Antes de la final de la Supercopa de la UEFA que se disputó el miércoles por la noche, el máximo organismo rector del fútbol europeo exhibió en todo el campo una pancarta que decía “Dejen de matar niños. Dejen de matar civiles”, una declaración que se entiende es una condena a Israel.
La pancarta se exhibió mientras los jugadores se alineaban antes del partido entre el Tottenham Hotspur y el Paris Saint-Germain en Italia. La Supercopa es el partido anual de inicio de temporada entre los ganadores de la Champions League y la Europa League, seguido por millones de personas en todo el mundo.
Las normas de la UEFA prohíben la exhibición de mensajes políticos, ideológicos y religiosos en los estadios antes, durante o después de los partidos, es su reglamento.
La organización no emitió ninguna declaración tras la masacre del 7 de octubre de 2023, en la que terroristas de Hamás asesinaron a más de 1200 personas y secuestraron a 251.
El fútbol europeo está en venta… y el comprador ya tiene nombre: Catar.
Un país que usa millones de dólares… para comprar poder, influencia… y silencio.
La estrategia deportiva de Catar, incluida la organización del Mundial 2022 y su inversión en grandes clubes, ha sido vista como una forma de proyectar poder e influencia internacional.
El hombre clave: Nasser Al-Khelaifi.
Presidente del PSG.
Presidente de la European Club Association.
Miembro del Comité Ejecutivo de la UEFA.
Dueño de beIN Sports, que transmite la Champions League y la Ligue 1.
Un solo hombre, con cuatro sombreros… ¿Y tú crees que no hay conflicto de interés?
Esta acumulación de roles —club, medios, asociación de clubes y comité ejecutivo de la UEFA— “double-hatting” o “doble sombrero”, ha generado preocupaciones sobre conflictos de interés, como lo ha investigado The Guardian.
Cuando la UEFA debe sancionar al PSG, él está sentado en la mesa.
Cuando se negocian derechos televisivos, él también cobra.
Esto no es un deporte limpio… es un monopolio disfrazado de entretenimiento.
Y detrás de todo… el Estado de Catar.
El mismo que fue acusado de explotar a miles de trabajadores migrantes durante la construcción del Mundial 2022.
Hombres que vivían hacinados, con salarios miserables, pasaportes retenidos… y más de 6.500 muertos según investigaciones internacionales.
Un país señalado por reprimir la libertad de prensa, castigar la homosexualidad y silenciar toda disidencia.
Pero en el mundo del fútbol… esos problemas desaparecen.
¿Por qué? Porque Catar paga.
Qatar Airways: patrocinador oficial de la UEFA.
Visit Qatar: socio turístico de la Euro 2024 y 2028.
Millones de euros fluyendo… y ninguna pregunta incómoda en las conferencias de prensa.
Esto tiene nombre: sportswashing.
Lavar la imagen de un país con goles, trofeos y contratos millonarios.
Mientras en Doha se hacen negocios… en Europa se cierra la boca.
En la cancha, el fútbol dura 90 minutos…
En los despachos, el partido lo gana siempre el que tiene más dinero.
Y hoy, ese equipo se llama Catar.
La pregunta es: ¿hasta cuando alguien levantará la voz?
Una potencia financiera como QSI, Qatar Sports Investments, respaldada por un Estado con grandes recursos, puede influir en el paisaje económico: fichajes, estructuras de competición, control mediático, etc. Esto ha generado críticas especialmente desde La Liga, que acusan a PSG de distorsionar el mercado con ayuda estatal.
Pero esto es solo la cáscara, el partido es más grande y el premio se llama Europa.
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