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Las primeras inmigraciones de judíos a Palestina

Enlace Judío México e Israel.- Los judíos que vivieron durante la primera mitad del siglo XX son generaciones que presenciaron años trascendentales en la historia del pueblo judío. A finales de la década de 1940, gran parte de los judíos europeos eran sobrevivientes del Holocausto, y a pesar de encontrarse con sus pertenencias despojadas y sus familias asesinadas, tuvieron la inmensa tarea de lograr la independencia de un Estado judío.

NADIA CATTAN

Cuando por fin la obtuvieron no llegó el momento de descansar, sino de defender aquel país recién nacido para no desaparecer por el odio de los países árabes vecinos. Desafortunadamente, la victoria de la guerra de independencia no les garantizó a las personas que la lograron una total tranquilidad, pues el rechazo de los árabes palestinos se convirtió en un conflicto que persiste hasta la actualidad. Este video habla sobre los judíos de Palestina, los que se aferraron al Estado de Israel, aunque ello haya implicado arriesgar o perder la vida.

Para lograr algo verdaderamente grande se necesita trabajar en equipo, y ese, fue el éxito del sionismo. Durante las primeras cinco décadas del siglo XX los inmigrantes judíos a Palestina llegaron de distintas partes del mundo, la gran mayoría compartía algo en común: tenían un doloroso pasado, un pasado que les había dejado claro que los judíos necesitaban lograr su propio Estado. Así que el sufrimiento alineó la ideología, pues de no haber existido tanto antisemitismo, los judíos nunca se hubieran unido hacia un mismo objetivo.

A principios del siglo XX Palestina se encontraba bajo el mandato del Imperio Otomano. En esta inhóspita región convivían en paz musulmanes, judíos y cristianos. Hasta que nuevas inmigraciones modificaron, para bien o para mal, todo el escenario, pues las masacres antisemitas en el Imperio Ruso provocaron que entre 1881 y 1903 alrededor de 30,000 judíos emigraran a lo que ellos llamaban Eretz Israel. El Primer Congreso Sionista organizado por Teodoro Hertzl en Basilea Suiza había sentado las bases. En los siguientes 10 años emigraron 40,000 judíos más, y casi al terminar la Primera Guerra Mundial el Secretario de Relaciones Exteriores británico, Arthur James Balfour, dijo en una carta al líder de la comunidad judía que el gobierno inglés veía con buenos ojos el establecimiento de un hogar nacional para el pueblo judío en Palestina. Esta declaración llenó de esperanza a toda la comunidad judía, tanto que después de la Primera Guerra Mundial inmigraron 35,000 judíos más, y es que después de siglos de asesinatos, conversiones forzosas, antisemitismo y persecución, el sueño milenario tenía al fin la posibilidad de convertirse en una realidad.

Esos fueron los motivos que provocaron, tanto las primeras ideas sionistas, como las primeras inmigraciones a esa región del Imperio Otomano comúnmente llamada Palestina. Los judíos de entonces sabían que el futuro no sería sencillo, pero estaban completamente convencidos de que el trabajo era el mejor camino.

El 30 de enero de 1933 subió al poder en Alemania un hombre con ideas profundamente antisemitas. Dos años después se instauraron en toda Alemania las conocidas leyes de Núremberg que excluían a los judíos del resto de la sociedad. Estas nuevas implementaciones racistas provocaron que en 1935 emigraran 62,000 judíos alemanes a Palestina. Por supuesto que adaptarse no fue una tarea sencilla. El choque cultural de un alemán con un judío, que ya llevaba tres décadas en la región, debió ser abrumador. Ambos eran judíos, pero con distintos modos y distinta ropa, sin ninguna similitud en cultura, gastronomía o idioma. Nada importó, los judíos recién llegados se fueron adaptando, y el hebreo de Ben Yehuda comenzó a crear los lazos, lazos sumamente importantes, pues permitieron la comunicación entre todos los judíos inmigrantes.

Pero además de la inmigración, también se sumaban a la población judía las nuevas generaciones. Bebés que pronto se convirtieron en niños y niños que más tarde serían adolescentes con un impregnado sionismo. En conclusión, todo judío quedaba contagiado por el mismo ímpetu de trabajo: Algunos eran motivados por el hecho de mejorar su propia comunidad, otros se inspiraban por el sufrimiento que vivieron sus antepasados negándose a volver la mirada atrás, otros tantos, encontraban sus razones en el Tanaj, pues la presencia de los judíos en Eretz Israel representaba un anhelo bíblico increíblemente ancestral. De cualquier forma, cada quien encontró sus propios motivos, de lo que no cabe duda es que todos los judíos de Palestina lucharon por construir un mismo destino.

 

 

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