Un nuevo estudio de la Asociación Israelí de Internet revela el alcance de las noticias falsas y la desinformación difundidas por Irán mediante inteligencia artificial durante la guerra con Israel en junio.
El primer estudio exhaustivo de este tipo revela cómo la guerra entre Israel e Irán se convirtió en un laboratorio sin precedentes para la difusión de desinformación y contenido falso, gran parte generado o procesado mediante IA.
Se trata de un análisis exhaustivo, basado en 592 verificaciones de datos realizadas por 50 organizaciones diferentes de 23 países, en 17 idiomas, y ofrece la primera visión completa de la naturaleza de la difusión de desinformación durante los 12 días de combates.
Más del 70% del contenido falso descubierto en el estudio se basaba en documentación real, sacada de contexto en tiempo, lugar o encuadre, mientras que aproximadamente una quinta parte del contenido se creó mediante herramientas de inteligencia artificial.
La mayor parte del contenido falso sirvió para amplificar la sensación de destrucción y caos, principalmente a través de vídeos e imágenes distribuidos en redes sociales y, ocasionalmente, difundidos en medios tradicionales.
El estudio presenta la desinformación como parte integral de los campos de batalla modernos, al igual que los misiles y las bombas. Los hallazgos indican que las redes sociales se han convertido en un campo de batalla psicológico, donde el contenido falso busca sembrar confusión, incitar al pánico, proyectar poder militar y socavar la moral pública del otro bando.

IA leyendo la Biblia (credito: ShutterStock, generado por IA)
El alcance del fenómeno es impresionante: el 84% del contenido falso examinado consistía en vídeos, el 13% en imágenes y solo el 3% en texto. La implicación es clara: la propaganda se valió principalmente de material visual, que los algoritmos de las redes sociales promueven y al que los usuarios se ven expuestos de forma rápida y directa. La mayoría de los vídeos presentaban explosiones, daños físicos e imágenes de pánico público.
Los principales patrones identificados en el estudio ilustran cómo se utilizó contenido falso: el 44 % del contenido mostraba daños físicos a edificios e infraestructura, como misiles iraníes que supuestamente impactaron las Torres Azrieli en Tel Aviv o un aeropuerto destruido en Irán.
El 39 % mostraba explosiones y simulaciones de fuego y humo atribuidas a diversos ataques, incluyendo afirmaciones falsas sobre una explosión en la planta nuclear de Fordow o un ataque al puerto de Haifa.
El 15 % se centraba en demostraciones de poder militar, mostrando camiones con misiles camino a su lanzamiento o arsenales de bombas israelíes. Otro 14 % abordaba el pánico público, como vídeos de multitudes huyendo de centros urbanos.
Más allá del alcance, el estudio descubrió que muchos vídeos e imágenes eran íntegramente reciclados de otras guerras o eventos no relacionados. Por ejemplo, un vídeo de 2015 de un simulacro de incendio en China se presentó como un ataque iraní a las refinerías de petróleo de Haifa, y una foto de 2009 del incendio de un hotel en China se distribuyó como un incendio provocado por un misil en Tel Aviv.
Una quinta parte de las noticias falsas fue generada por IA
Aproximadamente una quinta parte del contenido falso se identificó como generado por IA. Algunos ejemplos incluyen un vídeo de un soldado israelí implorando clemencia a Irán, una imagen de un F-35 israelí presuntamente derribado en Irán y vídeos que muestran la destrucción en el Aeropuerto Ben-Gurión.
En muchos casos, las noticias falsas se pudieron detectar mediante marcas de agua en los archivos, herramientas especializadas de detección de contenido sintético o búsquedas inversas de fuentes anteriores.
El estudio también buscó investigar las motivaciones detrás de la difusión de desinformación. Descubrió que, en el 72 % de los casos, el contenido falso beneficiaba principalmente a Irán, mientras que solo el 24 % podría haber beneficiado a Israel. Si nos fijamos únicamente en el contenido generado por IA, la cifra es aún más cruda: el 90 % se centró en Irán.
El estudio destaca un fenómeno singular: mientras que en otros conflictos, como la guerra de Gaza, la propaganda a menudo se centraba en retratar al otro bando como inmoral o culpable de crímenes de guerra, aquí, la mayor parte de la desinformación se centró en amplificar la percepción de poder militar. En otras palabras, menos victimismo y más “falsificaciones balísticas” diseñadas para presentar al rival como débil y a uno mismo como fuerte.
Israel carece de suficientes métodos de verificación de datos en tiempo real.
El estudio también reveló que Israel adolecía de deficiencias sistémicas en la verificación de datos. Mientras que a nivel mundial, cientos de contenidos eran revisados por docenas de organizaciones profesionales, en Israel solo dos grupos estaban activos: FakeReporter y Bodkim. En conjunto, publicaron solo 58 verificaciones, la mayoría en hebreo, y se centraron en el contenido difundido en medios locales. El Silbato (HaMizrokit) de Globes, el único miembro israelí de la red internacional IFCN, apenas tuvo actividad.
Estos hallazgos revelan una brecha significativa: la sociedad israelí, expuesta a una avalancha masiva de desinformación, carecía de suficiente verificación de datos en tiempo real. Además, ninguna verificación se publicó en árabe, a pesar de que la población árabe en Israel representa aproximadamente una quinta parte de la población. Esto significa que comunidades enteras se quedaron sin acceso a información verificada en su idioma.
Sin embargo, a nivel global, la organización jordana Misbar destacó, con 134 verificaciones y encabezando la lista, seguida de la francesa AFP con 64, junto con grupos de India, Turquía y España. Este hallazgo desafía la tendencia a centrarse únicamente en los verificadores de datos occidentales y subraya el papel central del sur de Asia y Oriente Medio en este campo.
Al analizar los tipos de manipulación, el estudio reveló que el 76 % implicaba sacar material de contexto temporal, el 71 % desfasajes y el 63 % sacar material de contexto. Solo el 15 % eran totalmente inventados y solo el 2 % suplantaban a entidades oficiales. En otras palabras, la mayoría de las manipulaciones se basaban en imágenes reales sacadas de contexto.
Además de estos hallazgos, el estudio señala limitaciones sistémicas. Las organizaciones de verificación de datos de todo el mundo se enfrentan a presiones económicas, políticas y tecnológicas y luchan por mantenerse al día con la avalancha de contenido. En Israel, la situación es aún más grave, ya que la falta de organizaciones diversas y mecanismos de publicación multilingües niega al público el acceso suficiente a información verificada.






