Inspirada en la Biblia, Leket Israel rescata alimentos y con ello, rescata vidas

En un momento histórico en el que la palabra “rescate” suele asociarse a dolor, pérdidas y crisis, existe una organización israelí que ha convertido ese concepto en un acto de vida, dignidad y esperanza.

Se trata de Leket Israel, el banco nacional de rescate de alimentos del país, cuya misión ha transformado silenciosamente la realidad de cientos de miles de personas.

Durante su visita a México, Gal Apel-Alon, gerente de Alianzas Estratégicas de la organización, conversó con Enlace Judío y ofreció un retrato conmovedor y profundamente inspirador de un proyecto que, a pesar de su enorme impacto, sigue siendo poco conocido internacionalmente.

Un modelo que Israel le ofrece al mundo

Leket Israel opera desde hace más de 23 años. Sus cifras impresionan por su escala y su eficiencia:

  • 160 empleados
  • 95,000 voluntarios al año
  • 67 camiones circulando diariamente
  • 700 agricultores asociados
  • 300 organizaciones receptoras
  • 32 mil toneladas de frutas y verduras rescatadas en 2024
  • 2 millones de comidas calientes distribuidas cada año.

Su misión es simple y revolucionaria: rescatar alimentos perfectamente comestibles que el mercado desecharía y entregarlos a quienes más lo necesitan. Y lo hacen con un principio inquebrantable: cualquier persona residente en Israel —judía, árabe, beduina, religiosa o laica— tiene derecho a recibir comida digna.

Gal explica que el corazón de Leket late a través de “Leket de los agricultores” (Leket HaSade), y “Leket a la mesa” (Leket Shulján).

Miles de toneladas de frutas y verduras no llegan a los supermercados por no cumplir estándares estéticos. Esa “manzana imperfecta” que no se exhibe en un anaquel es, para una persona en situación de inseguridad alimentaria, un tesoro nutricional.

Los agricultores llaman a Leket; la organización envía sus camiones, recolecta la producción y la lleva a un centro logístico cerca de Netanya donde los voluntarios clasifican y empaquetan.

Muchos de los beneficiarios son sobrevivientes del Holocausto, personas mayores, mujeres solas, jóvenes en situación vulnerable y familias que luchan por subsistir.

Leket también trabaja con comedores institucionales, bases militares, estaciones de policía y empresas de alta tecnología, donde se recuperan alimentos que no fueron servidos al público y que se mantienen en perfecto estado bajo los más altos estándares sanitarios.

¿Cómo dimensionar su impacto? Una comida caliente rescatada cuesta solo 5 shekels —aproximadamente 1 dólar y medio— gracias a que el alimento es donado.

“Si no la rescatamos, se va a la basura… y eso significa pagar por tirarla y además generar daño ambiental”, explica Gal con contundencia.

Una historia que comenzó en un garaje

El fundador, Joseph Gitler, llegó a Israel en el año 2000 y quedó sorprendido al descubrir que no existía un sistema nacional de bancos de alimentos como en Estados Unidos. Ante la visión diaria de alimentos sobrantes en eventos y caterings, decidió actuar.

Primero los recogía él mismo, con su coche, almacenándolos en su garaje. Hasta que su esposa lo animó a “llevar esto al siguiente nivel” … pero fuera de casa.

Gitler viajó a EE.UU., estudió logística, seguridad alimentaria y modelos de recaudación, regresó a Israel y fundó Leket Israel, hoy la mayor organización de rescate de alimentos del país.

Así, la visión de Gitler demuestra que un gesto sencillo puede escalar hasta convertirse en una red inmensa de solidaridad y eficiencia, capaz de cambiar vidas y combatir el desperdicio a una escala que pocos imaginaron posible.

Las escuelas de “última oportunidad”: rescatar comida para rescatar futuros

Para Gal, uno de los proyectos más emocionantes es el de las escuelas de Última Oportunidad, donde jóvenes de contextos muy adversos —pobreza extrema, abandono escolar, consumo de drogas o alcohol— reciben comida caliente diaria gracias a Leket.

“Ver a un joven que no tenía futuro convertirse en alguien que quiere estudiar, entrar al ejército o construir una vida distinta… eso te rompe y te reconstruye”, confiesa Gal.

El acceso a un plato de comida digna puede ser la diferencia entre la apatía y el renacer.

El antes y después del 7 de octubre

La guerra transformó profundamente la operación de Leket. Antes del conflicto, la organización asistía semanalmente a 234,000 personas. Hoy atiende a 415,000, casi el doble.

Israel enfrenta:

  • Desplazamientos masivos
  • Cierre de negocios
  • Familias trasladadas a hoteles
  • Pérdida de empleos
  • Una clase media empujada repentinamente a la vulnerabilidad.
  • Los agricultores, antes grandes donantes, ahora requieren ayuda: sus trabajadores —muchos de Gaza y Tailandia— ya no están.

Leket envía hasta 70 voluntarios diarios a los campos para salvar cosechas que, de otro modo, se perderían.

Leket en México: un puente que empieza a construirse

Es la primera vez que Leket Israel envía una representante a México. Gal expresa su entusiasmo: “México tiene una comunidad judía increíble. Queremos que nos conozcan, que suene el nombre ‘Leket’, que visiten nuestro centro logístico. Estamos listos para colaborar”.

Organizaciones mexicanas como CADENA ya envían voluntarios a Israel para apoyar en la clasificación y empaque de alimentos. El puente está empezando a crecer.

Para Gal Apel-Alon, trabajar en Leket es más que un empleo: “Es una mitzvá. Es ayudar al otro porque es tu familia. Todos somos responsables unos de otros”.

Recuerda a su propio abuelo, beneficiario del programa: “Pensar que alguien le entrega una comida caliente y un saludo… eso lo es todo”.

Y sobre el significado de “Leket”, Gal explica que el concepto de Leket o “espigar” deriva de la Torá (Levítico 19:9 y Levítico 23:22), que especifica que las espigas de grano que caen de la mano del segador o de la hoz mientras se recogen durante la cosecha deben dejarse para los pobres.

Apel-Alon concluye con sencillez ancestral: “Leket es dejar lo mejor que tenemos”.

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