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Enlace Judío México e Israel – Los museos son parte de la narrativa de todas las sociedades; en un espacio definido son capaces de encapsular al tiempo variable y los testimonios permanentes. A través de colecciones de objetos bien organizados reviven recuerdos, iluminan pensamientos, ofrecen conocimiento, entretejen vínculos, estimulan la creatividad; trascienden.

Al inicio de la pandemia, estos recintos, al igual que el resto de los entornos “no esenciales”, también cerraron sus puertas. En el mundo, 95% de ellos tenían sus cuadros polvosos, los pasillos vacíos, las exhibiciones ignoradas y a sus guías mudos. Quizás los hemos ignorado porque aunque en el fondo ocupan un lugar central en el corazón de todas las ciudades, a veces los humanos olvidamos que para escuchar nuestras propias palpitaciones hay que concentrarse, cerrar los ojos, respirar profundo y mirar con mayor esfuerzo hacia adentro. No por nada, según la UNESCO, la cantidad de museos en el mundo se cuadriplicó en los últimos cuarenta año para ser hoy más de 95,000. Este crecimiento tan extraordinario no es mas que el reflejo del papel tan importante que los museos tienen en la promoción de la paz, la conservación de la armonía y el fomento de la cultura de las sociedades; en el mejoramiento de la especie humana.

Sin embargo, el Consejo Internacional de Museos (ICOM) estima que en este distópico 2020 algunos, como el Planetario ALFA, que cuando fue inaugurado en 1978 era el único museo interactivo de ciencia y tecnología de México y el primero con pantalla IMAX en Latinoamérica, cerrará para siempre sus puertas; que otros, continuarán con los esfuerzos digitales que improvisaron ante COVID-19 para seguir manteniendo su presencia en la vida de las personas; y muchísimos otros, especialmente los interactivos de ciencia y tecnología tendrán que replantearse, repensarse, adaptarse para seguir con vida. Y lo están haciendo.

La interactividad de los museos, en los que tocar es obligatorio, accionar un botón es la instrucción y manipular físicamente la exhibición, es el único conducto para lograr con éxito la experiencia, debe hoy, ponerse en tela de juicio. Hoy, que tocar es un taboo, que el virus nos tiene separados, alertas y ansiosos, los académicos y expertos dedicados a los museos están de vuelta en el restirador, cuestionando el principio mismo de la interactividad, bocetando el nuevo modelo. Definiendo su medio, porque el fin sigue siendo el mismo.

Ahora, en los tiempos pandémicos, la interactividad ha encontrado un nuevo jugador. Hoy se busca un efecto en el visitante que vaya más allá de lo que una máquina de Rube Goldberg es capaz de hacer. Ya no se trata de jalar la palanca y ver lo que sucede, sino ir más allá de oír, ver y tocar. La nueva interactividad busca activar las emociones, los pensamientos, el intelecto. Es una interactividad que no es física sino emotiva.

Mientras tanto, también hoy, con el cambio de semáforo oficial, los museos paulatinamente están retornando a sus actividades cotidianas. Sin embargo, su realidad es lejana a la normalidad. Las taquillas han abierto para verse escuálidas, los pisos y paredes están llenos de indicaciones para procurar una estancia segura, tanto para el personal como para los usuarios. Y aunque algunos curiosos rondan entre las salas, y la afluencia, a pesar de las restricciones, poco a poco va en crescendo, se extrañan las risas de los estudiantes que antiguamente llegaban en las hoy ausentes visitas escolares.

Habitualmente, en la época pre-COVID, los niños, niñas y jóvenes salían de sus colegios dos veces al año para encontrarse con estos espacios de educación no formal que complementan, a la perfección, los contenidos revisados con los profesores en las aulas. Pero hoy, que las pizarras se han vuelto pantallas y los alumnos están estudiando desde casa, ha faltado un invitado en la ecuación. Quizás, por la premura, se ha olvidado incluir en la misión de educación pública provisional, al aliado incondicional de la educación: a los museos.

Hoy, los museos de ciencia y tecnología de México, esos que a través de los años, con compromiso y pasión, han recibido en sus edificaciones a millones de estudiantes, están listos para seguir con su razón de ser en esta nueva modalidad provisional. Para hacer llegar sus salas de exhibición con sus espléndidos contenidos a las casas de todos los mexicanos. Porque hoy, toca que los museos sean los que salen de sus recintos, y a través del televisor, hagan las añoradas visitas, para complementar lo aprendiendo en casa.


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