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Enlace Judío México e Israel – Se cumplió un aniversario más de la muerte de Sigmund Freud, el padre del Psicoanálisis, y uno de los judíos más influyentes del siglo XX. Su obra, siempre controversial, fue el punto de partida para que los estudios sobre la mente humana —y, sobre todo, sus digresiones— tomarán un nuevo derrotero y abrieran la posibilidad al desarrollo de las terapias profesionales que hoy, junto con el psicoanálisis, trabajan todas las corrientes de psicología.

El momento histórico en el que vivió Freud fue determinante para el rumbo que tomó su teoría psicoanalítica. Pero hubo otro factor de máxima relevancia: su judaísmo. Aunque no era un judío observante ni interesado en la religión como práctica, Freud siempre se mantuvo vinculado a su bagaje cultural judío, y toda su propuesta sobre cómo debe desarrollarse una terapia psicoanalítica —y, especialmente, en qué debe consistir— se nutre de los aspectos más notables de la tradición judía, específicamente de la educación judía.

Irving Gatell nos explica en esta charla, cómo el psicoanálisis es, en muchas formas, uno de los mejores ejemplos de eso que él llama “idiosincrasia talmúdica”, un modo de vida y de razonar que se hereda prácticamente intacto en las familias judías, aun cuando no guarden la observancia religiosa.

El caso de Freud es emblemático: un típico judío vienés crecido y educado en la segunda mitad del siglo XIX, indiferente de su religión, pero profundamente judío en su modo de ser, en su modo de entender la vida y, por lo tanto, en su propuesta terapéutica.


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