Es la pregunta que hoy abruma múltiples hogares de Israel.
En una guerra de duración y número de víctimas, en ambos lados, sin precedente, Bibi se inclina a ampliar la actividad militar en todas las fronteras del país, incluyendo un probable ataque a Irán con el objeto de preservar el monopolio del arma nuclear.
Ochocientos soldados caídos, seis mil heridos y más de 40 mil civiles desplazados de sus hogares representan hasta aquí un costo que apenas afecta a la hoy amenazada unidad del gobierno.
Por añadidura, las muertes y la destrucción que hoy se conocen en Gaza, resultado tanto de la resistencia del Hamás como de un desbordado afán militar de nuestra parte, multiplica víctimas y suscita una audible crítica, particularmente en Europa y en países de América Latina. Hechos que afectan la política y los rumbos de nuestro país.
No debe sorprender en estas circunstancias el público enojo por la continua deserción de los grupos ortodoxos en la defensa del país. El reciente intento de insertar 40 mil jóvenes de este sector en las operaciones militares del país conoció el fracaso. Solo 286 de ellos se presentaron.
Deserción masiva que no sólo trastorna la unidad nacional. Conduce a no pocas familias con hijos adolescentes que deben postergar inquietudes académicas y artísticas a considerar opciones que a la larga afectarán la capacidad defensiva del país.
Y para complicar este escenario, el gobierno de Netanyahu reveló hoy la firme inclinación de despedir a la Fiscal General Gali Baharav-Miara por revelar actitudes adversas a su gobierno.
Hechos y tendencias que probablemente arrojarán ecos al verificarse en próximos días el matrimonio de Avner, hijo de Sara y Benjamín Netanyahu.
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