El parteaguas ha sido la liberación de los rehenes israelíes. Tras ese evento de máxima relevancia, las posturas en Medio Oriente empiezan a redefinirse, y poco a poco vemos cómo se prepara el terreno para la siguiente guerra. O tal vez sea más adecuado decir que para la siguiente fase de la guerra, porque no parece que vaya a tardar mucho en comenzar.
En el epicentro de todo está Hamas. Quién más, por supuesto. Y el meollo del asunto es sobrevivir o no. Es lógico que Hamas le apueste todo a eso, y lo tiene que hacer contra-corriente debido a que el Plan de Paz presentado por Trump y firmado por varios países (entre ellos, todos los países árabes de la zona) establece el desarme y desaparición total de Hamas de la Franja de Gaza.
Los cambios en Gaza son irreversibles. El estatus previo al atentado terrorista del 7 de octubre de 2023 es imposible de recuperar debido a los severos daños estructurales que Israel le causó a Hamas, y el grupo terrorista ha entendido que se tiene que adaptar a la nueva realidad si quiere conservar el poder.
Por eso, sus esperanzas ahora se centran en dos cosas: Una, colocar a su propia gente como parte del propuesto gabinete de tecnócratas que gobernará la Franja en un futuro no muy lejano; y dos, que Qatar y Turquía participen activamente en la integración de las tropas que, supuestamente, se encargarán de la seguridad en Gaza. Si lo logra, la situación replicaría los defectos que se permitieron en Líbano después de la guerra de 2006, cuando Hezbollá mantuvo todo el poder político del país, pero además pudo rearmarse en el sur protegido por las complacientes tropas de la UNIFIL.
En otras palabras, Hamas busca replicar el éxito de Hezbollá de aquel entonces. Ante una evidente derrota militar y un obligado cambio en el estatus político de la zona afectada (el sur del Líbano en aquella ocasión, Gaza en esta), todo se trata de conservar el poder gracias a la complicidad de la comunidad internacional, y desde allí comenzar el lento proceso para rearmarse y prepararse para el siguiente ataque.
Las cosas son muy distintas a entonces, y tal vez allí esté el error fundamental de Hamas. En 2006 nadie tenía ningún interés particular en el Líbano, salvo Irán. Hoy por hoy existe un gran plan para convertir a Gaza en el punto de partida de un gran proceso de desarrollo económico en la región, y eso pasa obligadamente por el desmantelamiento total de Hamas.
Son dos visiones a futuro que chocan del todo y son incompatibles. Una es un califato feudal y polvoso como el Afganistán de los talibanes; la otra es un estado moderno y metido de lleno en el siglo XXI como Dubai.
Ahora que la primera fase de la guerra ha terminado, los países de la zona empiezan a definir sus posiciones. Turquía y Qatar, por supuesto, están apostándole al califato feudal; Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos e Israel, al estado moderno.
En medio de ambos grupos se encuentran los Estados Unidos. Y no porque sean neutrales. Es evidente que la visión de Trump está en línea con la de Israel, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos, y no sólo por afinidad ideológica o económica, sino porque los Estados Unidos son los autores de dicha visión.
El problema para Estados Unidos es que todo parece indicar que Trump quisiera que esto se resolviera rápido y sin necesidad de otra guerra (porque entonces la activación de la parte más atractiva del Plan de Paz se retrasaría). Por eso Wittkoff y Kushner han volado por enésima vez a la zona, en un intento por salvar el precario alto al fuego que estuvo a punto de romperse este fin de semana.
En el fondo, todos saben que eso no va a funcionar, y hasta es probable que se le esté tendiendo una trampa a Hamas.
Es predecible que vaya a suceder lo mismo que ha sucedido en otras ocasiones, porque se están conjugando los mismos elementos que en las otras ocasiones. Ya sabes: lógica empresarial. Si haces lo mismo, los resultados serán los mismos.
Y lo que está pasando es que Hamas empieza a sentirse protegido otra vez. Cree que lleva ventaja. Confía en que la comunidad internacional, por fin, ha detenido a Israel, y es cuestión de tiempo para que vuelva al ataque.
Lo que no está tomando en cuenta es que “la comunidad internacional” son, en realidad, tres países: Estados Unidos, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, y que los tres tienen un plan que representa ganancias de muchos billones de dólares. Plan que no se puede echar a andar si Hamas permanece en Gaza.
Arabia Saudita y Emiratos fueron tajantes con ello: No van a invertir un quinto si Hamas no es erradicado.
Estados Unidos lo sabe, así que no tiene incentivos para ponerse del lado de Qatar y Turquía en este reacomodo estratégico.
La trampa está tendida, voluntariamente o no. Ahorita que todavía prevalece el eco de la liberación de los rehenes, el mundo considera que no hay justificación para que Israel reanude la guerra. Por eso hay que esperar a que Hamas cometa el siguiente error, o a que la tensión amenace con realmente romper el Plan de Paz de Trump.
Cuando eso ocurra, Israel tendrá toda la libertad y el apoyo de quienes realmente cuentan en este conflicto, para reiniciar la embestida contra Hamas y llevarla a sus últimas consecuencias.
Y, créeme, no falta mucho tiempo para eso.
Todo depende de los errores estratégicos de Hamas, y estos siempre están a la orden del día.
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