En un auditorio cargado de energía y genuina curiosidad juvenil, el Colegio Olamí fue escenario de una presentación que trascendió la promoción editorial para convertirse en un diálogo profundo sobre el sentido del trabajo y de la vida.
Mark Achar, sub director de Enlace Judío, escritor, una de las figuras clave del pensamiento judío contemporáneo, presentó en dicha institución su más reciente obra: OK, hablemos de trabajo, un libro que invita a resignificar el esfuerzo cotidiano como un camino de transformación, propósito y conexión.
Cabe mencionar que aún no se ha realizado la presentación oficial de dicha obra.
La charla invitó a los jóvenes presentes a pensar el trabajo, no como una carga, sino como una vía de expresión, de construcción de realidad y de conexión con algo más grande que uno mismo. A lo largo de su intervención, Mark articuló un discurso apasionado sobre cómo el trabajo moldea nuestra identidad, nos transforma y nos permite participar activamente en la creación de la realidad, pues, en palabras del autor, “el trabajo es la forma en la que moldeamos el universo.”
Uno de los momentos clave fue la reflexión etimológica sobre la palabra trabajo, que proviene del latín tripalium, un instrumento de tortura. Esta raíz revela una visión histórica que asocia el trabajo con el sufrimiento, y Mark la utiliza para criticar una narrativa cultural persistente:
“Nuestra cultura está obsesionada con la idea del sacrificio como camino al éxito. Pero no se trata de sufrir, sino de encontrar aquello que realmente nos mueve, entendiendo que toda actividad significativa implica resistencia, pues nadie nace sabiendo.”
En contraste, explicó que en hebreo no existe una palabra exacta para trabajo en el mismo sentido. La más cercana es avodá, que significa “servicio”. Pero esta idea transforma radicalmente la visión del trabajo, debido a que servir no es someterse, sino contribuir al bienestar del otro y del entorno.
Desde esta perspectiva, el trabajo se convierte en una forma de arte: no se trata únicamente de producir, sino de transformar la vida en una obra significativa y con sentido. Cuando la actividad se alinea con aquello que nos mueve en lo más profundo, surge el estado de flow: una experiencia de integración total en la que el tiempo se desvanece y uno se funde con el universo.
“Las personas que realmente logran hacer una actividad de forma completa, entran en estado de flow. Y eso cambia la percepción del tiempo, del espacio y de uno mismo.”
Achar también subrayó que el crecimiento no nace del talento puro, sino del trabajo constante y consciente. La habilidad sin esfuerzo lleva a la frustración, y sólo quienes están dispuestos a atravesar el desafío cotidiano pueden transformar la realidad.
“La persona que cree que tiene la habilidad como para no esforzarse en lo más mínimo, termina siendo simplemente una persona muy infeliz”.
“No se trata de qué te dicen que hagas, ni de lo que tú deseas. Se trata de lo que estás dispuesto a hacer.”
Este enfoque resignifica la noción de sabiduría, la cual no es acumular datos, sino encarnar una comprensión profunda del mundo, construida a través de la observación, la escucha y la experiencia vital.
Más que un libro teórico, OK, hablemos de trabajo es un llamado a abrir una conversación profunda sobre cómo vivimos y para qué trabajamos. Un llamado a redescubrir el trabajo como un camino de creatividad, servicio y sentido, capaz de transformar tanto nuestra realidad externa como nuestro propio ser.
El libro también propone una visión en la que trabajo y descanso no son opuestos, sino aliados en la danza de la transformación personal y colectiva. Es un libro que interpela y acompaña, que empuja y consuela. Que abre preguntas más que ofrecer respuestas fáciles.
Con la pasión de quien ha encontrado propósito en lo que hace, Mark Achar nos invita a sumarnos a esta conversación, porque el trabajo —cuando es auténtico— es creación, vínculo, posibilidad y sentido.
Y en un mundo que con frecuencia olvida lo esencial, su propuesta resuena como un llamado urgente a reconectar con lo que verdaderamente importa en nuestro quehacer diario, en la forma en que trabajamos… y en cómo vivimos.
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