Tras la guerra del 7 de octubre, descubrimos el verdadero rostro de quienes creíamos amigos y nos enfrentamos a su antisemitismo profundamente arraigado. La decepción fue profunda, pero en realidad solo nos desengañamos de nuestro propio autoengaño.
Dos letras en la lectura de esta semana nos invitan a reflexionar sobre cómo equilibrar nuestro compromiso con el mundo mientras permanecemos plenamente conectados con la Torá. Si estas letras no estuvieran allí, las deberíamos delinear, porque nos recuerdan aquello que solemos olvidar.
Cuando la sociedad facilita la plena integración de los judíos, encontrar el equilibrio entre estos mundos se vuelve un desafío. La tentación de mezclarse con la cultura moderna a menudo ocurre a expensas de la Halajá, lo que puede generar respuestas extremas: algunos exigen el aislamiento total, mientras que otros, incapaces de resistir el desafío, eligen sumergirse en un mundo ajeno y seductor.
A lo largo de la historia, los cambios en las sociedades y los Estados han propiciado nuevas relaciones entre civilizaciones e ideologías. Como judíos, incluso observantes de las mitzvot, hemos sido acogidos por nuestros contemporáneos hasta el punto de sentirnos parte de sus comunidades. A veces, por gratitud o pudor, hemos ocultado nuestros signos identitarios para no destacar, transformándonos en “el otro”. Pero la igualdad no debe significar renunciar a nuestra identidad, sino mantenerla con dignidad y sin culpa.
Esta evolución interna en las comunidades, junto con la transformación de instituciones y marcos ideológicos, ha dado lugar a una mayor diversidad en los estilos de vida judíos. Paradójicamente, esto parece encajar con las tendencias de la sociedad posmoderna, donde los límites entre colectividades, entidades nacionales y clases sociales se han difuminado, dando paso a un pluralismo más dinámico.
Sin embargo, la ilusión de integración se desmoronó tras la guerra del 7 de octubre.
Descubrimos el verdadero rostro de quienes creíamos amigos y nos enfrentamos a un antisemitismo y anti-israelismo profundamente arraigados. La decepción fue profunda, pero en realidad solo nos desengañamos de nuestro propio autoengaño.
La parashá de esta semana nos brinda inspiración para enfrentar este desafío. En ella aparecen dos letras nun invertidas, separando los últimos versículos del décimo capítulo del Sefer Bemidbar, como si fuesen corchetes o paréntesis.
Según la Guemará (Shabat 116a), estas letras convierten la sección que confinan en un libro independiente, lo que haría que la Torá tuviera seis libros en lugar de cinco.
El Midrash Haneelam, un texto cabalístico, atribuye gran significado a estas letras, considerándolas la “gloria de Hashem y el fundamento del mundo”. Según este midrash, Dios redimirá a Israel y traerá al Mashíaj por el mérito de estas dos letras nun.
¿Qué las hace tan especiales? Una respuesta original es que se relacionan con la bendición de Yaakov: “vayidgú larov”, serán tan numerosos como los peces, ya que “nun” significa “pez” en arameo.
El rabino Norman Lamm explica que estas letras representan a los peces que nadan contra la corriente, una metáfora de nuestra lucha por mantener nuestra identidad judía en un mundo que nos arrastra en otra dirección.
Llevar nuestra Torá al mundo implica recordar esta lección. Como hijos de Israel, debemos resistir la influencia de la cultura mayoritaria y mantenernos fieles a nuestras tradiciones. Esto es lo que Rav Soloveitchik expresó en El hombre de fe solitario. Avraham fue llamado haivrí, “el que está del otro lado”, porque el mundo entero estaba en un lado y él en otro.
El Rav Aharon Lichtenstein enseñó que Avraham demostró que es posible liberarse de las presiones sociales y familiares para nadar contra la corriente. El Midrash nos recuerda que “yehudí” deriva de “yejudí“, que significa único e individual. A veces, ser judío implica destacarse e incluso enfrentar impopularidad.
Mientras luchamos por ser judíos comprometidos en el mundo moderno, pedimos a Hashem que nos ayude a vencer nuestras propias debilidades y nos dé la fuerza para mantenernos auténticos, incluso cuando esto implique ir en contra de la corriente.
Solo cuando reaprendamos a “estar del otro lado” y ser fieles a nuestros valores podremos derribar las barreras defensivas que levantamos frente a quienes creíamos amigos.
Esperamos que el antisemitismo latente y el manifiesto desvergonzado se erradiquen completamente, y que sus portadores nos vean como iguales, respetando nuestra diferencia y aprendan a respetar nuestros derechos y nuestro lugar en el mundo.
Llevar nuestra Torá al mundo implica recordar esta lección.
Como hijos de Israel, debemos resistir la influencia de la cultura mayoritaria y mantenernos fieles a nuestras tradiciones. Esto es lo que Rav Soloveitchik expresó en El hombre de fe solitario. Avraham fue llamado haivrí, “el que está del otro lado”, porque el mundo entero estaba en un lado y él, nuestro patriarca en otro.
__________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío