A veces pensamos en el devenir para fugarnos del presente. En particular cuando el horizonte hilvana preguntas a las que apenas podemos
responder, ya sea por ignorancia o por conveniente silencio.
Inclinación que hoy percibo cuando la difícil situación en Gaza y la prisión de los rehenes israelíes en brazos del Hamás informan negros escenarios
de hambre y muerte.
Son varios los actores responsables por estos hechos. El ataque del Hamás que nos sorprendió hace quince meses abrió cauce a un fatigada y roja crónica de fracasos y muerte.
Benjamín Netanyahu, el último responsable de la tragedia de aquel 7 de octubre que aún ignora la dimensión de su fracaso, inició desde entonces una creciente ofensiva militar en Gaza en contra del Hamás que hasta hoy retiene los 56 israelíes, vivos y muertos, que capturó en aquel momento.
Y hasta aquí enoja y sorprende su obstinada resistencia. Ni el hambre y las muertes que hoy proliferan en Gaza le afectan. Y los rehenes le sirven como el último recurso para otear señales de vida.
Trágico y obstinado escenario que de momento difunde la miseria y el hambre en Gaza, un entorno que trae a la memoria oscuros episodios del Holocausto y las guerras.
Circunstancias que obligan la lucidez y la mesura en nuestro país sin renunciar a los rehenes y con el firme ánimo de conducir a Gaza a circunstancias y tiempos que facilitarán su equilibrada y autónoma existencia.
Ni los proyectos parisinos de un Trump ni la fiebre colonialista del binomio Smotrich-Ben Gvir deben afectar su devenir.
¿Atenderán unos y otros este mensaje?
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