Juntos Venceremos
jueves 04 de junio de 2026
Charlie Kirk

Irving Gatell/ Charlie Kirk y el terrorismo doméstico

Ayer fue asesinado de manera artera y cobarde el divulgador de línea conservadora Charlie Kirk, y eso mantiene a la sociedad estadounidense en shock. Las consecuencias de este crimen, a la larga, serán complejas y, hasta cierto punto, impredecibles.

Charlie Kirk fue, ideológicamente, un clásico cristiano conservador de derecha. Pese a lo que mucha gente pueda opinar negativamente de esa combinación, Charlie siempre brilló por dos razones. Una, que su único territorio combativo era el debate abierto y honesto. Y dos, que era muy difícil derrotarlo en esa arena. Su argumentación siempre fue compacta, lógica, consistente, y apabullante.

Son abundantes los videos en los que se le ve derrotar, uno tras otro, a jóvenes universitarios adherentes a ideas de izquierda o posmodernistas (eso a lo que hoy se le llama “woke”).

Su asesinato es el síntoma inequívoco de que hay un sector de la izquierda y del progresismo woke que está profundamente intoxicado y cargado de odio. Se repite hasta el hartazgo que la derecha promueve discursos de odio y, paradójicamente, es desde la izquierda desde donde ocurren la mayoría de estos crímenes (por ejemplo, los asesinatos de Kirk y Uribe, o los atentados contra Trump y Bolsonaro).

En muchos sentidos, Kirk ha ganado su debate final al demostrar que ese extremismo decadente no tenía argumentos con qué confrontarlo y, como último nivel de la frustración, optaron por silenciarlo.

Hay algo todavía más turbio detrás de este crimen, y es que ahora, más que nunca, se hace evidente la aterradora posibilidad del terrorismo doméstico en los Estados Unidos.

La radicalización que ha hecho posible este atentado es bien conocida. No es un misterio. Se ha financiado en las universidades desde Qatar e Irán, y se ha reforzado con la infiltración terrorista del Tren de Aragua y el Cártel de los Soles, organizada desde la Venezuela de Maduro.

Esa es la otra guerra que se ha desarrollado frente a nuestras narices, pero en silencio.

¿Alguna vez te preguntaste por qué Israel y los Estados Unidos a veces parecen tardarse demasiado en tomar ciertas decisiones respecto a Irán, Hezbolá o Hamas? Bien, ahí tienes la respuesta: Antes de dar los pasos decisivos (que ahora están en marcha), había que poner bajo control y/o desarticular muchos riesgos domésticos que podían activarse con una orden desde Teherán.

El crimen que vimos ayer apenas fue un detalle de lo que pudimos haber atestiguado si ciertas decisiones (por ejemplo, el ataque israelí a Irán) se hubiesen tomado antes. Los atentados, con toda seguridad, habrían sido más frecuentes y más agresivos. Para eso y no para otra cosa se planeó, durante décadas, la infiltración terrorista en los Estados Unidos, para poder crear una guerra interna en caso de que se tomaran decisiones contra el eje iraní y sus aliados (como Venezuela).

El hecho de que este haya sido el único atentado de gran impacto hasta el momento pone en evidencia que el trabajo ha sido enorme y muy eficiente aunque, lamentablemente, no perfecto.

Como es de esperarse, los servicios de inteligencia estadounidenses —apoyados seguramente por aliados como Israel— llegarán al fondo de este asunto, y es muy probable que nosotros nunca nos enteremos de todo lo que se va a descubrir o todo lo que se va a hacer. Acaso nos tocará ser testigos de cómo se endurecen ciertas políticas y leyes en contra de los discursos de odio.

Por el momento, sólo me resta una observación: En gran medida, atacar a Charlie Kirk ha sido un error estratégico por parte de los enemigos de la civilización occidental.

Su figura era tan entrañable para los nacionalistas estadounidenses, que ahora se ha convertido en un símbolo. El movimiento conservador tiene un mártir de gran peso, y eso va a reforzar el apoyo de muchos ciudadanos estadounidenses en contra de la agenda política socialista y woke. Además, todo eso en un momento en el que, en el campo militar, Israel está a punto de terminar de derrotar al mayor símbolo de la resistencia cultural anti-occidental: Palestina.

En ese nivel, el asesinato de Charlie Kirk ha sido un crimen inútil que, lamentablemente, sólo pone en el escaparate el nivel de odio, frustración y violencia intrínseca a la izquierda decadente de nuestros días.

Esta es una guerra en muchos niveles a la que todavía le faltan muchos capítulos por escribirse, pero una cosa es segura: La dolorosa pérdida de Kirk ha puesto a una gran cantidad de personas en alerta, y ahora estarán más atentos y comprometidos en la resistencia contra los discursos y acciones de odio de la izquierda global y sus bizarros aliados wokes.

Nosotros perdimos a un gran hombre.

Kirk perdió la vida.

Pero ellos perdieron el debate final.

Están derrotados.


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