Una vez más el Presidente norteamericano revela que ningún obstáculo impide el alcance de sus aspiraciones más personales que políticas.
Durante el cuarto peregrinaje de Netanyahu en Washington en menos de nueve meses del mandato presidencial, es inapelable la decisión: poner fin al pugilato armado de Israel con Hamás, liberar a todos los rehenes, y conceder a Gaza alguna ilusión de normalidad.
Netanyahu debió someterse a esta decisión. La inescapable consulta con el binomio Ben Gvir-Smotrich alienta la posibilidad de un rápido retorno de los 48 rehenes, vivos y muertos, en brazos de Hamás sin cancelar el futuro control israelí, amplio o selectivo, de la Franja de Gaza.
Cabe evaluar estas tendencias desde dos puntos. El primero alude a la creciente estatura de Trump en los asuntos internacionales, un hecho que revela un sustantivo cambio en la dinámica imperial de otros tiempos.
La personal intervención de reconocidos líderes es hoy importante factor en las relaciones internacionales. Anticipo que Israel conocerá el hecho en sus futuras actitudes respecto al devenir de Gaza. Países como Turquía, para indicar un ejemplo, no le concederán amplia libertad en el tema.
Los próximos días anunciarán el probable retorno de los rehenes después de múltiples manifestaciones y protestas que conmovieron a nuestro país.
Sus familias cercanas, además de instituciones hospitalarias, lidiarán con heridas y memorias que apenas permitirán el alcance de equilibrios mermados o perdidos.
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