Las locas aventuras del rabí Jacob (Les aventures de Rabbi Jacob) es una película francesa del año 1973, protagonizada por un famoso cómico de la época, Louis De Funès y dirigida por el director Gérard Oury, también muy celebre por aquellos años.
El filme en cuestión narra las peripecias y aventuras del protagonista quien se disfraza y suplanta a un rabino norteamericano a su llegada a París, con lo que se disparan en clave de comedia toda una serie de enredos y peripecias con el consabido final feliz.
Lo remarcable del filme es la manera natural y expresiva con que muestra distintas facetas de la
vida judía de la época, tanto a nivel cotidiano como religioso, todo en un tono distendido y alegre
que apunta probablemente a lo que era en ese momento un clima de época: la simpatía hacia el pueblo judío y por extensión, al Estado de Israel. Recordemos en ese sentido que en ese mismo
año se libró, exitosamente para Israe,l la Guerra de Yom Kipur.
Este clima de época creo que se sintetiza admirablemente cuando el protagonista la expresa al
padre del novio de su hija que ha estado con “sus amigos judíos” y que lo han invitado a la
sinagoga así como él los invita a la iglesia.
Es notable que el mundo judío se muestra de forma afable, profundamente humana, habitado porpersonas buenas, simpáticas y bien intencionadas. También es notable el clima de diálogo y
comprensión que el filme busca establecer entre el mundo judío y el mundo no-judío.
Eso fue en 1973
Hoy, 2025, parece no solo que han pasado 52 años, sino que todo el mundo ha
cambiado de forma radical y dramática y si alguna vez existió simpatía, apertura y benevolencia
hacia el judaísmo, esto no es hoy sino un recuerdo antiquísimo y anacrónico.
Hoy, en las paredes del mundo ya no se festeja el estreno de las aventuras del Rabí Jacob sino que
se “denuncia” que Israel (y por extensión, los judíos) están cometiendo un supuesto crimen de
lesa humanidad, un “genocidio” terrible y que se debe denunciar enfáticamente: el genocidio del
pueblo palestino y en especial de los niños y los bebés palestinos.
El éxito de la palabra “genocidio” para describir tales actividades por supuesto que tampoco es causal o ingenuo.
Por un lado “genocidio” quiere reforzar la idea de que Israel (e insistimos, por extensión, los
judíos) busca un exterminio intencional, sistemático y deliberado del pueblo palestino, lo que
contribuye además a laudar el tema, negando cualquier discusión y reflexión crítica al respecto.
Pero además busca implantar la convicción irrefutable de que Israel busca en este “asesinato” de
bebés eliminar la propia descendencia y continuidad de los palestinos, lo que termina por inculcar
más exitosamente aún la idea de que Israel comete genocidio, y es inmoralmente imperialista.
Desde aquí se cuestiona además la idea de que el pueblo judío haya realmente pasado por el
holocausto, como se elimina de cualquier autoridad moral a Israel, equiparable ahora a lo peor del
régimen nazi, soviético o cualquier sucedáneo.
De 1973 a 2025 no han pasado solo 52 años
Han pasado más bien medio siglo de inoperancia del pensamiento crítico y un resurgimiento y asentamiento generalizado del antisemitismo en su expresión más pasional y medieval.
Efectivamente, se podría establecer que gran parte del antisemitismo moderno no es sino una versión retorcida del antisemitismo medieval, pero eso no cambiaría un ápice el odio y la paranoia del mundo no judío hacia el mundo judío.
El pueblo judío, al igual que en la Edad Media, ha vuelto a ser en términos culturales y de
imaginario social, un inintegrable y un expulsado.
La mayor minoría del mundo transformada fantásticamente en la peor amenaza para el mundo.
Por otro lado este antisemitismo judeofóbico contemporáneo comparte otro rasgo en común con
el llamado antisemitismo del iluminismo, pues busca que los judíos se avergüencen del judaísmo.
En los siglos XVIII y XVII la prédica de personajes como Voltaire buscaba que los judíos se
avergonzaran de la Torá y los profetas, hoy se trata de avergonzarse de Israel.
El rabí Jacob, Louis De Funès y Gérard Oury son ya parte de un mundo antiguo y fantasmal, que al
menos nos hacen recordar y tener presente que las cosas bien pueden ser de otro modo.
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