Enlace Judío México e Israel.- Líbano, el vecino de Israel al norte, está asido por un levantamiento popular que muchos temen podría llevar a una guerra civil.

DR. EDY COHEN

Enfrentado con el espectáculo de cientos de miles de ciudadanos protestando en las calles de Líbano, el primer ministro, Saad Hariri, ha enviado una carta de renuncia al presidente libanés Michel Aoun.

Durante las últimas semanas las calles de Líbano han estado en llamas. El país ha estado paralizado a pesar de los pronósticos de todos los expertos que pensaban que las manifestaciones se marchitarían rápidamente.

Lo que ellos fallaron en entender es que lo que está a mano es una revuelta popular contra el sistema político corrupto e inepto que ha llevado a Líbano a una depresión económica seria.

Líbano opera como una mafia. Sus 128 miembros del parlamento, tanto como sus ministros de gabinete, saquean los cofres públicos a través de una intrincada red de empresas, hoteles, tiendas, y valores de bienes raíces que manejan a un lado. No hay separación real entre los sistemas políticos y los magnates. En la política libanesa, si puedes obtener una posición de gobierno/pública vas a ser rico.

El pueblo libanés finalmente ha tenido suficiente y desató protestas masivas contra la corrupción rampante mientras proponía demandas específicas. Estas incluyen la renuncia del liderazgo político entero, incluido el P.M., presidente del parlamento, y todos los ministros y miembros del parlamento – en otras palabras, una revisión completa. Hasta que puedan ser celebradas las elecciones, ellos están exigiendo que los políticos sean reemplazados por tecnócratas independientes que no hayan tenido nada que ver con la política libanesa desde la Guerra Civil de 1991.

Un número pequeño de familias han controlado Líbano por un largo tiempo, y se han vuelto indescriptiblemente ricas y minuciosamente corruptas. Consideren, por ejemplo, la familia del presidente Michel Aoun. Sus dos hijas están empleadas como asesoras presidenciales. Uno de sus esposos es su ministro del exterior. El otro, que está divorciado de la hija, continúa desempeñándose como consultor.
Ningún juez, jurado, o medio noticioso se molesta en cuestionar este nepotismo.

Eso es porque Líbano está conformado por 18 comunidades diferentes (la más chica de las cuales, la judía, consta apenas de algunas docenas). Casi toda comunidad tiene sus propias instituciones y medios noticiosos, y están interesadas únicamente en promover a sus propios miembros. Los empleados de gobierno son reclutados desde adentro de cada grupo sobre la base de conexiones familiares y personales en vez de calificaciones profesionales. El sistema entero es corrupto, incluidos los medios de comunicación y el sistema judicial, el cual se rinde rutinariamente ante los políticos y sus órdenes.

Los manifestantes están demandando también nuevas elecciones y el establecimiento de un cuerpo supervisor que incluirá jueces impolutos que expondrán las cuentas bancarias secretas de los políticos, procesarán a los políticos corruptos, y devolverán fondos mal habidos al Estado. Los políticos de Líbano tienen una larga tradición de enriquecerse a costa de los ciudadanos, muchos de quienes no pueden pagar sus cuentas mensuales.

Líbano es un país chico que abarca apenas más de 10,000 kilómetros cuadrados (3,800 millas cuadradas), pero carga una deuda de u$s100 mil millones. Los bancos libaneses son incapaces de hacer frente a esta deuda y ni siquiera son capaces de devolver los intereses de sus préstamos. Sumando a este problema, los bancos han cerrado desde el inicio de las protestas. Complicando la situación aún más están las sanciones impuestas por el Presidente Donald Trump contra los bancos libaneses por trabajar con Hezbolá e Irán.

El sistema entero está al borde del colapso.

La fuerza de las protestas radica en que son no sólo un movimiento de base sin liderazgo permanente sino también en que representan una postura contra todos los actores del poder, incluido Hezbolá. Una de las consignas más populares de la protesta es “Nasrallah es uno de ellos” (o sea, un político corrupto). Este sentimiento fue expresado después de que el líder de Hezbolá dio dos discursos en los cuales amenazó a los manifestantes y los acusó falsamente de tomar fondos de agencias extranjeras. Agentes de Hezbolá han tratado de intimidar a los manifestantes, pero la policía libanesa intervino para defenderlos. Nasrallah aún no ha tenido éxito en hacer tambalear la resolución de los manifestantes.

Algunos manifestantes trataron de quemar la bandera israelí pero fueron detenidos por otros manifestantes. “Estamos manifestando contra los políticos corruptos. No debemos perder el foco,” dijeron, mientras ponían fin a la quema de banderas.

Las protestas están teniendo un impacto. Los intentos de difamar a Israel diciendo que está detrás del movimiento han fracasado. El primer ministro renunció en una muestra de apoyo a los manifestantes, dejando a los otros políticos en serios problemas.

Nadie tiene una solución, y el pueblo en las calles de Líbano se está enojando. El futuro no es claro, y otra guerra civil puede bien estar en el horizonte. Una cosa parece clara – los libaneses no van a ceder en ningún momento cercano, y ellos parecen dispuestos a recorrer todo el camino para traer un cambio radical en su país.

 

Esta es una versión editada de un artículo que apareció en Israel Hayom el 4 de noviembre del 2019.

 

*El Dr. Edy Cohen es investigador en el BESA Center y autor del libro El Holocausto en los Ojos de Mahmoud Abbas.

 

Fuente: Begin-Sadat Center for Strategic Studies

Traducido por Marcela Lubczanski para Enlace Judío México