Juntos Venceremos
miércoles 03 de junio de 2026

Rab Yosef Bitton / Israel se alza como un león

Hace un par de noches atrás, el primer ministro de Israel, Binyamin Netanyahu, se acercó al Kotel, el Muro Occidental de Jerusalem, y se cubrió con un Talit para rezar. No es un gesto que él realice en público con frecuencia. A su lado estaba el presidente de Argentina, Javier Milei, testigo silencioso de un momento profundamente simbólico. Quienes lo observaron no podían conocer el contenido exacto de su rezo, pero el momento era crítico:

Netanyahu estaba a punto de dar la orden más significativa de su carrera. De su vida. Tenía que tomar una decisión histórica. Un paso sin precedentes. Golpear directamente a quien ha amenazado con destruir al Estado judío durante décadas: Irán. Imagino que rezó con todo su corazón.

Recuerdo que hace veinte años, en 2004, participé por primera vez en la convención de AIPAC, el lobby pro-Israel en Washington. Era una época sumamente difícil, en pleno auge de la Segunda Intifada. La violencia y el terrorismo golpeaban a diario. En esos días, un atentado suicida había hecho estallar un autobús en el centro de Jerusalem, asesinando a muchos Yehudim. Los restos del autobús fueron trasladados a Washington y expuestos allí como un testimonio crudo de la barbarie palestina.

Durante esa convención, asistí también a una conferencia que dictaba —ni más ni menos— Binyamin Netanyahu. En ese entonces no era primer ministro, pero ya hablaba con la claridad y firmeza que lo caracterizan. Y allí lanzó una advertencia que casi nadie tomó en serio, porque todos estaban pensando en la OLP: Netanyahu advirtió que un Irán con armas nucleares sería la amenaza existencial más grave que Israel enfrentará en el futuro cercano. Creo que nadie lo entendió. Pero Netanyahu lo tenía claro. La “veía”, como suele decir Milei. Y durante las siguientes dos décadas, se preparó para el momento que vivimos anoche.

עָם כְּלָבִיא – Un pueblo león

Estos últimos días he escuchado al primer ministro de Israel repetir una y otra vez la expresión: BeEzrat HaShem, con la ayuda de Dios. Y también noté que en varias ocasiones citaba repetidamente un versículo de la Torá, las palabras que pronunció Bilam —el profeta gentil que fue contratado para maldecir a Israel, pero que terminó bendiciéndolo—:

“הֶן עָם כְּלָבִיא יָקוּם וְכַאֲרִי יִתְנַשָּׂא”

Este pueblo se levantará como un felino, y cargará como un león [contra sus enemigos]” (Bamidbar 23:24).

Esta expresión, “Am Kelaví” que es ahora el nombre oficial de esta guerra contra Irán , es sumamente apropiada. No solo por la imagen del león —otra coincidencia con el extraordinario presidente argentino—, sino también por el contexto.

Veamos. Balak y Bilam querían maldecir a Israel, destruirlo.

Pero gracias a la Intervención Divina, la maldición se convirtió en bendición. El veneno de sus palabras se les volvió en contra.

Esa misma metamorfosis está ocurriendo ahora. Hamas, Hezbollah, Siria, los hutíes de Yemen, liderados desde atrás por Irán, atacaron a Israel a partir del 7 de octubre con la intención de aplastarlo, de aniquilarlo. Fue un ataque brutal. Pero Bore Olam protegió a Su pueblo y, de una manera que solo Él puede hacer, ayudó para que Israel no solo resistiera sino que respondiera debilitando y neutralizando a todos esos enemigos.

Y así, como le ocurrió a Bilam, la maldición de nuestros enemigos se volvió contra ellos. Todos aquellos actores que estaban geográficamente muy cerca de Israel —los tentáculos del pulpo iraní: Hezbollah desde el norte, Siria al este, Hamas en el sur— y que durante años hacían inconcebible, o imposible, o insufrible un ataque a Irán, ¡hoy no están en condiciones de frenar o siquiera amenazar a Israel!

Hoy, el león que despertaron ruge y se lanza con toda su fuerza sobre la cabeza de un pulpo sin tentáculos.

Orgullo, fe y lágrimas

Me siento tan orgulloso de ser judío. De ser parte de este pueblo, que literalmente es: el más odiado entre las naciones y el más amado por Dios. Es un privilegio ver cómo, una y otra vez, ante cada intento de aniquilación, Israel responde con fuerza, con valentía, y con Emuná —una fe profunda en Bore Olam.

Solo lamento —y lo digo con el corazón— no estar físicamente en Eretz Israel en este momento. Siento que el mar se está abriendo y que 8 millones de mis hermanos están cruzando el mar, y que son testigos directos y en tiempo real de la Intervención Divina, de Su amor y protección por el pueblo de Israel.

Y nosotros, los que estamos en la Gola, no lo vivimos, solo lo vemos. Lo observamos desde afuera. Desde el exilio digital de YouTube o Twitter.

Rezo para que Bore Olam proteja a nuestros soldados, a nuestros líderes, y a cada uno de nuestros ciudadanos.

Y que pronto, muy pronto, tengamos el Zejut –y la sabiduría–de abandonar nuestro Galut voluntario y establecernos en la tierra donde los milagros no son parte de la historia, sino de la rutina diaria.

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