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sábado 18 de julio de 2026

Irving Gatell/ Y mientras, India y Pakistán se van a pelear

Un nuevo conflicto se está asomando peligrosamente en el Medio Oriente, y por los riesgos que implica puede transformar todas las reglas del juego tal y como se vienen desarrollando. Se trata del añejo pleito entre Pakistán y la India, que en estos días ha alcanzado probablemente el más elevado nivel de riesgo en lo que va del siglo XXI.

Este martes 22 de abril hubo un atentado terrorista en Cachemira, una zona bajo soberanía hindú, pero que Pakistán le disputa al gobierno de Nueva Delhi. Un comando integrado por cuatro hombres fuertemente armados abrió fuego a quemarropa contra un grupo de turistas—la mayoría de ellos, hindúes—asesinando a 26 personas, y dejando heridas a otras 17 (algunas, de gravedad).

El ataque provocó un impacto inmediato en una zona que vive del turismo, y cientos de cancelaciones llegaron en las primeras horas inmediatas al conocimiento de la noticia.

El crimen fue reivindicado por el Frente de Resistencia TRF, considerado una ramificación del grupo terrorista Lashkar el-Taiba, cuya sede está en Pakistán.

En consecuencia, las ya de por sí tensas relaciones entre India y Pakistán han entrado en una fase crítica. El Primer Ministro hindú, Narendra Modi, interrumpió un viaje a Arabia Saudita para concentrarse en la crisis, y ya realizó una tajante amenaza advirtiendo que los terroristas serán buscados en todo el mundo de ser necesario.

Esta mañana, la India ha dado órdenes a sus ciudadanos que se encuentren en Pakistán para que regresen a su país de inmediato. Así mismo, ha cancelado las visas de todos los pakistaníes en territorio hindú, y les ha dado hasta el día 29 para abandonar la zona. Como respuesta, Pakistán declaró la suspensión de todas las relaciones comerciales con la India, y esta contestó suspendiendo el Tratado de las Aguas del Indo, un acuerdo mediante el cual la India envía una gran cantidad de agua potable a Pakistán. Este último ya advirtió que si efectivamente se cancela el envío del vital líquido, la medida será considerada como una acción de guerra. Mientras tanto, Pakistán ya prohibió el paso de aviones hindúes por su espacio aéreo.

La India y Pakistán tienen una añeja historia de fricciones y conflictos.

Hay que recordar que Pakistán nunca existió históricamente como país. Su existencia se debe a una partición del territorio de la India en 1947, llevada a cabo por el Imperio Británico como parte del cierre de su dominio colonial en la región.

El proceso fue desastroso. En el afán de crear una región en la que se pudiesen establecer los musulmanes, se diseñó una división territorial para “evitar conflictos”, y lo único que provocaron los británicos fue una crisis de refugiados que ascendió a 14 millones de desplazados, y una serie de conflictos que se saldaron con alrededor de un millón de muertos.

Desde entonces, la rivalidad entre ambos países siempre ha sido un tema de cuidado en la región, y esto se exacerbó desde que los dos países se convirtieron en potencias nucleares. India fue el primero que hizo pruebas atómicas en 1974, si bien su posición como país con armamento nuclear utilizable se consolidó hasta 1998. En ese momento, Pakistán reaccionó desarrollando sus propias ojivas, y se calcula que cada uno dispone de unas 170 cabezas nucleares.

El tema es delicado. Hasta cierto punto, muchos han llegado a considerar que era más fácil que estos dos países se enfrascaran en una guerra nuclear, a que lo hicieran Rusia y Estados Unidos.

En un momento en el que la guerra en Ucrania no parece que se vaya a detener (aunque sigue siendo un conflicto encerrado en sí mismo), o en el que Israel está a punto de hundir a Hamas, Hezbollá se encuentra en pleno colapso, el régimen sirio se está replanteando sus relaciones con occidente, e Irán está tratando de jugar sus cartas para sobrevivir, una guerra entre hindúes y pakistaníes podría alterar todos los equilibrios regionales.

Pakistán tiene buenas relaciones con Arabia Saudita, e India las tiene con Israel. Por el otro lado del territorio, las relaciones de Pakistán con Afganistán y los talibanes, o con Irán y los ayatolas, son complejas. Aunque tratan de mantener las cosas en calma, se sabe que hay fricciones latentes y de cuando en cuando explota la violencia fronteriza.

En muchos sentidos, un conflicto en esta región podría entorpecer los planes de Estados Unidos para impulsar la consolidación de una región de cooperación económica en Medio Oriente. Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos ya están más que seleccionados como los que estarán al frente. Gaza, por supuesto, sería parte de esta nueva región económica, aunque no como territorio palestino autónomo, sino como parte de los Estados Unidos, o mejor aún, como zona de inversiones compartida por Estados Unidos y Arabia Saudita. El plan de Trump es que Líbano y Siria se integren también a esta nueva realidad.

En condiciones óptimas, un nuevo régimen iraní podría ser parte de este proyecto (no se dejen confundir por las negociaciones entre Estados Unidos e Irán; van peor de lo que se quiere admitir, y por eso Estados Unidos está reforzando las defensas anti-aéreas en Israel en un nivel nunca antes visto; todo parece indicar que se prevee un intercambio de bombardeos con Irán), y eso llevaría las fronteras del nuevo Medio Oriente hasta Turkmenistán, Afganistán y Pakistán mismo, y muy cerca de la India. Por ello, un conflicto en la zona podría alterar el proceso, los tiempos calculados para alcanzar los mejores logros, o todo el proyecto mismo.

Habrá que estar muy atentos a esta situación.

Si explota, el mundo entero se va a poner de cabeza.


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