miles de ciudadanos en la franja de Gaza y en Cisjordania se comunicaban entre sí, comprometiéndose a no dejar de pelear por la causa palestina. Bombas molotov, granadas y neumáticos encendidos eran lanzados a los oficiales israelíes, quienes respondían con gases lacrimógenos, balas de goma y municiones de salva, alargando un conflicto que parecía no tener fin.

De pronto, como un helado arrepentimiento que ataca por la espalda, llegó el recuerdo del año 1952, cuando el entonces primer ministro de Israel David Ben Gurión aceptó darle la ciudadanía israelí a todos los árabes que se encontraban dentro de las fronteras judías concedidas por las Naciones Unidas. Ahora, casi 50 años más tarde, israelíes árabes e israelíes judíos estaban envueltos en verdaderas masacres, pues muchos de los manifestantes eran árabes que habían recibido la nacionalidad israelí. Era claro que aquella concesión hecha por David Ben Gurión había sido un error, pues judíos en territorio árabe y árabes en territorio judío era una mezcla que a pesar de los años no se había logrado.

De cualquier forma, de nada servía pensar en el pasado, pues la Intifada presentaba actos atroces cada día y por seguridad propia había que mantenerse al tanto.

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