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Enlace Judío México e Israel – Oliver Weinstein es bien conocido en la comunidad judía de México. Su carisma y ganas de vivir llaman la atención de quienquiera que lo conozca. Con motivo de su cumpleaños, conversamos con él sobre su vida, sus logros y su gran corazón.

“En mi cumpleaños me la pasé padrísimo”, dice Oliver Weinstein, desde su casa, en una entrevista por videoconferencia con la directora de Enlace Judío, May Samra. “Aquí en mi casa, nomás yo, mi mamá, mi tía y mi hermano, aquí estuvimos.”

 

Fotos: Linda Lasky

Oliver cumplió 47 años, una cifra que rebasa por mucho las expectativas iniciales de los médicos que lo vieron nacer y que lo trataron durante sus primeros años de vida. Pero para Oliver, los retos que implica vivir con síndrome de Down parecen alicientes para seguir luchando, para conseguir cada una de las cosas que se propone. “Yo me enfrento a la vida”, dice, y se declara un hombre feliz.

                 Fotos: Linda Lasky

Durante la cuarentena, Oliver atiende las reuniones virtuales de Kadima, la organización no gubernamental de la Comunidad Judía de México que trabaja con personas que viven con alguna discapacidad. “Ahorita como está lo del coronavirus, nos dan actividades aquí, como cocina, o cualquier actividad.”

Su madre, Ana, complementa la información:

“En las clases de Kadima, en las clases que les dan por Zoom, cada día les dan tres o cuatro actividades diferentes. Les dan ejercicios, les dan baile, les dan box, les dan diferentes actividades físicas, también les dan recetas para que practiquen en la cocina. Por ejemplo, el otro día hicieron pasta. Pero hicieron la pasta y para mí que fue la mejor pasta que he comido en muchísimos años, creo que así la llegué a comer en Italia, así de buena era. Les dan recetas de salsas, de pasteles, de diferentes cosas. Clases de ajedrez, de meditación…”

Pero a Oliver no le gusta el ajedrez. Prefiere bailar y cocinar. Tomó clases de Zumba en el Centro Deportivo Israelita y luego en un gimnasio particular que está cerca de su casa. Algunas veces, cuando se siente triste o deprimido, Oliver pone canciones de OV7 o Kabbah y se pone a bailar en Facebook Live.

Una vida productiva

Hace muchos años Oliver hizo un viaje que le cambió la vida. “Me fui un año y ocho meses a Israel y ahí me enseñaron cómo independizarme”, cuenta con orgullo. “Trabajé ayudando a gente mayor, de la tercera edad”, comenta y agrega que fue una experiencia “muy bonita”. “Con muchos trabajos” aprendió hebreo. Ya no se acuerda de los detalles porque “ya pasaron muchos años.”

Foto: Linda Lasky

Lo cierto es que a su regreso, Oliver trabajó en muchas empresas, realizando trabajos manuales como el armado de cajas. Siempre a tiempo parcial y en la medida de sus posibilidades, pero con la misión de ser independiente, tema que para él resulta fundamental.

“Cuando iba a Kadima, ahí nos llevan a las empresas a donde trabajar, a Súper Mayoreo Naturista, a Consorcio y a otro lugar de ganchos”, nos cuenta. También trabajó en el restaurante Matisse, en Ámsterdam #260, recuerda. “Estuve en cocina fría y luego me bajaron a la cocina caliente. Y pelaba yo con cucharas las papas.”

En Kadima trabajó primero como voluntario, en un horario matutino. En esa época aprendió a viajar en transporte público. Tomaba un microbús “hasta la gasolinera de Conscripto. Y ahí me subo al camión que dice El Olivo y me dejaba en el Superama de Avenida de las Fuentes, y ahí ya caminaba hasta mi casa.”

Gracias a Kadima, Oliver también trabajó en el Colegio Monte Sinaí, donde “era el comodín”, y realizaba trabajos de mensajería interna.

Después, Oliver comenzó a dar pláticas motivadoras para personas con discapacidad y sus familiares. En una de ellas ocurrió lo que para la gente cercana a él es ya una anécdota conocida: un hombre invidente le dijo, tras escuchar su conferencia: “Oliver: tú no tienes síndrome de Down: tienes síndrome de Amor.”

En sus conferencias, el mensaje que da Oliver para los padres de las personas con discapacidad es bastante conciso: “Les digo que el Síndrome de Down, que no tengan miedo, que los saquen adelante como a mí me sacaron adelante.

La pantalla chica

Uno de los momentos más memorables para Oliver fue su aparición en el noticiario que conducía Joaquín López-Dóriga, en el que más que autopromocionarse, Weinstein aprovechó la ocasión para dirigir un mensaje a un público muy especial.

Foto: Linda Lasky

“¡Uy, eso fue hace muchos años!”, dice cuando se le pide que reconstruya la historia. “Yo hablé a Televisa y pedí la entrevista un 28 de agosto, el día del abuelo.” Cuando la gente de Noticieros Televisa le dijo que lo entrevistaría, Oliver le llamó su madre, que tenía una tienda en el centro, y le dijo: “mañana te caen los de Televisa” a La Casa de Todos, como se llamaba la tienda. “Entrevistaron a mi mamá y a las empleadas. De ahí nos fuimos a la Condesa y el que me entrevistó fue Eduardo Salazar, el del helicóptero.”

La entrevista ocurrió en un parque, donde Oliver habló para los abuelitos en su día, e incluso les ofreció su mano a los presentes para ayudarlos a llegar a su destino.

También para su madre tiene gestos amorosos. El 10 de mayo pasado, Oliver le regaló “esos botecitos, así larguitos, de té. Ella toma mucho té.” También está consciente de lo mucho que su madre ha hecho por él. “La quiero mucho y gracias a ella yo soy. Me sacó adelante.”

Eso no impide que Oliver se impaciente cuando su madre intenta protegerlo. “Yo me cuido solo”, dice. Reclama su independencia, sus ganas de salir adelante. No le gusta que le digan a qué hora dormirse ni a qué hora levantarse. Dice que puede caminar al gimnasio solo y que su sueño es vivir, algún día, con la que quiere que sea su esposa.

El síndrome de Amor de Oliver se vierte también sobre su novia. Dice que se llama “Beatriz Garcés Uribe y ya queremos casarnos (…). Mi sueño en realidad es tener mi propia casa, casarme y ser el hombre más feliz en esta tierra, ya casado.”

Tampoco se olvida de su tía Rebeca, prima hermana de su madre, de quién dice “nunca va a estar sola. Se va a venir a vivir conmigo y con Bety”.

No sabemos si Oliver logrará su sueño de casarse y vivir con su esposa Bety, pero él asegura que siempre logra lo que se propone. Antes de despedirse, Oliver ofrece un consejo: “hay que saber separar lo que es los errores, que se abran más, y aceptar los errores de cada quien.”

 

Fotos: Linda Lasky

Fotos: Linda Lassky/ Reproducción autorizada con la mención: ©EnlaceJudío

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