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sábado 18 de julio de 2026

Las ofrendas a D-os y la elevación de la materia

Enlace Judío México e Israel – Dar ofrendas es algo que ha estado naturalmente en el hombre desde tiempos inmemorables, a lo largo de los siglos, miles de individuos y civilizaciones han buscado la manera de establecer contacto con un ser superior u otra forma de trascendencia. Pareciera que hay en el hombre la necesidad imperiosa de buscar la divinidad más allá de lo material. ¿Por qué? ¿Qué hacemos cuando buscamos algo ajeno a nosotros y por qué dirigirnos a ello? ¿Es realmente alcanzable por los medios que tenemos? En realidad son preguntas que sólo la experiencia personal puede responder. La forma en la que buscamos lo divino encierra mucho de cómo vemos el mundo que nos rodea y la personalidad que forma nuestro carácter.

En los primeros capítulos de la Torá vemos la historia de tres hombres que dieron ofrendas a D-os y recibieron respuestas diversas. Los primeros fueron Abel y su hermano Caín, mientras que el tercero es Noé, cada uno lo hizo de manera distinta, sin embargo, con sus acciones, el texto bíblico nos enseña los rudimentos de cómo D-os se relaciona con el hombre y la evolución de dicha relación a lo largo del tiempo. Caín y Abel fueron los primeros humanos en crecer fuera del Edén y Noé el hombre que a los ojos de D-os mereció salvar la humanidad entera del Diluvio. Los primeros siguieron la tradición de Adán y el tercero fundó un nuevo futuro. Las ofrendas para los tres fueron símbolo de ese inicio propio.

Caín y Abel

La historia de Caín y Abel no se entiende correctamente sin la cantidad de sutilezas que el texto bíblico presenta a través de alusiones. ¿Por qué D-os responde a las ofrendas de Caín y no a las Abel y en qué sentido eran diferentes? Rab Hirsch en su comentario muestra muchos de los detalles que se pierden a simple vista. Empieza discutiendo las profesiones de los dos hermanos y centra el destino de ambos en su deseo.

Abel, al igual que los patriarcas y los líderes de Israel, era pastor. Seleccionó los mejores productos de su ganado para ofrendarlos a D-os. Su profesión le permitía tener un estado de paz mental ídoneo para dirigirse a lo divino, pues no estaba atado a la tierra y el sentido máximo de su vida era la espiritualidad. Por eso escoge lo mejor que tenía de su trabajo para ser ofrecido, la ofrenda que da es una muestra de su deseo y comportamiento cotidiano. Por otro lado, Caín, su hermano era “un hombre que trabaja la tierra” estaba atado a ella y era profundamente material. No seleccionaba las frutas que ofrecía porque no le daba importancia real a su ofrecimiento, los objetivos que tenía al buscar a D-os permanecieron como objetivos materiales. No buscaba un sentido moral en lo divino, sino el dominio y el poder sobre las fuerzas naturales a las cuales llegó a idealizar. La ofrenda de ambos hermanos es una muestra clara de los pensamientos y la personalidad de cada uno de ellos.

Por eso D-os les responde distinto, pues es a las actitudes y pensamientos del hombre a lo que responde, más que a la ofrenda misma. El texto dice “se dirigió a Abel,” porque es a Abel a quien D-os responde, es decir, a sus intenciones, a sus actitudes, y no en sí a lo que fue ofrendado. En cuanto a Caín, D-os, al no responder, le ofrece una enseñanza. Le muestra el principio básico de la relación entre lo divino y el hombre, para la Torá: la voluntad.

D-os responde al hombre en la forma y medida que éste decide comportarse. De Abel que lo busca con anhelo recibe su regalo y voltea Su vista; mientras que a Caín le enseña que puede cambiar, que puede ejercer dominio sobre su instinto hacia la maldad e imponerse sobre su propio deseo. Como el rab Hirsch señala, el pecado sólo entra a la casa del hombre si éste le abre la puerta. La posibilidad de hacer el bien o el mal radica en nuestra voluntad hacia ambas: en la necesidad de imponernos sobre nuestros deseos más oscuros.

Caín decide no escuchar a D-os y huye tanto de su enseñanza que termina por matar a su propio hermano, e incluso habiendo cometido tal atrocidad no es capaz de ver las consecuencias de sus actos. Por eso da la respuesta que da. Al final sus acciones al igual que las acciones de su padre impactan en la realidad material de la tierra y el entorno físico, pues, bajo los ojos bíblicos, el mundo existe en función de la relación entre el hombre y D-os y al hacer tragar la sangre del hombre al que la tierra debía servir, Caín la vuelve áspera; trae sobre ella una maldición que sería revertida tras los tiempos del Diluvio.

Noé

Después de la historia de Caín y Abel se nos cuenta la historia de Noé. Si Caín muestra el deterioro de un hombre que se ha dejado dominar por sus deseos carnales, la de Noé es la de un hombre que resistió la depravación moral de su tiempo y supo acercarse a D-os en un mundo en donde nada le recordaba esa necesidad. De todo el texto bíblico, sólo de Noé se dice que “fue justo frente a los ojos de D-os” esa frase implica que Noé supo ver lo que D-os quería del hombre, a diferencia de sus contemporáneos que proyectaron lo que ellos querían a la idea de D-os. El querer agradar a D-os también implica querer que D-os impacte sobre uno. Gracias a esta cualidad suya es que el mundo mereció ser salvado, su nombre se relaciona con el futuro porque es el hombre quien sembró un futuro para la humanidad.

Lo primero que hace al bajar del arca es dar una ofrenda a D-os. A diferencia de los obsequios de Caín y Abel que son descritos como “regalos”, el de Noé es descrito como un voto y como un altar. Es así porque Noé entiende a la perfección el sentido de las ofrendas. Son símbolos que reflejan los deseos humanos y como tal deben impactar en las acciones que el individuo toma. La ofrenda es descrita a través del aroma precisamente porque es el sentido más débil, representa el inicio de un proceso y no una finalidad en sí misma.

Erigir un altar, es lo primero que hace Noé porque sabe que después del evento del Diluvio, la vida y el mundo han tenido un nuevo comienzo y quiere dedicar ese nuevo mundo a D-os. El Diluvio fue una muestra clara de que el mundo material depende de las acciones humanas. D-os destruye el mundo porque la base moral que sostiene la existencia se ha perdido al punto de ya no poderse sostener. La ofrenda de Noé es una muestra de la voluntad que tenía de seguir el deseo divino, de dedicar su vida a D-os y a perfeccionarse continuamente en el tiempo, así mismo un entendimiento del uso de la materia para ese objetivo. Es una ofrenda no sólo para él mismo sino para el mundo en el que vive y la realidad que lo rodea. Después de este voto es que al hombre se le permite comer carne y la tierra produce nuevamente.

En cuanto a su descripción como altar, se refiere al trabajo que el hombre realiza sobre sí mismo. Los obsequios de Caín y Abel provenían directamente de la naturaleza. Mientras que el altar construido por Noé, representa la materia refinada, el fruto del esfuerzo del hombre sobre el mundo y el esfuerzo del hombre sobre sí mismo. Lo material se eleva a Dios sólo a partir del trabajo humano.

Finalmente las ofrendas del hombre son formas en las que buscamos dar sentido a lo material, elevarlo y dedicarlo a algo divino. La grandeza de Noé radicó en ver que también es el hombre el que debe dedicarse a D-os plenamente, a través de imponerse a su lado bestial.

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