En un ambiente íntimo y cargado de emoción, la escritora y creadora Ali Begun presentó su más reciente obra, El libro que te apapacha, en el acogedor espacio de Frëims, en la colonia Condesa de la Ciudad de México.
El lugar, que combina librería y café, ofreció la escena perfecta para un acto que se alejó del tono solemne habitual de las presentaciones literarias y se orientó hacia lo auténtico, lo humano y lo vulnerable.
El evento abrió con un momento especialmente significativo: una amiga entrañable de Ali tomó el micrófono para dedicarle palabras de cariño y profundo reconocimiento, describiéndola como una presencia fundamental en su vida:
“Beguna ha sido la persona que más me ha inspirado, motivado y empujado a hacer cada locura que le digo que se me ocurre. Es la primera en decirme, ‘vas, hazlo’. Y le agradezco la vida entera.”
A partir de ese instante, el discurso se adentró en un territorio que rara vez se nombra en espacios públicos: la herida compartida, la sombra, el vínculo que se construye cuando alguien permanece incluso cuando todo tiembla. La intervención reivindicó la posibilidad de un acompañamiento que no nace de la dependencia, sino del cuidado consciente, recordando que sanar no siempre tiene que ser un acto solitario y que también puede acontecer en presencia del otro, desde el amor y la complicidad genuina.
Dinámicas de celebración y comunidad
Lejos del formato clásico de lectura y firma, Ali Begun propuso tres dinámicas diseñadas para expandir el amor, la conexión y la buena vibra entre los asistentes.
- Post-its de gratitud y buena onda: Invitó al público a escribir algo que les gustaría que alguien hiciera por ellos ese día, colocarlo en un mural y, posteriormente, tomar el post-it de otra persona para cumplir ese deseo. Un ejercicio de reciprocidad y vinculación activa que transformó la presencia en participación.
- Mensajes de acompañamiento: También repartió pequeños papelitos, cada uno con frases para guardar en la cartera y releer en momentos difíciles. Un recordatorio sutil pero poderoso de que las palabras pueden acompañar, sostener y abrazar más allá del instante compartido.
- Galletas para uno y para otro: En un gesto sencillo y profundamente simbólico, se repartieron galletas a cada asistente: una para sí mismos y otra para regalar a un desconocido. “Porque qué rico es el amor”, expresó Ali, y el acto resonó con coherencia y calidez, encarnando el espíritu del encuentro.
Durante su intervención, la autora reconoció que este libro —escrito desde el amor por la vida y no desde el dolor— no ha tenido el mismo impacto comercial que sus obras anteriores. Sin embargo, lejos de lamentarlo, lo asumió celebrándolo como parte de su práctica vital: estar al servicio de la vida y de quienes necesitan ser sostenidos por sus palabras.
El libro y lo que representa
En la presentación, Ali decidió no realizar una lectura extensa. En su lugar, compartió un fragmento especialmente significativo:
“Cuando tengas el honor de conectar con otra alma, espero que jamás te olvides que cada persona es un universo entero. … Así que espero que esto nos recuerde que somos galaxias enteras, que podemos aceptar el universo de alguien más sin querer cambiarlo.”
Ese pasaje condensó el espíritu de la noche: una invitación a mirar al otro con respeto profundo, compasión y conciencia. Ali confesó sentirse “la vieja más pinche suertuda del mundo de tener tanto amor”, y esa mezcla de vulnerabilidad, gratitud y autenticidad terminó por envolver a los asistentes, generando una atmósfera de cercanía difícil de olvidar.
La velada en Frëims se transformó en algo mucho más que una presentación editorial: fue una celebración de la vida, de la gratitud y de la vulnerabilidad compartida. Ali Begun no solo presentó un libro, sino que propició un espacio de transformación colectiva, de “buen pedismo” —como ella misma lo nombró—, de reconexión con el otro, con uno mismo y con el universo.
Para quienes estuvieron allí, el mensaje fue claro: un libro puede ser mucho más que páginas encuadernadas. Puede ser un puente, un gesto, un abrazo, una galleta compartida, una semilla de humanidad.
Y esa noche, Ali Begun dejó claro que convertir el amor en una práctica pública también es un acto profundamente revolucionario.
Reproducción autorizada con la mención siguiente: @EnlaceJudio