Abraham Romano: La voz incansable por los secuestrados del 7 de octubre

Todos los domingos, sin falta, “religiosamente”, Abraham Romano Cohen toma las calles acompañado por un grupo de personas profundamente comprometidas con Run For Their Lives; un movimiento internacional surgido tras la masacre perpetrada por Hamás en Israel. Desde aquel fatídico 7 de octubre, él —junto con este colectivo de voces decididas— ha optado por no guardar silencio.

Con una convicción inquebrantable, los miembros de Run For Their Lives marchan cada semana, llevando la bandera de Israel en una mano, la de México en la otra, y los rostros de los secuestrados impresos en el pecho… y en la memoria.

Empresario y licenciado en sistemas computacionales por la Universidad Iberoamericana, Abraham hoy lleva con orgullo el título que considera más importante: el de activista. Él creció inmerso en la dinámica de los movimientos juveniles sionistas (tnuot noar), estructuras educativas y culturales que han sido fundamentales para forjar su identidad y compromiso. Fue roshken (líder juvenil) en uno de estos movimientos y participó activamente en su asamblea de líderes. “Mucho de lo que soy es gracias a mi tnuá”, confiesa con gratitud.

El sionismo no es para él una postura política, sino parte integral de su identidad. En la preparatoria ganó el Jidón Hatzionut, una competencia de conocimientos sobre la historia de Israel, y desde entonces su compromiso no ha hecho más que crecer.

El 7 de octubre: un parteaguas

La masacre del 7 de octubre fue un punto de inflexión para Abraham Romano Cohen. Para él, ese día representó un cambio de paradigma sobre la complejidad del conflicto y las dificultades para alcanzar una solución pacífica.

Lo que siguió a la masacre fue igual de revelador: una oleada global de antisemitismo que, como él mismo describe, no resurgió… porque nunca se fue. Esa conciencia lo impulsó a actuar, no solo para defender a Israel, sino para alzar la voz contra el odio que ha perseguido al pueblo judío por generaciones.

Caminatas que hablan por quienes no pueden

Junto a otros miembros de Run For Their Lives, Romano marcha cada semana en el corazón de la Ciudad de México. “Es lo único que podemos hacer desde la diáspora”, dice. El objetivo: visibilizar la tragedia, honrar a los secuestrados, exigir su regreso y recordarle al mundo que el terrorismo no puede normalizarse.

Las reacciones son mixtas: aplausos emocionados desde restaurantes, gritos hostiles en la vía pública. En ocasiones han recibido insultos y amenazas, pero también han vivido momentos que les devuelven la esperanza, como cuando un restaurante entero se puso de pie para aplaudir su paso.

El activismo de Abraham no termina en la marcha. Ha lanzado dos podcasts: “Sionismo, una identidad”, donde traza la historia de Israel desde Abraham hasta nuestros días, y “Antisemitismo en la historia”, un espacio para entender las raíces y las expresiones contemporáneas del odio antijudío.

También ha impulsado iniciativas como cartas abiertas publicadas en medios nacionales y distribución semanal de volantes con historias de secuestrados y víctimas. “Yo diseño esos materiales. Los niños me rompen el corazón. Me identifico también con los que son de mi edad, pero los jóvenes… eso es devastador”.

¿Y la comunidad?

Romano opina que el judío actual ya no es el mismo que el de antes: hoy tiene una voz, una defensa y un Estado, y no debe callar.

Se acerca el segundo aniversario de la masacre del 7 de octubre. Nadie imaginó que a estas alturas seguiría habiendo rehenes en manos de Hamás. Para Romano, el verdadero error no fue lo que ocurrió ese día, sino haber permitido que llegara a suceder. Desde entonces, considera que Israel y el pueblo judío han quedado en una situación extremadamente compleja.

A pesar del dolor, mantiene la esperanza. “Si algún día regresan todos, vivos y muertos, nos vamos a reunir para celebrar. Y aunque no sé si seguiremos con otras acciones, todos deseamos lo mismo: que termine la guerra, que regrese la paz. Pero hasta que no vuelvan, no podemos parar”.

Abraham Romano no se cansa de caminar, de resistir y de crear. Porque en su andar silencioso con pancartas y banderas, lleva el eco de quienes hoy no pueden hablar por sí mismos. Su compromiso nos recuerda que hay causas que no se pueden abandonar.

Y que, a veces, caminar es una forma de resistir.


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