El torneo electoral en Israel, que probablemente tendrá lugar en junio del próximo año, implica importantes giros en la vida institucional y en el devenir de nuestro país.
Uno de ellos es su probable resultado. Diversas fuentes anticipan con razonables bases la derrota de Benjamín Netanyahu y el ascenso de una coalición jefaturada por Naftali Bennett.
Si este radical giro en el liderazgo del país tiene lugar, Israel conocerá entonces importantes cambios en su estructura y rumbos.
Uno de ellos apunta a las actitudes y probable conducta de los segmentos religiosos-ortodoxos que hoy representan a casi la quinta parte de la población.
Si la intención de obligar a su juventud a insertarse, total o selectivamente, en las filas militares toma vuelo y realidad, estos segmentos se unirán con el fin de frenarla. Un hecho que multiplicará interrogantes en torno a la efectiva identificación de estos grupos con la supervivencia y progreso del país.
Otro probable giro en los rumbos de Israel se manifestará en la franja del país conocida como Judea y Samaria sin excluir a Jerusalén oriental.
La población árabe-musulmana que cuenta con más de tres millones, ocupados principalmente en la agricultura, se ve regularmente hostilizada por israelíes, que suman 750 mil conforme a recientes estimaciones, con el indirecto apoyo de unidades militares.
Hace un par de semanas, la Knéset puso a votación la posibilidad de anexar este territorio. El resultado: 45 votaron a favor y 44 en contra.
Estéril ejercicio, pues la resistencia internacional, de Estados Unidos en particular, es firme y no admite negociación alguna al respecto.
Considero que el ascenso de un nuevo liderazgo en el país dispuesto a emprender giros y cambios hoy ausentes o apenas en vigor mudará sustancialmente su actitud, hoy ausente cuando no despreciativa, respecto a los países de la región.
En suma, la probable redefinición de las obligaciones civiles de los sectores religiosos, los mejores entendimientos con países vecinos, la lúcida redefinición de los nexos internacionales, en particular con Washington, darán a Israel alto lugar en el ámbito regional.
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