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jueves 04 de junio de 2026

Alejandro Klein / Un fantasma recorre Europa y el Mundo: un Antisemitismo (Hipócrita) y que no descansa

Sin que haya nada, absolutamente nada, que justifique la barbarie nazi, hay que decir que al menos no eran hipócritas: proclamaban a viva voz (y siempre lo hicieron) su odio absolutamente radical hacia los judíos.

Para quien quisiera escucharlos, para quien quisiera leerlos, para quien quisiera entender, todo era muy claro: no solo odiaban a los judíos sino que había que exterminarlos. Se me dirá que los planes de exterminio nazis se ocultaron como secreto, pero no es cierto. Hoy sabemos que las potencias aliadas sabían perfectamente bien la ubicación de los campos de concentración y cuál era su propósito y fin. Y hoy sabemos también perfectamente bien que las potencias aliadas no solo no perdieron el sueño por ello, sino que además tampoco se tomaron la molestia de bombardear esas líneas de tren que podrían haber evitado el asesinato de cientos de miles (o tal vez más) de personas.

En cambio el antisemitismo moderno es absolutamente hipócrita. No tengo nada contra los judíos, dice un librero alemán (“Nada personal. Ni siquiera antisemitismo. Simplemente no los soporto”), pero está prohibido que entren a mi establecimiento. No tengo nada contra los judíos, dicen en restaurantes de Italia, España y Bélgica, pero si escucho que se habla en hebreo echo con improperios a esos comensales. No tengo nada contra los israelíes, pero dos israelíes son detenidos e interrogados en Bélgica por supuesta complicidad (¡?) en crímenes de guerra en Gaza.

En Nueva York se juega al fútbol con una réplica de la cabeza de Benjamín Netanyahu, pero eso tampoco es antisemitismo. En México se hace el “Encuentro Nacional de Palestina y los Pueblos que resisten contra el Sionismo”, en la cámara de Diputados y en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, pero eso no es antisemitismo. 400 artistas piden que se quite su música de spotify en Israel (“para poner fin al infierno indescriptible que se impone a los palestinos hora tras hora (¿!)”, pero eso no es antisemitismo. Matan a un judío en una manifestación, pero es no es antisemitismo.  En los premios Emmy los actores difunden mensajes contra Israel, pero eso no es antisemitismo.

Tal vez habría que decir que este antisemitismo profundamente hipócrita (como forma moderna del Mal radical) empezó ciertamente con todas esas potencias aliadas que terminaron por ser cómplices (y colaboradoras) en el exterminio de los judíos por parte de los nazis. Pero eso no justifica nada ni explica nada.

El punto es que hay una campaña organizada contra los judíos, el sionismo e Israel, que se autoengendra día a día, que hace daño cada día, que transmite y legitima que está bien, que es lo correcto, que es lo sensible, denigrar y gritar a los judíos, contra los judíos.

Todo, según se proclama ingenuamente, en nombre de la justicia, los derechos humanos, y en contra de la impunidad y la barbarie asesina del sionismo y el judaísmo.

Ciertamente, no se encontrará en esas declaraciones mediocres y vulgares una sola afirmación de antisemitismo, un solo rasgo de honradez de asumirse como antisemitas. Todo lo contrario. Estas “buenas” personas, estos ciudadanos del Mundo, hacen todo esto en nombre de la justicia y los derechos humanos.

Claro que no se entiende que tiene esto que ver con vandalizar sinagogas, cementerios, recuerdos conmemorativos del Holocausto, insultar a judíos porque hablan hebreo o visten una kipá, poner leyendas denigratorias en sinagogas, donde entre otras cosas se declara que los judíos asesinan niños…

Pero este antisemitismo hipócrita nunca descansa.

Lo que vemos es que cada vez más se pasa de los insultos y los comentarios de odio a acciones de violencia desatada donde se persigue, se amedrenta  y donde cada día que pasa es un día donde están peor las cosas.

Así en España el antisemitismo ha crecido un 60, 87 % pasando de 23 incidentes en 2023 a 37 en 2024, y mejor ni imaginemos cuántos serán los incidentes al terminar este año 2025.

Por otro lado en estos países (Bélgica, España, Francia, Canadá, Australia y la lista sigue aumentando) cada día crece la hostilidad contra Israel, anunciándose que antes o después se reconocerá a Palestina como Estado, lo que no es sino una ofensiva permanente con la excusa de frenar las pretensiones expansionistas de Israel (¿!), sus programas de colonización (¿!) y su ocupación militar (¿!)

Y cuando todo esto se afirma, todo esto se grita, todo esto se enuncia como amenaza, nunca, ni por un minuto, a estos políticos, a estos artistas, a estos intelectuales, se les ve la más mínima sombra de duda, alienados, justificados y legitimados por el puro impulso de la pasión del odio contra los judíos.

La expansión de este ataque es tan imparable que hasta países que hasta no hace poco mantenían una actitud de simpatía hacia Israel o al menos una neutralidad, preparan sendas declaraciones de condena a Israel por practicar genocidio (¿!) en la franja de Gaza. Uruguay, un país que apoyó la creación de Israel, está ya ahora en esa lista. El mismo país donde hace pocas horas se organizó una concentración con banderas palestinas en la Escuela Integral Hebreo Uruguaya, amedrentando y aterrorizando a los jóvenes estudiantes de dicho Instituto. Alguien con un poco de sentido común y mínimo conocimiento de los procesos sociales, no puede ignorar que ambos hechos están absolutamente relacionados, en tanto la legitimidad del antisemitismo desde el Estado alienta y permite estos actos deleznables.

Se dice que los países europeos actúan así por miedo a sus poblaciones islámicas y por pánico además al terrorismo árabe. Es una explicación muy simple. Y justificativa. Es como decir: “no, en el fondo no son antisemitas; lo disimulan, no es más que un eslogan, no es más que una postura”. Pero los hechos duros, como decía Hanna Arendt, son los que indican la realidad y los hechos duros indican que los europeos y el Mundo son profundamente antisemitas y judeófobos.

Nada da postura, nada de eslogan, nada de simulacro. Son los antisemitas hipócritas del siglo XXI y eso hace por ende su antisemitismo aún más peligroso, aún más mortal, aún mas terrorífico.

No nos engañemos: los años 30 no han vuelto.

                                                Es que nunca se fueron.

                                                                                       Y es que nunca se irán  .-
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