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miércoles 03 de junio de 2026

El día que los judíos y romanos dejaron de convivir en paz

Las guerras judeo-romanas fueron una serie de conflictos entre los judíos de Judea y el Imperio romano, que se desarrollaron principalmente entre los años 66 y 135 d.C.

La primera y más significativa fue la Primera Guerra Judeo-Romana (66–73 d.C.), también conocida como la Gran Revuelta. Comenzó en el año 66 en Jerusalén, debido al descontento con los abusos fiscales, la corrupción de las autoridades romanas y la represión religiosa. La tensión escaló rápidamente hasta que los judíos lograron expulsar a la guarnición romana.

En respuesta, Roma envió al general Vespasiano, quien luego fue sucedido por su hijo Tito. En el año 70, tras un prolongado asedio, los romanos tomaron Jerusalén y destruyeron el Segundo Templo, un evento crucial en la historia del pueblo judío que marcó el fin del centro religioso tradicional del judaísmo.

Después de esa guerra, hubo dos levantamientos adicionales. El Segundo levantamiento, conocido como la Rebelión de Kitos (115–117 d.C.), ocurrió fuera de Judea, en comunidades judías de la diáspora como Cirene, Egipto y Chipre, y fue brutalmente reprimido.

El Tercer conflicto, la revuelta de Bar Kojba (132–135 d.C.), fue liderado por Simón bar Kojba, a quien algunos consideraban el Mesías. Esta rebelión, también en Judea, fue aún más devastadora: Roma aplastó el movimiento con extrema dureza, mató a cientos de miles de judíos y prohibió su ingreso a Jerusalén, que fue renombrada como Aelia Capitolina.

Esta guerra consolidó la dispersión del pueblo judío y el fin de Judea como provincia autónoma, dando paso a una nueva etapa en la historia del judaísmo: la del exilio y la práctica religiosa sin Templo.


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