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lunes 20 de julio de 2026
"La imagen del judío defendiéndose con un arma en la mano es la que el mundo no tolera": Ariel Gelblung

“La imagen del judío defendiéndose con un arma en la mano es la que el mundo no tolera”: Ariel Gelblung

El conflicto entre Hamás e Israel, intensificado a partir del ataque del 7 de octubre, ha ocasionado un innegable aumento en las expresiones y los actos de antisemitismo en todo el mundo. El pretexto ha sido la respuesta de Israel, que ha matado a decenas de miles de palestinos y destruido casi por completo Gaza.

“Yo no soy antisemita: soy antisionista” o “no odio a los judíos sino a Israel” son algunas de las expresiones detrás de las cuales se oculta un prejuicio muy anterior al 7 de octubre. Milenios anterior.

Por eso, piensa Ariel Gelblung, director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina, es necesario contar con una definición lo más precisa y exhaustiva posible de qué es el antisemitismo. En su libro Antisemitismo: definir para combatir, el activista y académico ofrece una guía completa para entender y aplicar la definición que ha hecho la IHRA del antisemitismo.

“La realidad es que no pretendo que sea una gran pieza de literatura. Es todo lo contrario: quiero que sea lo más sencillo posible para que cualquier persona que no conozca absolutamente nada aprenda algo“, dice Gelblung, quien se encuentra en México, en entrevista exclusiva con Enlace Judío.

“El primer capítulo (del libro) es ‘Qué es un judío’. Es decir, (es irónico) que ni siquiera alguien tenga idea (del objeto de su odio) y que tenga toda esa fantasía o que esa imagen. (Mi intención es) empezar a desgranar…,

“Mira, no somos extraterrestres, no somos gente rara, no somos todos iguales, no estamos vestidos todos iguales. Hay judíos de acá, hay judíos de allá…’ Entonces, que podamos romper un poco ese estereotipo. Porque si yo no explico esto va a ser muy difícil. Si yo no explico quién es el objeto del odio, no puedo explicar el odio”.

La complejidad de definir al antisemitismo es tanta como la de definir al propio objeto de dicho odio: el judaísmo. Una religión, una raza, un grupo étnico, una nación, una civilización… Se puede hablar del judaísmo desde muchas perspectivas, algunas más vigentes que otras, algunas más aceptadas y otras más discutidas.

De la misma forma, el antisemitismo también se expresa de múltiples maneras.

“Por eso sostengo que es un monstruo que no muere y muta constantemente. La gente tiene esa idea de ‘bueno, antisemitismo, los nazis’. Entonces explico: ‘mirá, los nazis no fueron ni los primeros y desafortunadamente no fueron los últimos que llevaron adelante una política antisemita. Sí fueron los que estuvieron más cerca de lograr el objetivo de aniquilarnos’. Pero si uno empieza a ahondar en distintos momentos de la historia, e inclusive en los últimos años, el antisemitismo ha cambiado muchísimo y seguirá cambiando. Y siempre trata de tomar formas nuevas”.

No parece racional creer que el antisemitismo dejará de existir próximamente. Pero para quienes han decidido actuar para contrarrestarlo es importante contar con el apoyo jurídico y político de diversos actores. “Y mi idea es, al haber escrito esto, es contribuir para que aquellas personas que tengan responsabilidades, ya sea jurídicas, políticas, educacionales, de brindar una noticia, lo hagan con elementos.

Entonces, que esté en el escritorio de cada una de estas personas y que pueda ayudarnos a combatir el antisemitismo”.

Las mil cabezas del monstruo

Gelblung ahonda sobre las diversas manifestaciones antisemitas que se observan y documentan de manera cotidiana. Desde el “clásico odio al judío” hasta el “antisionismo”. El primero, dice, corresponde a esa herencia de la Iglesia Católica, que hasta hace apenas unas décadas culpaba a los judíos por la muerte de Jesús (un judío).

Pero también están “aquellos (prejuicios) que tienen que ver con el dinero, aquellos que tienen que ver con las conspiraciones políticas del comunismo o de otras ideas —Fíjate que en la misma frase estuve diciendo cosas que son absolutamente contrarias—. Por supuesto, los que todavía siguen creyendo en las cuestiones raciales. Aquellos que hablan de la doble lealtad, que te van a decir ‘ustedes no son nacionales del país en el que están viviendo porque tienen otra lealtad hacia otra nación u otra potencia extranjera’. Y por supuesto todos los que han derivado del conflicto en Medio Oriente“.

Sin un ápice de duda, Gelblung responde con un inmediato y categórico “no” a la pregunta de si el antisemitismo puede terminar algún día.

“Cuando alguien dice que hay que erradicar el antisemitismo, creo que lo que podemos hacer es combatirlo y aprender a buscar elementos para poder contenerlo. La primera contención tiene que venir directamente de las propias sociedades.

“Las épocas en que las sociedades fueron abiertas, plurales, diversas, no necesitamos ni siquiera leyes porque el antisemitismo se contiene solo. Porque la convivencia, el hecho de poder ir a un colegio con alguien que no comparte las mismas cosas que vos y creces con él y lo invitas a tu casa y vos vas a la casa del otro y las familias se conocen, todos estos prejuicios desaparecen.

“Cuando las sociedades son más cerradas y empieza a generarse esta cuestión de pensamiento único o de que hay una única corriente de pensamiento, somos los primeros en sufrirlo. Con lo cual, el péndulo de las sociedades y de la historia nos ha demostrado que podemos ir de épocas mejores a peores”.

El 7 de octubre

“El tema es que hace 80 años atrás pensamos que el antisemitismo se terminaba y hace poco más de un año, después del 7 de octubre de 2023, ha vuelto con la peor virulencia desde el fin de la Segunda Guerra Mundial”.

Tras la fatídica fecha, asegura Gelblung, los judíos “empezamos a sentirnos más solos de lo que estábamos. Hemos optado por replantearnos nuestras relaciones por gente que nosotros creíamos cercana y empezar a dejarlos de lado.

“Yo no renuncio a poder hacer que puedan entender nuestro punto de vista (…). Ayer me tocó dar una conferencia en una universidad y lo primero que pregunté es ‘¿cuántos de ustedes se consideran buenas personas?’ Si yo te pregunto ‘¿quiénes se consideran buenas personas?’ (La respuesta es) Todos. De hecho el que no levanta la mano le dije ‘¿eres un villano?’ Todo el mundo se considera a sí mismo una buena persona.

Entonces, ¿cómo una buena persona puede encontrar espacio para odiar? ¿O cómo puede encontrar espacio para no sentir empatía con lo que le está pasando a otro y tratar de justificar algo que es irracional?

“Es decir, el que odia, el odio es irracional. Entonces, primero odia, después trata de encontrar una justificación para sentirse bien y seguir sintiéndose una buena persona, echándole la culpa de que se merece ese odio. Yo no renuncio a tratar de encontrar, y de eso va mi libro, es decir, a tratar de encontrar gente que pueda tener algo de empatía.

Yo divido a la gente entre las buenas personas que estén dispuestas a escuchar y que estén permeables a escuchar otra campana, a la pared.

“La pared no escucha, la pared te devuelve, la pared no hay por donde salvo que la derribes. Y para derribarla en estos casos nos quedan solamente las denuncias cuando el antisemitismo es delito en nuestras sociedades”.

Empatía pero… ¿por quiénes?

A razón de la palabra que Gelblung elige para buscar en el otro una cierta energía que permita conducir del conflicto al entendimiento, se le pregunta cómo el Centro Simon Wiesenthal ha percibido esta suerte de empatía selectiva que, por un lado, vuelca al mundo en solidaridad con los palestinos y, por el otro, le niega o al menos regatea a los judíos su derecho a defenderse tras un ataque genocida, y en muchos sentidos más brutal que el propio Holocausto.

“Yo creo que si a Wiesenthal le hubiese tocado estar vivo en estos momentos sentiría una frustración inmensa.

Ver inclusive no solo un tema de empatía. Hemos visto anteayer, el Día Internacional de Recordación del Holocausto, cómo las palabras que habitualmente son aquellas con las que nosotros necesitamos para poder recordar, para pedir empatía, las utilizan en nuestra contra. ‘Genocidio’, ‘Holocausto’, como que nada de lo que uno diga tienen ganas de escucharlo. Porque, bueno, aquí hay una maravillosa campaña mediática hecha por los otros.

“El odio que el antisemitismo refleja tiene un trasfondo de prejuicios. Lo que hizo el 7 de octubre, o lo que vino después del 7 de octubre, fue hacer caer las máscaras y que los prejuicios hayan salido a la superficie. Y hay mucho que ya estaba ahí. Es decir, esta cuestión de que… A ver, desde hace años esta idea de las teorías woke y de la cancelación que han llevado a toda esta idea de la inclusión, que nos ha puesto a nosotros (los judíos) como blancos colonizadores opresores, porque el mundo se divide en dos, y si tenés que elegir entre israelíes y palestinos, bueno, elige entre los pobres palestinos que muestran esa imagen.

“Y fíjate que cada uno cree lo que quiere creer, no lo que la realidad te muestra. ¿A qué me refiero con esto?

Los nazis hicieron un esfuerzo tremendo por ocultar lo que estaban haciendo y que el mundo no lo sepa. Hamás lo filmó y lo puso en primera plana, lo puso en todas las redes, mostraba todo lo que estaban haciendo, y se sentía orgulloso. Está esa famosa grabación del terrorista que llamaba del teléfono de una de las víctimas. ‘Mamá, papá, mirá lo que hice. Maté 10 judíos’. Y ‘qué bien, hijo, qué bien que estuviste’. Y mostrar todo lo que hicieron ese día. Y los demás te dicen: ‘no es cierto’.

Es decir, los defensores de los palestinos a menudo pasan por alto incluso las evidencias que los propios palestinos presumen. Lo hacen porque el prejuicio gobierna a la mente racional. Los sesgos cognitivos impiden a las personas, incluso si tienen buena voluntad, evaluar los hechos objetivos de manera fría para cambiar su perspectiva respecto a lo que sea.

Y esos prejuicios suelen exacerbarse o construirse desde un discurso con agenda política. Ejemplo de ello es el activismo anti-israelí que se vivió en diversos campus de Estados Unidos, un contrasentido si se piensa en que Israel es el único país de Medio Oriente que vive de acuerdo a los criterios occidentales promovidos por Estados Unidos.

Al respecto, dice Gelblung: “Lo que sucede en las universidades norteamericanas no sucedió de la noche a la mañana. Esto está preparándose desde hace muchísimo tiempo. Hay una metáfora que para mí es fantástica:

“Así como los túneles en Gaza no se hicieron de la noche a la mañana, los túneles ideológicos que hicieron debajo de las universidades norteamericanas vienen preparándose hace más de 20 años”.

El poder de la definición

Como ya se dijo, definir el antisemitismo puede ayudar a que las personas con influencia real puedan formarse un mejor criterio a la hora de enfrentar denuncias sobre actos y actitudes antisemitas. Pero según Gelblung, también puede ser útil para confrontar directamente a la persona que profiere ese tipo de actitudes o acciones.

“Uno de los graves problemas que hemos tenido en el combate contra el antisemitismo es que si vos vas a acusar a determinada persona por una posición o una acción antisemita, lo primero que te va a decir es ‘todo les molesta’, ‘no se puede hablar de ustedes’, ‘¡Cómo voy a ser antisemita si soy semita!’, ‘Yo no soy antisemita, pero… ‘ Sabés que el ‘pero’ es una conjunción adversativa. Todo lo que venga después del ‘pero’ es adverso.

“Así que (es loable) el hecho de que un organismo internacional, no una institución judía, formado por 35 países, se haya tomado el trabajo de haber reunido expertos de todo el mundo para poder elaborar una definición.

Y que esa definición, una vez que fue aprobada por la Alianza Internacional de Recuerdos del Holocausto, empiece a ser adoptada y hoy tiene más de 40 países en el mundo que la han adoptado y más de 2,000 instituciones en todo el mundo que la han adoptado e inclusive es el parámetro o el único estándar objetivo para poder entender cuándo estamos y cuándo no ante una situación de antisemitismo.

“Por supuesto, los antisemitas, lo primero que van a hacer es discutir esa definición. Pero tener esa definición a nosotros nos permite decir ‘señores, acá sí, acá no. Si querés te explico por qué sí y cambiá tu criterio y si no querés cambiarlo, bueno, si llega a ser un delito recibí la sanción que tenés que tener’. Porque en nuestros países, hablo de América Latina, casi todos tenemos una buena legislación antidiscriminatoria. Entonces (hay que) utilizarla como un complemento para que un juez pueda entender (que) acá hay una discriminación.

Voy a dar un ejemplo claro y concreto:

“Para un juez es muy fácil entender, si alguien viene a hacer una denuncia, a decir, ‘a mí me echaron del trabajo porque mi jefe dijo, “te echo porque eres un judío de…”.’ puntos suspensivos. Es muy fácil de entender que hay una discriminación. Si un dirigente se pone frente a un montón de gente en una manifestación y dice, ‘no tengo nada en contra de los judíos, sino en contra de los sionistas asesinos’ (…) ¿Cómo hago para que un juez que no tiene esta información entienda que está frente a una situación de antisemitismo? La definición nos ayuda para eso.

Y para eso fue que escribí el libro. Para que un juez pueda tener ese manual y entender cómo aplicar la definición.

Una vez definido el antisemitismo y aceptado el hecho de que no se irá a ninguna parte, queda la pregunta: ¿qué hacemos entonces? Combatirlo, dice Gelblung. “Y acá tenemos dos… Voy a usar los dos mismos ejemplos que teníamos como metáforas de lo que nosotros usamos para recordar la Shoá.

Nosotros tenemos dos imágenes. La del 27 de enero es lo que se ha dibujado como la liberación de Auschwitz, que en realidad no fue una tal liberación, sino que fue cuando los soviéticos se encontraron a los sobrevivientes que ni siquiera tenían fuerza para ir en las marchas de la muerte.

“O sea que no liberaron a nadie, lo encontraron en el campo porque ni nazis había. Y es la imagen del judío medio muerto que causaba empatía. Y es la que el mundo utiliza para establecer el Día Internacional del Recuerdo del Holocausto. Con esa imagen conseguimos empatía.

Nosotros, pueblo judío, hace mucho tiempo atrás, mucho antes de 2005 cuando lo hizo Naciones Unidas, elegimos que el día que nosotros queremos recordar la Shoah es Yom HaShoah, el día del holocausto y el heroísmo. Y es el levantamiento del gueto de Varsovia.

Fue en medio de semejante tragedia que nosotros levantamos un arma para defendernos. Esa imagen el mundo no la tolera, la del judío defendiéndose con un arma en la mano“.

Ahora, dice el mundo, los judíos (algunos matizan: ‘los israelíes’ y otros, más prudentes, ‘el gobierno de Israel’) son los perpetradores. Ya no solo son los levantados, los que se defienden contra los criminales atroces, sino que se han convertido ellos mismos en lo que repudiaban…

“Es que la idea es que estás en un momento histórico en que la víctima es la que genera empatía y el victimario de ninguna manera. Hay que condenarlo. Entonces nos ponen en el lugar de victimario para poder condenarnos.

“Pero quien está convencido del argumento ‘¿cómo esta pobre gente te va a atacar?’ O ‘¿fue una reacción para tantos años de ocupación?’ Cuando vos les explicás ‘no, miren, desde 2005 o desde 2006 no hay nadie en Gaza. El 6 de octubre había un cese al fuego…’ Igual te van a dar un argumento”.

Pese a todo, Gelblung parece optimista cuando afirma, ya para despedirnos, que “de esta situación vamos a salir fortalecidos. Vamos a salir fortalecidos y políticamente y geopolíticamente vamos a salir fortalecidos. Todos los grupos, todos los tentáculos que Irán estaba utilizando para poder atacarnos están siendo debilitados. Inclusive hasta el propio Irán está en un momento débil”.

“Lo que haya sucedido el 7 de octubre es porque querían boicotear un eventual acuerdo que se iba a venir entre Arabia Saudita e Israel. Los acuerdos de Abraham están destinados a ampliarse.

La realidad es que cualquier solución que vaya a existir, y esto es una crítica hacia adentro también, cualquier solución que tengamos que encontrar debe ser reconociendo que el vecino está ahí y está para quedarse. Cualquiera que esté pensando en que aquí estoy yo y el otro no, es prolongar el conflicto“.


 

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