Aún en la Edad Media, que para algunos historiadores fue la época de más tormento y persecución del pueblo judío, el antisemitismo clerical tenía detractores. No muchos. Pero los hubo.
Pero hoy ya no hay detractores. El antisemitismo está a sus anchas. Y festeja una popularidad que desborda países y clases sociales, profesiones y credos políticos, para tornarse ya definitivamente un fenómeno mundial. Lamentablemente hay que reiterarlo: el antisemitismo está a sus anchas y con una legitimidad que no puede sino escandalizar en términos de moral y decencia.
De esta manera una impresionante (y por supuesto que debían ser miles los firmantes) lista de artistas “denuncian” el “genocidio” israelí, una multitud de países en las organismos internacionales acosan una y otra vez a Israel. En todos lados se habla del “monstruo” sionista. En todos lados el convencimiento es unánime e incuestionable: los judíos son unos asesinos, usurpadores, insensibles, igual o peor que los nazis (¿¡), persiguiendo a un pueblo inerme, desvalido, que sangra sus heridas y muestra su indefensión con los brazos en alto y a lágrima viva.
Pero, ¿no hubo un ataque salvaje y horripilante de Hamas un 7 de Octubre? ¿No hubo allí un atroz e inenarrable atropello a la decencia, a la humanidad? ¿No hubo allí violencia, violaciones, asesinatos, pillaje y vandalismo del tono más vulgar y obsceno? Pues no. Nada de eso hubo. Por ende, ni se denuncia el mismo, ni se pide cuentas en nombre de la justicia y los supuestos valores humanos. De eso no se habla. Contra eso no se firma. Eso no existió. Eso no fue violencia: fue la “justa” reacción de un pueblo hostigado por una potencia feroz e imperialista. Es como en los cuentos infantiles: los buenos y los malos. Los palestinos son buenos y prístinos. Los judíos son oscuramente malos.
El antisemitismo a sus anchas… Hace 50 años hubiera sido imposible. Hace 50 años se hubiera tomado como demencia o ciencia ficción.
Jamás occidente fue tan antisemita. Jamás el mundo mostró tan claramente el antisemitismo que lo forma y estructura. La buena noticia (y lamento el involuntario tono irónico) es que los judíos ya no se pueden engañar. Ya no tienen forma de engañarse. Al menos los judíos que desean perpetuar en sí el judaísmo. Los otros, aquellos judíos que han decidido negar su ascendencia (y algunos de ellos lamentablemente aparecen firmando en la impresionante lista de artistas), creen que nada tienen que temer. Probablemente se sienten seguros: han claudicado y son ahora parte del bando de los “buenos”, “decentes” y “justos” humanos.
Pero los judíos que quieren ser judíos, que no abdicarán de su judaísmo, ¿cómo harán para seguir adelante? Por supuesto una solución es hacer aliá. Pero aquellos que no puedan tomar esa decisión, ¿cómo seguirán adelante con su vida judía en la golá? ¿Cómo harán para no temer? ¿Cómo harán para no estar a la defensiva y a salvo de sensaciones paranoicas? ¿Cómo harán para protegerse de miradas humillantes, comentarios denigratorios, actitudes suspicaces?
¿O será que los judíos que no vivan en Israel tendrán que adoptar como identidad una actitud marrana? Es decir, disimulando como puedan su judaísmo, esquivando situaciones incómodas, haciendo un balance permanente entre la incomodidad y la dignidad. Un amigo me ha hablado de lo marrano como práctica de supervivencia y creo que no se equivoca. En ese punto el antisemitismo habrá triunfado otra vez y estará más que nunca a sus anchas.
Si la pregunta que aquí se hace es válida, esta “actitud marrana” implicaría un nuevo giro de identidad al ya más que milenario sufrimiento identitario del judío. Ni devoción ni asimilación. Ni adaptación ni rebelión. Una actitud como marca de identidad que le preserve dignidad, con la precaución de no exponerse a situaciones de antisemitismo que se multiplican tanto como se vuelven cada día más ofensivas y cada día más peligrosas.
Los judíos ya no se pueden engañar. Tampoco pueden darse el lujo de equivocarse. La hora es crítica y hace ya mucho que con la excusa palestina y antisionista (pues efectivamente no son sino excusas porque este antisemitismo a sus anchas no es sino vulgar pasión) el Mundo ha decidido que los judíos ya no pertenecen a este Mundo .-
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