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miércoles 03 de junio de 2026

Israel: de la hiperinflación al liderazgo tecnológico

El académico argentino Esteban Klor, profesor de Economía Política en la Universidad Hebrea de Jerusalén, ofreció un panorama detallado sobre la situación económica y financiera del país durante un encuentro con periodistas mexicanos en Israel.

En los años ochenta, Israel enfrentaba una hiperinflación que superaba el 400 %. Cuatro décadas después, ha logrado consolidarse como una de las economías más innovadoras y dinámicas del mundo, con un ecosistema tecnológico que atrae inversión extranjera, exporta conocimiento y sostiene gran parte de su crecimiento. Sin embargo, la guerra prolongada y la inestabilidad regional han reabierto una pregunta crucial: ¿cuánto puede resistir la economía israelí frente a la presión del conflicto?

Para Klor, la respuesta se encuentra en la estructura fiscal y la cultura económica del país:

Israel es una economía abierta y sumamente resiliente. Su deuda pública es baja, y su capacidad de recuperación ante crisis es notable”. 

Deuda baja, solvencia alta: el músculo financiero israelí

Hasta poco antes del conflicto, la deuda pública de Israel se situaba en torno al 60 % del PIB —una cifra significativamente más baja que la de muchos países desarrollados—. Según Klor, esa prudencia fiscal no es casualidad:

Después de la crisis de los años ochenta, Israel aprendió a controlar la inflación y a evitar déficits prolongados. Esa disciplina ha sido clave para mantener la estabilidad macroeconómica incluso en tiempos de guerra”.

El PIB israelí ronda los 550,000 millones de dólares, y los costos del actual conflicto podrían representar hasta un 15 % del producto interno bruto, según estimaciones del propio Banco de Israel. Aun así, Klor advierte que el impacto no necesariamente sería devastador:

“El país tiene reservas, un sistema financiero sólido y una comunidad internacional que confía en su capacidad de recuperación”.

El salto tecnológico de Israel no fue un accidente, sino el resultado de una política de Estado sostenida. Desde la década de 1990, el país invirtió de forma estratégica en investigación, defensa y transferencia tecnológica, impulsando lo que hoy se conoce como el “milagro de las start-ups”. Tel Aviv se convirtió en un polo mundial de innovación, con más de 6,000 empresas emergentes en sectores como ciberseguridad, inteligencia artificial, biotecnología y energía limpia.

La innovación se volvió un mecanismo de supervivencia económica y geopolítica”, explica Klor. “En un contexto donde los recursos naturales son limitados, Israel apostó por su capital humano, la educación y el conocimiento aplicado”.

Más allá de su fortaleza interna, Israel depende en gran medida de sus vínculos comerciales con Estados Unidos y la Unión Europea, que concentran cerca del 70 % de sus exportaciones. El resto se distribuye entre Asia, América Latina y otras regiones. Esta dependencia, advierte Klor, puede volverse una vulnerabilidad en escenarios de conflicto prolongado o sanciones internacionales.

La guerra implica incertidumbre. Si los inversionistas perciben riesgo político o inestabilidad prolongada, el flujo de capital puede disminuir. Hasta ahora eso no ha ocurrido, pero la percepción global es un factor clave”, señala el economista.

Aunque Israel mantiene acuerdos comerciales con países como México, Chile y Colombia, su relación económica con América Latina sigue siendo modesta. “Hay buena voluntad diplomática, pero el volumen comercial es bajo”, explica Klor. “No obstante, en áreas como la agricultura sustentable, la gestión del agua o la tecnología médica, existe un amplio margen para alianzas que beneficien a ambas partes”.

El reto, añade el experto, consiste en transformar la cooperación tecnológica en proyectos sostenibles y fortalecer los canales de intercambio académico y empresarial.

El desafío de la resiliencia

Israel ha construido su estabilidad sobre la base de la adaptación. A pesar de la guerra, la inflación controlada, el bajo desempleo y la fortaleza de su sistema bancario le permiten resistir choques externos. Sin embargo, Klor advierte que la resiliencia económica no es infinita: “Si el conflicto se prolonga y afecta la productividad o el turismo, el crecimiento puede estancarse. La economía israelí ha demostrado ser fuerte, pero también consciente de sus límites”.

Con una economía abierta y tecnológicamente avanzada, Israel enfrenta una nueva prueba de su capacidad histórica de reinventarse. Su futuro dependerá, una vez más, de mantener ese delicado equilibrio entre innovación, seguridad y cohesión social.
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