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jueves 04 de junio de 2026
¡Bórrame de tu libro! El ultimátum de Moisés / Desde las calles de Israel

¡Bórrame de tu libro! El ultimátum de Moisés / Desde las calles de Israel

 

Ki Tisá se traduce, comúnmente, “cuando hagas un censo”. También, puede traducirse “cuando levantes… (Éxodo 30:11-34:35)

El Pueblo de Israel es enviado a contribuir, cada uno, con medio shekel de plata para el Santuario. También son dadas las instrucciones para construir el Kior, una gran vasija de agua para el Santuario, junto con el aceite de unción y el incienso.

 

Los artesanos “sabios de corazón” Betzalel y Ahaliav son puestos a cargo de la construcción del Santuario; el pueblo es mandado nuevamente a observar el Shabat.

Cuando Moisés no vuelve en el momento esperado del Monte Sinaí, la gente hace un Becerro de Oro y lo adora. El Creador se propone destruir la nación errante de Israel, pero Moshe intercede por ellos.

Moisés desciende del monte cargando las Tablas del Testimonio grabadas con los Diez Mandamientos; viendo a la gente bailar alrededor de un ídolo, rompe las Tablas, destruye el Becerro de Oro y manda a aniquilar a los principales líderes de la revuelta contra Di-s.

Luego vuelve hacia Di-s y dice: “Si no los perdonas, bórrame de Tu libro que has escrito.” Di-s perdona, pero dice que los efectos de la falta serán sentidos por muchas generaciones.

El pueblo tuvo miedo y Moisés aún estaba en la montaña. Ellos temían que no volviera. El pueblo deseaba un líder visible y tangible que reemplazara a Moisés. Así lo aprendieron de los egipcios con sus deidades. Pero en realidad lo que pasó fue una bacanal bajo la sombra de un ídolo de oro.

Lo que empezó como una fiesta hedonista al estilo griego, terminó en una anarquía de exceso, dolor y muerte, Hur el hijo de Miriam fue asesinado. La destrucción de Sdom, Sodoma, ocurrió cuando ahí el crimen era festejado.

La Divinidad sabía que esto iba a pasar, pero necesitaba una demostración pedagógica para hacer entender que era necesaria una ley, una dirección, un sistema judicial para establecer el derecho. Escribe la pensadora siria Ikram Antaki: “El derecho es el reconocimiento del fracaso del paraíso… las reglas existen para evitar que los hombres recaigan en el estado de naturaleza”.

El pueblo hebreo necesitaba verse a sí mismo en su vulnerabilidad pasional para entender que las cosas no podían ser como en Egipto, ni como ninguna otra sociedad de la época. Ahora tenían una Torá, un orden, un instructivo para subsistir a lo largo de los tiempos como sociedad.

Más de 3.000 años de sobrevivencia hebrea los demuestran.

Queremos que las leyes se apliquen a los otros, elegimos líderes que sean dóciles en nuestras demandas y estrictos con los otros. Pero si queremos una sociedad funcional, debemos aceptar lo que de la ley emana, asumir la responsabilidad y reconocer nuestras debilidades.

Un alcohólico que reconoce su enfermedad sabe que no puede beber aunque sea un poco de alcohol.

La ley no debe ser un yugo opresor para favorecer a unos pocos, sino un recordatorio de nuestra imperfección, de nuestra naturaleza humana en continua construcción. Como indica el nombre de esta sección, poder levantar la cabeza, mirar de frente con libertad y responsabilidad.


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