Juntos Venceremos
sábado 18 de julio de 2026

 Nakba.Hace bastante más de 15 años (no preciso el momento), vine a Israel por primera vez, con mis padres, mis hijos y mi entonces esposa. Yo estaba muy influenciado por el discurso anti-sionista. Mis participaciones en la TV publica venezolana siempre fueron a favor de la paz entre israelíes y palestinos, pero arguyendo que Israel impedía sistemáticamente la creación de un Estado Palestino. Mi hogar, de izquierda, aunque no se hablaba tanto del tema y sí mucho de América Latina, me dejaba pensar que Israel había sido un exabrupto histórico, pero creíamos que se debía proseguir con este Estado pues, como marxistas, todos los Estados son, a fin de cuentas, exabruptos históricos y lo importante era la conciencia socialista de las poblaciones.

Hace 15 años, entonces, fuimos a un hotelito en la Jerusalén árabe, bebíamos té a la menta, sentados en cojines con libertarios europeos  pro-palestinos, fumando argil o narguile. Era un día cerca de la Nakba.

Y entonces descubrí un dato en el JP que me conmovió intelectualmente hasta los cimientos:

No era posible que el ejército israelí, constituido apenas por 35.000 soldados (la Haganá, incluyendo a Palmaj) hubiera podido conducir un exilio forzoso de 700.000 civiles árabes del mandato británico en Palestina, sin artillería (prácticamente, solo fusiles y granadas).

Eso, en el mismo momento en que una coalición de 9 ejércitos (Arabia Saudí, Transjordania, Yemen, Árabes palestinos -así se llamaban entonces, no “palestinos”-, Irak, Líbano, Siria, Egipto, y el Ejército Árabe de Liberación) que sumaban la bicoca de 98.000 soldados, viniendo de varios frentes, con aviones y artillería pesada, estaba entrando a Israel para eliminar a Israel.

Además, todo quien conoce Israel sabe que hay muchas pequeñas poblaciones árabes en el desierto, las montañas, los barrios, las costas, en las laderas montañosas de Jerusalem, en las montañas de Galilea, y sus valles interiores, en Haifa…. en todos los puntos del país.

En un país tan precario en sus caminos y comunicaciones, un ejército judío malvado pequeñito, desarmado, mal formado, asediado en ese mismo momento por 9 ejércitos mucho más poderosos en todas las fronteras, haciendo salir a todas esas gentes de sus casas y conduciéndolas fuera de Israel, era materialmente más que imposible. Por muy malvado que fuese. Fue mi primera revelación de que toda la narrativa era falsa.

Luego supe que no hay documentos históricos que sostengan ni tal operación de éxodo forzoso, ni tales planes (con excepciones pequeñas de violencia inter-étnica, ínfimas al lado del fenómeno). Por el contrario, hay importantes documentos históricos que muestran a los líderes de los ejércitos invasores pidiendo a los árabes del sitio que abandonasen Israel para “no dejar una sola mezquita en pie” o “echar los judíos al mar”. Fueron muchos discursos radiales. Hay incluso afiches.

De hecho, luego, muchos líderes que protagonizaron esos eventos, concluyeron que esa jugada fue la peor de todas en contra de Israel, porque nunca pensaron que aquel pequeño ejército, tan mal armado y mal formado, hubiese podido haber salido victorioso en la guerra del 48.

El mismo Mahmud Abbas, hoy presidente de la AP, reconoció esto en su juventud y culpaba entonces a los malos líderes árabes de entonces del “desastre” o “catástrofe” (Nakba): haberse ido por sus propios pies.

Para mi, fue el inicio de una búsqueda sincera por la verdad. La semana pasada, más de una década después, activistas palestinos de todo el mundo, otra vez conmemoraron el “Día de la Nakba“. Maldijeron la fundación del Estado de Israel, que habría sido el inicio de su “catástrofe”. ¿Por qué? Otra vez: “los palestinos fueron expulsados ​​sistemáticamente de sus hogares en 1948 por el naciente Estado judío”.

Descubrir la imperturbable falsedad de esta narrativa, ahora común denominador en los campus como Columbia o Harvard (otras Universidades se salvan de estos entuertos) y en los medios de comunicación como TVE, BBC o France2, fue lo que me dio la libertad de ver las cosas.

En realidad, el Día de la Nakba no es una conmemoración histórica. Es otra arma política vacía del movimiento antisionista actual. La mentira de un niño “acuseta”, como se dice en Venezuela, diseñada para acabar la legitimidad de Israel. Simple.


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