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sábado 18 de julio de 2026

Diego Sciretta / Por un “Terrorismo Humanitario”

Desde Sderot. Las Naciones Unidas y la UNRWA, en un alarde de cinismo digno del más puro humor negro, insisten en entregar ayuda humanitaria a Gaza. ¡Qué noble gesto! Especialmente cuando todos sabemos que esa misma ayuda es sistemáticamente robada y luego vendida por los terroristas a un 400% de su valor original.

La Farsa de la Ayuda Humanitaria

Es una comedia de errores, si no fuera tan trágica. La persistencia de la ONU y la UNRWA en esta farsa no solo valida el robo, sino que las convierte en cómplices necesarias de un sistema que perpetúa el sufrimiento en nombre de la “ayuda”. Parece que el “terrorismo humanitario” no es solo un oxímoron, sino una práctica bien establecida.

Millones Desviados: Un Sistema Costoso e Ineficiente

Se gastan miles de millones de euros anualmente en sueldos y operaciones de innumerables ONG y agencias humanitarias. Si bien es difícil calcular el monto exacto sin la ONU, sabemos que una parte significativa de estos presupuestos se destina a personal y burocracia, lo que genera la pregunta: ¿cuánto de ese dinero llega realmente a quienes lo necesitan?

La Propuesta Radical: Dinero Directo a las Familias

Imagina un escenario donde, en lugar de alimentar esta “jungla” de organizaciones, el dinero se destinara directamente a cada familia palestina en la Franja de Gaza.

* Menos Burocracia, Más Eficacia: Cortaríamos la cadena de intermediarios, reduciendo drásticamente los costos administrativos y el riesgo de desvío de fondos.

* Empoderamiento y Dignidad: Las familias tendrían la autonomía para decidir cómo gastar el dinero según sus necesidades más urgentes, desde alimentos y medicinas hasta reparaciones o educación. Esto podría fomentar la autosuficiencia en lugar de la dependencia.

* Transparencia Real: Con sistemas de transferencia digital, el dinero sería mucho más fácil de rastrear, asegurando que llegue a los destinatarios previstos.

Desafíos de una Solución Directa

Claro, no todo es tan sencillo. Implementar un sistema de pago directo en un entorno tan complejo como Gaza presenta desafíos gigantes:

* Infraestructura: ¿Cómo se distribuiría el dinero de forma segura y fiable a cada hogar?

* Control: ¿Cómo se evitaría la extorsión o el uso indebido por parte de grupos armados?

* Servicios Esenciales: Organizaciones como la UNRWA también gestionan escuelas y clínicas.

Eliminarlas requeriría un plan para suplir esos servicios vitales.

* Volatilidad Económica: Un flujo constante de efectivo podría generar inflación si no se maneja cuidadosamente.

La Urgencia de la Reconstrucción desde la Raíz

A corto plazo, la ayuda directa es aún más crucial. La reconstrucción no es solo levantar edificios, sino también reconstruir la dignidad y la autonomía de las personas. Dar poder adquisitivo directo a las familias les permite tomar decisiones que impactan su calidad de vida y su capacidad de recuperarse, combatiendo la pobreza de raíz.

Lamentablemente, la esperanza de que Israel asuma la responsabilidad de dar empleo a la población de Gaza es nula, especialmente después del 7 de octubre. Las miles de personas que antes trabajaban en Israel han perdido esa oportunidad, y los países árabes vecinos tampoco han abierto sus puertas a la migración palestina. Esta compleja dinámica solo subraya la necesidad de encontrar soluciones innovadoras y directas para el sustento de la población.

Un Final con un Toque de Esperanza (Realista)

Sería verdaderamente esperanzador que la comunidad internacional tuviera el coraje de cambiar radicalmente el modelo de ayuda humanitaria. Que se pasara del actual sistema ineficiente y propenso al desvío a uno donde los fondos, con la supervisión y la tecnología adecuadas, lleguen directamente a las familias. Que se entendiera que la mejor inversión en la paz y la estabilidad a largo plazo es empoderar directamente a las personas para que reconstruyan sus vidas desde cero. Que, por una vez, la ayuda humanitaria sea realmente para los humanos que la necesitan, y no para la maquinaria que la gestiona.

 


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