Juntos Venceremos
sábado 18 de julio de 2026

Alejandro Klein / Sancho Panza, los adolescentes de Montevideo, los adultos de Turín y el antisemitismo

Dice Sancho Panza en el capítulo VIII del Quijote de la Mancha:

siempre creo, firme y verdaderamente en Dios y en todo aquello que tiene y cree la santa Iglesia Católica Romana, y el ser enemigo mortal, como lo soy, de los judíos, debían los historiadores tener misericordia de mí y tratarme bien en sus escritos. Pero digan lo que quisieren, que desnudo nací, desnudo me hallo: ni pierdo ni gano; aunque por verme puesto en libros y andar por ese mundo de mano en mano, no se me da un higo que digan de mí todo lo que quisieren”.

Hasta donde entiendo esta es la única referencia a los judíos en esta obra, considerada la cumbre de la literatura española, al menos en lo que refiere a la primera parte de la misma. Para ser más precisos: al hablar de los judíos  se considera que solo puede ser en término del odio a los judíos.

Sancho no duda ni Don Quijote le discute: ser un buen cristiano lleva implícito el ser enemigo mortal de los judíos. Cervantes de Saavedra no se cree en la obligación de dar motivos ni explicación a esta inquina. Es simplemente algo que es así y que no puede, ni podría ser de otra manera.

Hay que hacer notar que esta obra se publicó en 1605, es decir que ya habían pasado 113 años de la expulsión de los judíos de España. El dato es relevante porque en un territorio vacío de judíos se consolida el judío con el que mejor se entiende el antisemitismo: el judío que no está, el judío fantasmal. Por cierto: el judío más fácilmente atacable.

El punto es importante porque se tiende a creer que el objeto del antisemitismo es el pueblo judío, pero nada es más erróneo. El objeto del antisemitismo es el judío inexistente-fantasmal. Es decir, el antisemitismo solo remite al antisemitismo y poco o nada tiene que ver con el judío como realidad fáctica.

El antisemitismo se nutre de sí mismo, se autoengendra a sí mismo.

Por eso es imposible entender el antisemitismo sin remitirse a lo fantasmal, lo espectral, lo persecutorio, las paranoias, las escenas temidas y psicóticas de lo societario.

Es por eso que insisto en que nada hay que discutir con el antisemitismo, porque el mismo no tiene premisa dialógica o racional, todo lo contrario.

Es un acto de fe, de fuerza bruta, de odio violento y descarnado que busca aterrorizar e imponer en una manifestación de fuerza bruta.

Pero eso no significa que el antisemitismo sea incomprensible. Todo lo contrario. Es básicamente vulgar y mediocre. Y en este momento cultural, al formar parte de lo políticamente correcto, lo es más aún. De hecho, tan vulgar como todas las consignas actuales que se legitiman en el poder coactivo de lo políticamente correcto.

De esta manera, hace unos días en Montevideo, Uruguay, dos adolescentes judíos fueron perseguidos hasta su casa y amenazados con ser golpeados con baldosas por otros adolescentes al grito de: “Judíos, sabemos lo que hicieron”.

Obsérvese el conjunto de lo persecutorio, lo amenazante, la sospecha paranoica y básicamente la manifestación de fuerza fascista que se alimenta de la manifestación bruta y el terror.

Pero si el lector cree que estas son cosas traviesas de adolescentes exaltados, tenga en cuenta que no eran adolescentes exaltados los que atacaron también hace días la redacción del diario La Stampa en Turín, cuando un grupo de activistas propalestinos entró al edificio durante una huelga general convocada en apoyo a Palestina.

Estos adultos bien adultos (y bien antisemitas), rompieron paredes y documentos de trabajo y dejaron mensajes intimidatorios con pulverizadores de pintura, entre ellos: “Periodistas terroristas. Son los primeros de la lista”.

No hay que ser un experto en historia para advertir aquí las típicas maniobras de choche intimidatorias de las brigadas fascistas y nazis de los años 20 y 30 del siglo XX. Claro, lo singular es que estos antisemitas vulgares se creen profundamente de izquierda…

De esta manera todos los que apoyen a Israel han de sufrir represalias, todos los que apoyen al pueblo judío recibirán violencia y todo aquel que sea judío será perseguido con una piedra o con un ladrillo.

Es la hora de gloria de antisemitismo. Pero es la hora de profundo dolor y congoja para el pueblo judío.

A partir de aquí sostener cualquier esperanza ya no solo es ingenuidad, sino más bien temeridad.
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