Adamaely: Es el amor un grito de tierra. Una ofrenda literaria de Jenny Asse Chayo

Ciudad de México, junio de 2025. Entre estanterías que parecen árboles de palabras y bajo la luz cálida de una tarde que se hizo íntima, la Cafebrería El Péndulo de Polanco se convirtió en un espacio de resonancia espiritual y literaria con la presentación de Adamaely: Es el amor un grito de tierra, la nueva obra de la escritora Jenny Asse Chayo.

Acompañada por Alejandro Paniagua y Raquel Barreda, la autora ofreció un encuentro donde la literatura dejó de ser un mero acto estético para convertirse en una invocación poética, una ofrenda de duelo, amor y renacimiento. Cada palabra compartida, tanto del libro como de los participantes, tejió un momento de comunión con el público, entre silencios reflexivos y miradas emocionadas.

Jenny Asse Chayo, con una voz serena y luminosa, explicó que Adamaely es un tránsito: de la oscuridad a la luz, de la enfermedad a la sanación, del amor perdido al amor que se siembra en la tierra. Los libros nacen como los hombres, afirma en la sinopsis, y así fue recibido este libro: como un nacimiento profundo, desgarrador y lleno de sentido.

La obra se inscribe en una estética que bebe de la poesía prehispánica, con sus imágenes poderosas, su vínculo con la naturaleza, la muerte, lo divino y la tierra como entidad viva. Este anclaje ancestral le otorga al texto una dimensión ritual, donde la palabra es medicina y canto.

Uno de los momentos más intensos de la presentación ocurrió cuando la autora leyó fragmentos de la obra, en los que el dolor de la tierra herida se entrelaza con las heridas humanas:

Oh tierra nuestra, tierra enferma, el mal estalla, la bestia anda sobre el tránsito del mundo en paralelo con la luz. La carne en grito, los párpados vencidos en la semilla de los rostros, falsedad. Los cuerpos deshabitados saben a cal y espina, los pasos de cada día son el pan carente de cada día”.

“…Nada hay que no sea negro, sanadme la sed, llevo un grito en la conciencia, un sepulcro interlineado, una cultura ajena que se precipita en el desamparo. La divinidad se fisura por las faltas de los hombres, las trampas de la luz son infinitas. La soberbia, tierra ostra, la ceguera de los puños, locura, lo siniestro, la palabra ensangrentada, relato del sin saber y lloro, leer a Dios en el instante de la hoguera”.

En sus propias palabras, Asse Chayo compartió:

“Este libro tiene un hilo conductor que tiene que ver con la tierra enferma que pretende sanar. Curiosamente coincide con muchas cosas que están pasando hoy en el mundo. Aunque fue escrito hace algunos años, tal vez es porque el mundo siempre ha estado en guerra, y la tierra, siempre en relajo. Por eso todo coincide.”

Alejandro Paniagua destacó la potencia simbólica de la obra y su capacidad para explorar el amor desde una raíz no convencional, que brota de la tierra, del duelo, del cuerpo y de la historia. Raquel Barreda, por su parte, celebró el estilo de Asse Chayo como un canto poético que oscila entre el mito, la espiritualidad y el testimonio vital, conectando con quienes han atravesado el dolor y lo han transformado en arte.

Adamaely es territorio, mujer, madre, tierra, palabra. Es el eco de un grito ancestral que se pregunta si el amor puede salvarnos, si puede arraigarse en la memoria cuando los cuerpos se han ido, si puede florecer donde hubo pérdida.

Al finalizar, tras una ronda de preguntas y comentarios de lectores que destacaron el valor literario y emocional del libro, el evento concluyó con la firma de ejemplares. Los asistentes se retiraron con la sensación de haber presenciado un acto de reconexión con lo esencial: con la palabra como refugio, con la tierra como origen, con el amor como grito que aún nos sostiene.

Jenny Asse Chayo ha parido una obra poética que no se olvida, y lo ha hecho como quien entrega un fragmento del alma.

Adamaely: Es el amor un grito de tierra no sólo se lee. Se habita.


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