Mario Vargas Llosa, uno de los grandes escritores en español y ganador del Premio Nobel de Literatura, falleció este sábado 13 de abril en Lima, a los 89 años. La noticia fue confirmada por sus hijos, Álvaro, Gonzalo y Morgana, a través de un comunicado difundido en redes sociales.
“Nuestro padre ha tenido una vida larga, múltiple y fructífera. Nos deja una obra que perdurará más allá del tiempo”.
Vargas Llosa se declaró defensor del liberalismo y la democracia en la corrupta América Latina. En 1990 protagonizó un histórico debate con el poeta mexicano Octavio Paz, premio Nobel también, que se transmitió por Televisa.
Señaló que en México había la dictadura perfecta, porque el gobierno tenía control absoluto del país, pero nadie se quejaba y la sociedad mexicana vivía con sentido de democracia, en ese tono también se refirió al gobierno de AMLO.
Pero lo que hizo grande realmente a Vargas Llosa es su talento literario, como lo calificó el gran escritor norteamericano Philip Roth: “Lo que sé de Vargas Llosa”, Varguitas es un “gigante” y un “maestro” similar a Victor Hugo y Balzac, cuyas obras provocan “orgasmos literarios“.
Vargas Llosa ha confesado su devoción por autores judíos como Isaiah Berlin y Raymond Aron, así como de Karl Popper, todos ellos firmes defensores del individualismo y la democracia contra el totalitarismo.
Mencionó también al filósofo Robert Nozick y al también premio Nobel Saul Bellow, especialmente la novela de este último, “Herzog”.
Vargas Llosa ha mencionado repetidamente la aceptación de los judíos como criterio para la humanidad de cualquier sociedad.
Vargas Llosa recordó su primer viaje a Israel, fue un “acto que anima mi espíritu, como lo hace una oración ferviente o un sorbo de buen whisky para otros”.
Aplaudó la relativa libertad de expresión en la sociedad israelí, que permite la disidencia política, Vargas Llosa se refirió al Estado judío como escritor de ficción: «No debemos olvidar: antes de ser historia, Israel era una fantasía que, como la criatura del cuento de [Jorge Luis] Borges, ‘Las Ruinas Circulares’, fue trasladada a un mundo concreto desde la impalpable niebla de la imaginación humana. Por supuesto, la literatura está habitada por todas estas cosas mágicas, pero, que yo sepa, en la historia mundial, Israel es el único país que puede presumir de tener, como un personaje de Edgar Allan Poe, Stevenson o ‘Las Mil y una Noches’, un linaje tan explícitamente fantasmal. Su historia fue primero anhelada, inventada, construida a partir de la sutil materia subjetiva de la que se forman los espejismos literarios y artísticos, y luego, a fuerza de valentía y voluntad, introducida en la vida real»
«¿Y qué decir del delirio de un periodista vienés, Theodor Herzl?». Refiriéndose al ideólogo del sionismo contemporáneo.
En cuanto a Oriente Medio, Vargas Llosa ha expresado su exasperación ante las tensiones y el conflicto actuales, de los que culpa principalmente a Israel. Incluso aliándose con el movimiento BDS, a la vez que afirmaba su cercanía al pueblo judío. Esto sonaba igual que cuando un antisemita dice tener amigos judíos.
Se auto nombró liberal, pero curiosamente conservó la condena típicamente ultraizquierdista al Estado de Israel.
En 1995 fue nombrado ganador del Premio Jerusalén. El premio, dotado con 5.000 dólares y patrocinado por la Feria Internacional del Libro de Jerusalén, otorgada cada dos años a un escritor cuya obra expresa la idea de la libertad del individuo en sociedad.
Mario Vargas Llosa emprendió un viaje junto a su hija Morgana a Israel y la llamada Palestina en el año 2005.
Su objetivo era entender las implicaciones de la decisión del entonces primer ministro israelí Ariel Sharon de desalojar los asentamientos en Gaza. Lo que presenció y entendió del conflicto quedó plasmado en el libro Israel-Palestina: paz o guerra santa.
Él ve a Israel como un estado moderno y democrático, pero no se ahorra cuestionamientos respecto a las prácticas discriminatorias contra los árabes israelíes y la influencia de la ultraderecha en la política interna.
Su visión es la de un turista parado entre dos mundos, que sin oficio periodístico se basa en lo que le cuentan y se deja seducir por quien llora más, por quien le cuenta historias más desgarradoras.
Mira al ejército allanando las casas en Cisjordania, pero no detalla las armas o los explosivos encontrados. Mira los arrestos de jóvenes, pero no indaga que planeaban ataques a civiles. No detalló la salida de Israelíes de Gaza para salvar la vida y no sospechó la fábrica de zombies que ahí se gestaba.
Repite la bienintencionada frase de dos Estados para dos pueblos, pero ignora que para los habitantes de Gaza y Judea y Samaria es inalcanzable, pues ellos quieren un sólo estado sin judíos.
En lo que se refiere a Vargas Llosa, la realidad israelí lo rebasó.
Israel vive un realismo mágico, en donde las apariencias pueden confundir cualquiera y en donde sobrevivir es la única opción, con o sin milagros.
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