En un escenario global marcado por el recrudecimiento del antisemitismo y por hechos de violencia que sacuden a comunidades judías en distintas partes del mundo —como la reciente masacre en Bondi Beach, Australia—, Enlace Judío conversó con Enrique Presburger, economista, autor y Premio Herzl 2025, una de las distinciones internacionales más relevantes en el ámbito del pensamiento y la acción sionista contemporánea.
Presburger, autor de El negocio del terrorismo, sostiene una tesis contundente: el terrorismo no es únicamente una ideología violenta, sino un sistema económico estructurado, sostenido por flujos financieros internacionales, legitimado por narrativas políticas y, en numerosos casos, financiado de manera indirecta por Occidente.
Estas ideas han generado resistencia en ciertos espacios culturales. La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) censuró la presentación de El negocio del terrorismo al retirar la participación de Presburger del programa oficial apenas semanas antes del evento, bajo el argumento de “cuestiones de seguridad”.
La decisión se dio en un contexto de creciente hostilidad hacia autores judíos, cuyas intervenciones han sido boicoteadas o interrumpidas por grupos radicales, lo que llevó a los organizadores a excluir voces críticas del terrorismo en lugar de garantizar el libre debate.
Pese a ello, Presburger acudió a la FIL, donde el libro se agotó en el stand editorial y fue presentado con éxito en sedes alternas, evidenciando que la censura institucional no logró frenar ni el interés del público ni el debate que su obra genera.
Esta censura refleja una preocupante renuncia a la libertad de expresión frente a presiones de grupos radicales. Aun así, El negocio del terrorismo es bestseller en Amazon y cuenta con una mención honorífica literaria, lo que confirma una respuesta contundente del público.
Los tres pilares financieros del terrorismo
Desde una óptica estrictamente económica, Presburger explica que el terrorismo contemporáneo se apoya en tres pilares fundamentales. El primero es el papel de ciertos organismos multilaterales, particularmente dentro del sistema de las Naciones Unidas. Con base en datos presupuestales y de recursos humanos, señala una concentración desproporcionada de personal y fondos en agencias dedicadas exclusivamente al conflicto palestino, en especial la UNRWA, que —afirma— cuenta con más empleados y mayor presupuesto que agencias globales responsables de atender a decenas de millones de refugiados en el mundo.
A su juicio, esta estructura no solo distorsiona la ayuda humanitaria, sino que ha funcionado como vehículo de legitimación ideológica, con instalaciones educativas y logísticas que, en casos documentados, han sido utilizadas para adoctrinamiento, ocultamiento de armamento e incluso detención de rehenes.
El segundo pilar es el financiamiento de gobiernos occidentales a entidades como la Autoridad Palestina y Hamás, mediante partidas presupuestales aprobadas por congresos en Europa y Estados Unidos. Aunque se presentan formalmente como ayuda humanitaria, Presburger sostiene que estos recursos terminan alimentando estructuras que no promueven ni la paz ni el desarrollo.
El tercer pilar, quizá el más crudo, es el terrorismo convertido en política social: salarios mensuales, pensiones vitalicias y beneficios económicos para quienes asesinan judíos o para las familias de quienes mueren perpetrando atentados. Según sus estimaciones, cientos de millones de dólares al año se destinan a este sistema de incentivos que normaliza y perpetúa la violencia.
Australia: un caso paradigmático
Al analizar el atentado en Australia, Presburger subraya que no se trata de un hecho aislado. Describe un entorno político y social donde se toleraron manifestaciones violentas, ataques a sinagogas y un discurso institucional que, bajo la narrativa de la “victimización”, terminó legitimando expresiones abiertamente antisemitas. La expulsión del embajador iraní —tras revelarse la injerencia directa de Teherán en la financiación de células terroristas— evidenció la profundidad del problema.
En este marco, países como Irán y Qatar juegan un papel central no solo mediante financiamiento directo a grupos armados, sino también a través de una sofisticada estrategia de lavado de imagen: universidades, departamentos académicos, eventos deportivos globales y cabildeo político que influyen de manera decisiva en la opinión pública occidental.
América Latina y el eje criminal
La conversación abordó también el papel de América Latina, en particular Venezuela. Presburger destacó la cooperación entre Hezbolá, la Guardia Revolucionaria iraní y redes del narcotráfico en la región, una articulación que —afirma— ha sido facilitada por el régimen de Nicolás Maduro mediante la expedición masiva de documentos y pasaportes. En este contexto, sostuvo que una eventual caída del régimen venezolano podría debilitar de manera significativa esta red transnacional del terrorismo.
Frente al aumento del antisemitismo en México y en el mundo, Presburger fue enfático: la respuesta debe basarse en información, educación y claridad narrativa. Advirtió sobre la adopción acrítica de discursos de “genocidio” sin sustento jurídico ni factual, y llamó a recuperar una postura informada y coherente con la histórica Doctrina Estrada de no intervención.
Asimismo, defendió la relación México–Israel como un ejemplo de cooperación tangible —en áreas como tecnología, agricultura y ayuda humanitaria—, en contraste con regímenes que, en sus palabras, solo exportan violencia y desinformación.
El significado del Premio Herzl
Recibir el Premio Herzl 2025 representa para Presburger no solo un reconocimiento, sino un compromiso. Con una trayectoria que incluye trabajo educativo entre jóvenes judíos y palestinos, apoyo a proyectos de salud y reforestación en Israel, participación en foros internacionales y una intensa labor intelectual, afirma que su objetivo es claro: reconstruir narrativas, fortalecer instituciones y formar generaciones capaces de defender su identidad con conocimiento y pensamiento crítico.
“Sin educación profunda —concluye— no hay defensa posible. Y sin verdad, no hay paz”.
La voz de Enrique Presburger invita a ir más allá de los slogans y a comprender el conflicto desde su raíz económica, política e ideológica. Seguir el dinero, como él insiste, es también seguir la verdad.
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