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Y tú, ¿a quién le das el poder de tu bienestar?

Enlace Judío México e Israel – No sé si culpar a Walt Disney de enseñarnos que sólo a partir de encontrar a nuestro príncipe azul es cuando las princesas tienen la posibilidad de vivir felices para siempre, pero sea quien sea el creador de esta nefasta idea, es hora de erradicarla por completo de nuestras cabezas, pues ni la vida está hecha de príncipes y princesas, ni existe la palabra “siempre” ni siquiera en las relaciones más duraderas, así que vayamos destruyendo el cuento de hadas con el que crecimos para construir una realidad más acorde a lo que realmente vivimos.

¿Estamos listos?

Desde que somos pequeñitos nos enseñan a enamorarnos del amor, pues éste se convierte en el vínculo con el que nos relacionamos con los seres de nuestro alrededor; ya lo dijo aquel extraño dinosaurio morado: “Te quiero yo y tú a mí, somos una familia feliz, con un fuerte abrazo y un beso te diré mi cariño es para ti” ¡Noooooo! Ya desde pequeños cantamos un error, mi cariño no es para ti, mi cariño es para mí y sólo si tú te lo ganas y te lo mereces te puedo dar un cariño que ni es el principal, ni tampoco  es incondicional.

Por un lado no será el amor principal ya que éste ya está dado, está entregado a mi propia persona, que es justo la persona que nunca me va a abandonar, y por otro lado, el amor que entrego no es incondicional, porque si yo te amo incondicionalmente te libero de ganarte mi cariño todos los días, te quito la mitad de la responsabilidad que tienes de cuidar nuestra relación para toda la vida.

Amar incondicionalmente se puede escuchar muy romántico, pero es bastante nocivo en términos prácticos, el amor se debe de ganar con acciones, y son las acciones las que también tienen la capacidad de dañarlo. En una relación de dos, hay dos personas que deben ser conscientes de que son los responsables de mantener y cuidar ese amor. El amor a nuestros hijos es el único amor que tal vez podríamos llamar incondicional, y ese, es todavía un tema controversial.

Lo que es un hecho, es que lanzarnos a los brazos del amor no tiene que ser un acto irresponsable, y esa irresponsabilidad está en entregarle nuestra llave de la felicidad a alguien más. Expliquémoslo así: somos personas navegando en el mar, cada una a bordo de su propio barco, porque como bien podemos ver, Dios nos entregó una vida por cada ser humano; ahora bien, ese barco debe de estar construido por ese algo que nos llena de felicidad y que está completamente en nuestras manos. De este modo, personas llegarán a nuestra vida y compartiremos el viaje por un rato, tal vez ese viaje compartido dure años, pero esto, no debe impedir que cada navegante conduzca su propio barco.

Si crees que por enamorarte llegó el momento de subirte al barco de alguien más estás en un error, porque de un momento a otro ese que dejaste al mando como capitán ya no te va a querer como pasajero y te vas a quedar desolado, sin compañero y sin barco.

Del mismo modo funciona la felicidad, ésta debe de estar sólo en tus manos y no por enamorarte se la debes entregar a alguien más. Las personas llegan a nuestras vidas pero también se van, ya sea por decisión propia o por la muerta que es completamente natural, lo que es un hecho, es que siempre, absolutamente siempre, hay un final. Es en ese momento cuando cada quien debe tener su propia embarcación de seguridad, simplemente para seguir a flote, para permanecer en la superficie y poder respirar.

No, no estoy siendo trágica, hay ocasiones en las que las personas enamoradas se echan al agua dejando su propio barco para subirse al de alguien más, y después de cierto tiempo terminan en el agua lamentándose por haber dejado su embarcación atrás. Si tu felicidad está en tu pareja te equivocaste, ella puede un día morir o simplemente retirarse o fallarte, si vertiste el sentido de tu vida en tus hijos también estás en un error, los hijos suelen dejar el nido y esto provoca un terrible vacío. Así que el consejo es sencillo: Conviértete en el generador de tu propia felicidad, llena tu vida de elementos que estén en tus manos y que te llenen de una motivación a lo largo de los años.

Hobbies, pasatiempos, el cuidado de tu propia salud y tu propio cuerpo, descubre tus pasiones y llévalos a un escalón más: Si te gusta el deporte entra a maratones, si te gusta la cocina conviértete en chef, y ni que hablar si tienes una carrera universitaria que ejercer. Organiza un club de lectura si te gusta leer, y si tienes algún talento especial llévalo a su máximo potencial, siempre hay cursos, diplomados, licenciaturas o maestrías que nos pueden ayudar, el objetivo es que lleves tus gustos, talentos e intereses a algo más.

Esto provocará que, como lo dijimos antes, tú seas el generador de tu propia felicidad, de ese bienestar cotidiano que no debe ponerse en manos de nadie más. Esta filosofía de vida puede parecer fría y un tanto egoísta, sin embargo no es así. Si nosotros mismos nos encargamos de mantenernos motivados en la vida seremos personas con una energía más positiva. De hecho, está demostrado que las personas emocionalmente independientes son personas más atractivas, y no me refiero a una atracción física sino más bien en términos de energía.

Cuando se nota que eres tú el que se hace cargo de tu propia rutina y de tu bienestar, desarrollas la capacidad de disfrutar de relaciones sin codependencias, en donde no le das la responsabilidad al otro de hacerte feliz o infeliz, porque eso mi querido lector, eso sólo te corresponde a ti.

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