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Aranza Gleason – Uno puede aprender de sus padres muchas cosas, desde cómo amarrarse las agujetas hasta llevar el negocio familiar. Sin embargo, aparte de su cariño lo que más queda en nosotros son las formas de comportamiento y la actitud hacia la vida que nos trasmitieron. Cómo decir hola, en qué pensar cuando enfrentamos algo feo, cómo defendernos y sobretodo los límites morales que no debemos cruzar. Al final, de nuestros padres tomamos los parámetros bajo los cuales haremos nuestra vida. Y no siempre nos fueron dichos explícitamente, a veces los aprendimos a través de acciones repetidas o de otros parámetros que sí nos fueron dados.

Pirkei Avot (“Pirkei” – capítulos, “Avot” – padres o principios) es un tratado de principios éticos que se encuentra en la Mishná; uno de los textos judíos que ha sido más leído y estudiado a lo largo de siete siglos. No es para menos, pues entre sus dichos resume varios de los principio éticos judíos más importantes y ha sido una gran fuente de sabiduría a lo largo de las generaciones. Para muchos representa el corazón del judaísmo. Nos enseña a cómo comportarnos frente a D-os, qué sentimientos tener hacia el prójimo y hacia nosotros mismos y cómo ver a la Torá; son dichos a veces muy claros y a veces envueltos en una máscara de enigma, sin embargo, todos enseñan algo nuevo. Es el único tratado de la Mishná que no fue comentado por la Guemará, quizás porque las enseñanzas éticas son más duraderas cuando se vuelven personales. En cualquier caso sigue siendo una gran base para cualquiera que decide estudiarlo con seriedad. En particular me gustaría mencionar cuatro aprendizajes que el texto trasmite y me parecen fascinantes.

1) ¿Cómo juzgar?

Un gran porcentaje de las mishnayiot (apartados) de Pirkei Avot nos hablan sobre el juicio, cómo comportarnos como jueces y qué pensar de quienes nos rodean. Las afirmaciones no están dirigidas realmente a quienes se dedican a atender cortes, para ello hay otros tratados, los dichos dentro de Pirkei Avot en este caso están diseñados para a enseñarnos cómo juzgar en la vida cotidiana, puesto que es una tendencia humana que debe ser controlada.

Lo primero que se nos dice es que juzguemos para bien a nuestros compañeros (1:6) Esto implica aceptar que no sabemos las razones sobre las cuales la persona actúa en la manera y en primera instancia debemos pensar que lo hace por buenos motivos. También se nos pide “No juzgar al prójimo hasta habernos parado en su lugar” (2:4) Aquí la Mishná nos pide desarrollar empatía hacia el prójimo no juzgar sus acciones sin ser capaces de entender la situación o los sentimientos que tiene.

Sin embargo, una de las cosas que más sabias me parecieron es que la Mishná advierte sobre las consecuencias que tiene sobre los demás expresar juicios abiertamente pues “quien se abstiene de servir como juez evita el odio, el robo y los falsos juramentos. Aquél que expresa decretos frívolamente es tonto, malvado y arrogante.” Uno no tiene porque involucrarse en los asuntos de las demás personas si su objetivo es juzgar, pues cae en la frivolidad y la arrogancia.

2) ¿Cómo reaccionar ante el enojo?

Otra gran acierto del Pirkei Avot es que nos habla de cómo reaccionar nuestros sentimientos. En cuanto al enojo nos enseña cuatro formas distintas de responder ante él. Aquél que fácilmente se enoja, pero también perdona rápidamente; ése – nos dice la Mishná – su virtud cancela su falta. El que se enoja con dificultad, pero también es muy difícil de apaciguar – su falta cancela su virtud. El que es difícil de hacer enojar y fácil de contentar es un “jasid” (alguien piadoso) y el que se enoja fácilmente y se apacigua con dificultad, éste es un malvado para la Mishná. (5:11)

Lo que el dicho nos enseña es que la forma de dominar nuestro enojo primeramente es aprendiendo a perdonar, es más fácil y mejor perdonar las faltas cometidas por el otro que primero ignorarlas y después ser incapaz de olvidarlas.

3) ¿Cuándo acercarse a un amigo?

La intimidad y la confianza son dos cosas muy importantes en una amistad, que al mismo tiempo son frágiles, cuando se rompen es difícil restaurarlas. La falta de sensibilidad puede lastimar fuertemente un lazo es importante saber cuándo hablar con las personas y qué decir para no incomodarlas. La Mishná nos invita a poner atención a la situación que la gente que nos rodea enfrenta, para saber cuándo es propicio acercarnos a ellos y hablar. Nos cinco consejos principales:

“No apacigües a tu amigo en el cenit de su ira; no lo consueles mientras su muerto aún yace ante él; no le preguntes sobre su voto en el momento en que lo haga; y no te esfuerces por verlo en el momento de su degradación” (4:18).

4) La importancia de la caridad

En estos capítulos, la Mishná constantemente nos recuerda la importancia de la caridad, nos pide que abramos las puertas de nuestras casas a los pobres, que demos caridad y que compartamos de lo que tenemos. Y remarca algo muy importante, que la bese de la paz es la caridad. “Aquél que aumenta en caridad, aumenta la paz”

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Aranza Gleason se define a sí misma como una judía en el exilio. Nació con una raíz divida como su poeta favorita; busca y ama al judaísmo, pero como a los personajes que lee, éste, también se le escapa de las manos como el agua. Para hablar de Torá y mitzvot se basa en textos de rabinos ortodoxos, experiencias personales y clases a las que asistió. En cambio, para hablar de historia y cultura judaica trata de observar todo lo que hay; desde lo más hereje hasta lo más sagrado. Sabe que judaísmo encuentra en todos los rincones de la Tierra y se vive con todos los colores de la luz. Cuando escribe busca compartir y busca encontrarse. Espera profundamente que sus textos sirvan para que una persona descubra algo que le era desconocido y lo disfrute.

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