Dentro de pocos días se cumplirán 78 años de la histórica resolución de las Naciones Unidas por la cual se resolvió la partición del mandato británico en Palestina, resultando por ello la creación del Estado de Israel.
Pero lejos están ya esos días, no solo en términos cronológicos ni históricos, sino en la forma brutal en cómo el Mundo ve y percibe hoy al pueblo judío.
De aquella corriente de simpatía y conmiseración hacia un pueblo masacrado en los campos de concentración hemos pasado a un clima de persecución e inquina implacable contra los judíos.
Se ha impuesto un relato por el cual toda la historia del Holocausto es una maqueta exagerada y maquiavélica manipulada por los judíos, para colocarse en el lugar de las “víctimas” y generar pena y conmiseración en el Mundo.
Me temo que lo mismo pasa y pasará con los restos apilados de autos calcinados y las fotos que denuncian la masacre (en realidad un micro-holocausto) y señalan la terrible experiencia del 7 de Octubre de 2023.
Lo ominoso de todo esto es que a diferencia del medioevo, este discurso antisemita no es sostenido por la chusma ni el pueblo. No. Este perogrullo mediocre es ahora propalado por las dignas Universidades, los intelectuales, los académicos, los artistas. Los que pregonan la “maldad” del pueblo judío sin ningún tipo de rubor ni perturbación…
Muchos están pensando y no creo que sea desacertado, que el Mundo está convencido de que todos los males y desequilibrios y perturbaciones de este mundo responde al ataque deliberado de “genocidio” de Israel contra los “indefensos” palestinos.
En otras palabras, en una magnifica nueva versión del chivo expiatorio, Israel es el “culpable” de las miserias y guerras de este mundo.
Pero prosigamos adelante con el razonamiento diabólico y lleguemos al punto esencial:
“Si Israel es el culpable de las desgracias del mundo, no sería mejor (para todos e inclusive para los judíos, que Israel ya no existiera…”
En otras palabras, si el 29 de Noviembre fuera a ocurrir este 2025, el Mundo no votaría por la creación de Israel.
Todo esto tiene una carga de maldad, de banalidad de mal y aún de post-banalidad de mal, que es casi imposible aceptar en sus consecuencias emocionales y cognitivas.
El Mundo ha erradicado a los Judíos.
El Mundo de vuelta ha decidido sobre los Judíos y lo que ha decidido es inmoral, indigno y repugnante.
Frente a todo esto el pueblo judío está perplejo y no podría ser de otra manera.
Es comprensible el grado de confusión que todo esto implica, por su grado de brutalidad y por la contundencia de un antisemitismo completamente violento que ignora (o desprecia) 20 siglos de persecuciones, asesinatos, denigraciones contra el pueblo judío.
Ojalá que esta perplejidad implique un duelo (necesario e imprescindible) del pueblo judío para comprender y aceptar que ha perdido la simpatía, la empatía y el cariño del Mundo.
Pues ahora se trata de todo lo contrario: persecución, hostilidad y (y ojalá me equivoque) la naturalización de micro-holocaustos que irán adquiriendo distintas formas de violencia y agresividad (desde echar a los judíos de los restaurantes, insultarlos, apedrearles, profanar sinagogas y cementerios, entre tantos otros).
El lujo que esta perplejidad no se puede dar es perder la inteligencia y la perspectiva
Israel podrá tener un gran poderío militar, pero no es suficiente.
Israel debe tener una gran inteligencia, que le permita entender, aunque sea medianamente lo que sucede y lo que es probable que sucederá.
David no le ganó a Goliat, ciertamente, por poderío militar sino por el poder de su astucia y su inteligencia.
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