El economista Enrique Presburger, fundador de Factor Express, publicó recientemente El negocio del terrorismo, una obra que promete generar debate entre organismos internacionales y gobiernos occidentales.
Con el lema “follow the money” (sigue el dinero), Presburger sostiene que para comprender los conflictos en Medio Oriente no basta con analizar posturas políticas o debates religiosos: es fundamental seguir el rastro financiero.
En entrevista exclusiva con nuestra directora May Samra, el autor presenta lo que llama “la industria del terrorismo”, un entramado económico y social que, según su investigación, convierte la violencia en un negocio rentable y perpetúa la guerra en Gaza.
La ONU, ¿árbitro o engranaje?
Uno de los hallazgos más polémicos del libro apunta directamente a la Naciones Unidas. Presburger señala que un porcentaje significativo de los empleados de la ONU en Gaza son palestinos y que, a través de la UNRWA —la única agencia creada para atender a un solo grupo poblacional— se destina un presupuesto anual de 18 mil millones de dólares, el más alto de toda la organización.
El economista denuncia la brecha entre quienes administran los recursos y quienes los reciben: “Los funcionarios de la UNRWA y de la Autoridad Palestina perciben entre 3,000 y 4,000 dólares mensuales, mientras que a los refugiados apenas les llegan 100 o 200 dólares”. Según Presburger, trabajar para la ONU en Gaza puede generar ingresos superiores a los de muchos países de Europa del Este, Turquía o América Latina.
Infraestructura y adoctrinamiento
Presburger alerta que parte de la infraestructura financiada bajo el paraguas de ayuda humanitaria ha sido utilizada para adoctrinar o incluso encubrir operaciones vinculadas al terrorismo. Entre los ejemplos que menciona se encuentran escuelas supervisadas por la ONU que reproducen discursos de odio, antisemitismo, túneles excavados bajo hospitales y colegios, y vehículos con insignias de organismos internacionales usados para transportar armas.
Occidente financia, Hamás capitaliza
El libro expone cómo países occidentales, incluyendo Estados Unidos, la Unión Europea, Alemania, Reino Unido, Suecia y Canadá, financian el sistema. Este dinero, afirma Presburger, termina engrosando las arcas de Hamás y la Autoridad Palestina mediante corrupción y desvío hacia fines bélicos.
Presburger también señala los incentivos económicos que reciben las familias de terroristas: “Si intentas asesinar a un judío, te dan 10,000 dólares. Si mueres, tu familia recibe una pensión vitalicia de 1,350 dólares al mes. Y si eres encarcelado, cobras entre 600 y 2,000 dólares mensuales”. Según el autor, este esquema convierte la violencia en un ingreso estable, entrelazando ideología y economía para perpetuar el conflicto.
El enriquecimiento de las élites
El economista revela que líderes históricos palestinos, como Yasir Arafat o Mahmoud Abbas, manejan cientos de millones de dólares en cuentas internacionales. Arafat, por ejemplo, llegó a aparecer en un listado de Forbes sobre déspotas más ricos y mantuvo propiedades en Nueva York, Emiratos Árabes Unidos y Jordania. “Es un esquema que beneficia mucho a las élites políticas”, asegura Presburger.
Subsidios, economía del conflicto y dinero catarí
Presburger advierte que, en Gaza, el trabajo mejor remunerado es terrorista o funcionario de organismos que sostienen la narrativa del conflicto. Entre más grave sea el conflicto, mayores son las ayudas de emergencia y el ingreso de los líderes terroristas. Paralelamente, una parte de la población civil depende económicamente de que la tensión se mantenga, ya sea a través de trabajos en Israel o subsidios.
En cuanto a Catar, el autor afirma que gran parte de su ayuda no se destina directamente a los civiles palestinos, sino a mejorar la imagen internacional de Hamás y otros grupos, combinando mecanismos de financiamiento discreto y lavado de imagen.
Vínculos con crimen organizado
En la entrevista también se mencionan conexiones entre grupos como Hezbolá y Hamás con cárteles de drogas en México y América Latina, incluyendo transacciones de armas, dinero y drogas, que han producido violencia y muertes. Según Presburger, países como Venezuela han facilitado la entrada de miembros de estas organizaciones en la región.
Prensa y percepción pública
Presburger critica la cobertura mediática internacional y mexicana, que a menudo reproduce imágenes de hambruna y violencia sin verificar su veracidad. Esto, sostiene, perpetúa una narrativa de victimización parcial que puede alimentar antisemitismo y antisionismo, incluso sin intención directa de la población.
Hacia una solución económica y pacífica
Para el economista, el primer paso hacia una resolución real del conflicto es desmantelar los incentivos económicos que sostienen la violencia. Esto requiere supervisión rigurosa de los fondos, integración económica de la población civil y transparencia en la acción de organizaciones internacionales. “No se trata de atacar a los políticos ni a la religión, sino de enfrentar la paradoja económica que mantiene la violencia y protege a los líderes terroristas”, concluye.
Acceso a la investigación
El negocio del terrorismo está disponible en Amazon en inglés y español, próximamente en librerías Gandhi y en la landing page: elnegociodelterrorismo.com. Esta investigación ofrece un enfoque único sobre el impacto económico del terrorismo y plantea un debate necesario sobre cómo el dinero perpetúa la violencia en la región.
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