Irán, República Chiíta del Islam desde 1979, modela hoy difíciles escenarios en el Medio Oriente.
Su poder y gravitación mundial como país petrolero le ha conducido desde hace años a diversificar los recursos y su arsenal con el prospectivo apoyo del arma atómica siguiendo los ejemplos de India y Pakistán y en áspero enfrentamiento con Israel.
Rusia es uno de los países que suministró a Irán bases y recursos tecnológicos para alentar este objetivo.
En los últimos años, sin embargo, Moscú revela a este país lúcida distancia temiendo que un paso imprudente de Teherán puede trastornar sus prioritarios objetivos en países de Europa oriental.
Conforme a múltiples fuentes, los avances de Irán en materia nuclear le facilitarán contar con un recurso que le ayudará a difundir el credo chiíta en la región y lograr la paridad militar y estratégica con Israel.
Objetivos que por razones tanto militares como ideológicas, Israel ha resuelto desalentar con el apoyo, formal o implícito, de algunos países vecinos y de Washington.
La ofensiva israelí a los principales núcleos estratégicos y militares de Teherán revela en estos días algunos signos alentadores. Sin embargo, las incertidumbres y el ascendente número de víctimas apenas nos permiten anticipar positivos resultados.
Confío que más allá de estas circunstancias, Israel acertará a mantener un arsenal no convencional que habrá de favorecer a países vecinos y auspiciar un amplio entendimiento regional.
Alentadora perspectiva que obliga a nuestro país a preservar las raíces democráticas e impedir que conocidos elementos neokahanistas nos despojen internamente de ellas.
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