El primer ministro israelí dijo que busca eliminar la dependencia financiera de Washington en la próxima década y advirtió que las protestas internas podrían debilitar aún más al régimen iraní.
Netanyahu afirmó que Israel busca reducir progresivamente su dependencia de la ayuda estadounidense, abordó la crisis de imagen internacional del país y comentó las protestas contra el régimen iraní, en una entrevista con The Economist publicada el viernes.
Por primera vez, Netanyahu insinuó que podría no renovar por completo el paquete de asistencia militar estadounidense de 3.800 millones de dólares anuales, que vence en 2028. Su meta, dijo, es que Israel logre prescindir totalmente del apoyo financiero de Washington en un plazo de diez años, un proceso que —según aseguró— ya está en marcha.
El mandatario señaló que desea una relación sólida con el pueblo estadounidense, pero con un Israel más autosuficiente. Una menor dependencia económica, añadió, podría ayudar a preservar una mejor imagen pública del país.
“Me gustaría hacer todo lo posible para combatir la guerra de propaganda que se libra contra nosotros”, declaró. Comparó el esfuerzo comunicacional de Israel con “una caballería que enfrenta un F-35”, aludiendo a la magnitud de la desinformación en redes sociales, donde abundan “bots falsos y otras distorsiones”.
Netanyahu consideró que las calumnias que durante siglos se dirigieron contra los judíos ahora se trasladan al Estado de Israel. Recordó que desde la Edad Media se han repetido falsas acusaciones, como las que culpaban a los judíos de “envenenar pozos” o usar sangre cristiana en rituales, y que ese mismo patrón se refleja hoy en las campañas de desinformación contemporáneas.
Según el primer ministro, Israel es juzgado con “un estándar imposible” en el escenario internacional respecto a su guerra con Hamás. “No creo que Churchill hubiera podido librar la Segunda Guerra Mundial si la gente hubiera visto lo que ocurría allí”, apuntó. A su juicio, un eventual alto el fuego podría reducir las críticas externas, ya que “la propaganda pierde fuerza cuando cesan los combates”.

El presidente estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro israeli, Benjamin Netanyahu, ofrecen una conferencia de prensa tras reunirse en el club Mar-a-Lago de Trump en Palm Beach, Florida, EE. UU., el 29 de diciembre de 2025. (Credito: REUTERS/JONATHAN ERNST)
La amenaza iraní
Netanyahu también se refirió a la situación en Irán y a las manifestaciones contra el régimen. Negó que Israel busque activamente un cambio de gobierno en Teherán, aunque reconoció que podría ser “una consecuencia natural de la guerra”.
Sostuvo que los ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel en junio de 2025 destruyeron gran parte de las capacidades nucleares iraníes, relegando al país “de potencia regional dominante a potencia de segundo nivel”.
El dirigente israelí atribuyó la actual debilidad de Irán tanto a su derrota militar como a su “mala gestión interna”, destacando el uso de miles de millones de dólares para financiar organizaciones terroristas mientras la población sufre privaciones. “Ambas cosas se están uniendo ahora —dijo— y podría ser el momento en que el pueblo iraní tome las riendas de su destino. Las revoluciones se hacen mejor desde dentro”.
Netanyahu subrayó que Israel no planea intervenir directamente en los acontecimientos internos iraníes, aunque seguirá vigilando de cerca la evolución de las protestas. “En un momento determinado reanudaremos nuestras actividades militares. Si Irán nos ataca, habrá consecuencias terribles para ellos. Por lo demás, debemos observar atentamente lo que ocurre dentro del país”.






