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“Y la tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles dando fruto, con su semilla en él, según su género….” ..

EL TERCER DÍA

Hubo dos actos de creación durante el Tercer Día. En el primer acto, el Creador separó las aguas de la tierra firme, en otras palabras, Dios creó los continentes. Es muy interesante que la Torá utiliza una terminología perfectamente compatible con nuestro entendimiento científico moderno para describir este enorme acto de creación: «Iyqavu hamayim… veterae hayabbasha» , «que las aguas se retraigan… y la tierra firme se haga visible», lo cual implica entre otras cosas, que la tierra no fue creada de la nada sino que «emergió» a la superficie del planeta al retraerse las aguas. Este acto creativo tuvo que haber sido de proporciones inimaginables: cataclismos, tsunamis, impresionantes movimientos sísmicos, deshielo de glaciares, etc. Es importante destacar, tal como lo menciono en mi libro «Creación» que este acto creativo, probablemente el mas estruendoso y dramático que haya experimentado nuestro planeta, está presentado solo con un par de palabritas en Génesis. Sin embargo en el Salmo 104, que se refiere a la Creación del mundo, el rey David le dedica más atención–en cuanto a la extensión del texto–que a ningún otro acto de creación.

LA VEGETACIÓN

Una vez que existe la tierra firme, el Creador procede a su próxima creación del Tercer Día, que fue menos estruendosa pero no menos majestuosa que la primera: la creación de las plantas. Todas las hierbas, plantas, granos, vegetales y árboles fueron creados en este acto. La Torá también hace hincapié en las semillas «zera», anunciando que las plantas han sido creadas con semillas que garantizan su permanente reproducción sin intervención Divina (directa). Y si bien este es un factor milagroso y majestuoso que merece nuestra atención, hoy quisiera enfocarme en el tema de los árboles y un pequeño detalle que se desprende de su descripción. La Torá dice (Gen.1:12) “Y la tierra produjo vegetación: hierbas que dan semilla según su género, y árboles dando fruto, con su semilla en él, según su género….” . El punto que me gustaría destacar es la presencia del verbo la’asot (que en este contexto significa «producir») en el tiempo presente: «ve’ets óse perí…» dando a entender que los árboles no surgieron como semillas o arbustos incipientes, sino como árboles ya maduros, en su plenitud, y cargados con sus frutas.

NECESARIAMENTE DIFERENTES

Hace más de 1700 años, los Sabios del Midrash formularon la siguiente idea basándose en el detalle provisto por la Torá sobre los árboles: כל מעשי בראשית בקומתן נבראו . “Todo lo que Dios creó fue creado en su plenitud” . Si bien la Torá circunstancialmente mencionó la madurez de los árboles, en realidad TODO lo que Dios creó apareció en su estado de madurez. Esto no solamente resuelve el enigma del huevo o la gallina (finalmente podemos destrabar el enigma :), sino que también nos ayuda a comprender que no solo es posible sino más bien necesario que la ciencia le atribuya al mundo y a lo que éste contiene una edad mayor a la que transcurrió desde su “creación”.

La Creación es un proceso completamente diferente al “nacimiento natural”. La edad “convencional» es cronológica, es decir, se calcula desde el momento que uno nace. Así, obviamente, 50 años luego del momento del nacimiento una persona tendrá 50 años. El acto de creación, sin embargo, nos presenta con una realidad totalmente distinta. Veamos. Gracias al detalle que la Torá nos provee respecto a los árboles podemos concluir que cuando Dios creó, Sus creaciones y criaturas aparecieron ya desarrolladas, y no en su punto cero o punto de nacimiento.

VOLVER AL FUTURO

Si pudiésemos viajar en el túnel del tiempo hasta el día en el que Dios creó los árboles y examináramos el primer árbol 5 minutos después de su creación, nos encontraríamos con un árbol lleno de frutos. Y si evaluamos este árbol desde una perspectiva científica, concluiremos necesariamente que este árbol tiene digamos 25 años de edad.… ¿Estaremos equivocados? Sí y no. Y esta es la paradoja que produce la Creación. El árbol fue creado hace 5 minutos, pero con una edad interna de 25 años.
Una vez más: es inevitable entonces que exista una diferencia entre la medición científica de la edad del árbol (desarrollo desde el punto cero) y la perspectiva bíblica / rabínica (creación madura) sobre la edad del árbol. La diferencia entre los 5 minutos y los 25 años es un efecto inevitable del «excepcional» acto de Creación.

¡QUE VIVA LA DIFERENCIA!

Cuando asumimos que la Creación se llevó a cabo del modo en el que la Torá y los Rabinos del Midrash lo describe entonces, inevitablemente, dos edades distintas coexistirán en todo lo creado : 1) la edad cronológica, estimada desde el momento de su Creación/aparición, que en el ejemplo del árbol serían cinco minutos, y 2) la edad interna, visible, “científica”, 25 años. Que equivaldría a decir: el tiempo que le habría tomado al árbol desarrollarse desde un punto cero hasta su estado actual, si hubiera “nacido” de una semilla y no hubiera sido “creado”. Lo mismo ocurre con una montaña, con el planeta tierra y con una estrella que dista 1 millón de años luz de nuestro planeta.
En conclusión: Lo que la ciencia afirma acerca de la edad del mundo, sin importar de cuántos millones de años se trate, no contradice en absoluto lo que afirma la Torá.

LA DIFERENCIA ESTA EN EL PUNTO DE PARTIDA

Si partimos de la premisa científica que el mundo se auto generó —nació por sí mismo y no existió ningún acto de Creación (dicho sea de paso: no existe ninguna evidencia científica que niegue un acto de Creación)— entonces, las diferencias de edad entre lo que dice la ciencia y lo que dice la Torá son irreducibles. Pero cuando nuestro punto de partida es el acto de Creación Divina, tal como lo describen nuestras fuentes (ex nihilo & creación madura), las diferencias de edad son lógicas y necesarias. ¡Es exactamente lo que se supone que teníamos que encontrar!


Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío.

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