Inicia la historia de Moshé
Resumen de la Parashá Shemot, Éxodo 1:1-6:1
Los Hijos de Israel se multiplican en Egipto. Amenazado por la creciente cantidad de Israelitas, el Faraón los esclaviza y ordena a las parteras hebreas Shifra y Pua, matar a todos los varones que nazcan. Cuando ellas no cumplen, manda a su propia gente a arrojar a los bebes hebreos al Nilo.
Iojeved, la hija de Levi, y su marido Amram, tienen un hijo. El niño es colocado en un canasto en el río, mientras su hermana, Miriam, observa desde lejos. La hija del Faraón descubre al niño, lo cría como propio y lo llama Moshé.
Ya de joven, Moshé deja el palacio y descubre las dificultades de sus hermanos. Ve a un egipcio golpeando a un hebreo y mata al egipcio. Al próximo día ve dos judíos peleando entre ellos; cuando los advierte, éstos revelan lo que Moshé hizo el día anterior, así viéndose forzado a huir de Egipto hacia Midián. Allí rescata a las hijas de Itró, se casa con una de ellas – Tzipora, y se vuelve el pastor del ganado de su suegro.
Di-s se aparece a Moshé en una zarza ardiente al pie del Monte Sinaí, y le instruye ir hacia el Faraón y exigirle: “Deja ir a mi pueblo, para que Me sirvan”. Aarón, el hermano de Moshé, es designado como su portavoz. En Egipto, Moshé y Aarón reúnen a los ancianos del pueblo de Israel para decirles que el tiempo de la redención llegó. La gente les cree; pero el Faraón se niega a dejarlos ir, además intensificando el sufrimiento del pueblo.
Moshé retorna hacia Di-s y protesta: “¿Por qué has hecho el mal con esta gente?”. Di-s le promete que la redención está cercana.
Los regímenes autoritarios no caen primero por guerras.
Caen cuando alguien dentro del sistema se niega a obedecer.
Parashá Shemot no es solo un texto antiguo.
Es un manual incómodo sobre cómo se rompe un Estado opresor.
Y quienes lo hacen no son generales ni líderes armados.
Son mujeres.
El Faraón da una orden clara: eliminar a los recién nacidos.
Legal. Oficial. Firmada por el poder.
Shifrá y Puá la ignoran.
Jonathan Sacks lo define así:
Cuando la ley se divorcia de la moral, obedecer deja de ser una virtud.
Estas mujeres inauguran lo que hoy llamaríamos desobediencia civil.
No protestan en la calle.
No gritan consignas.
Simplemente no colaboran con el crimen del Estado.
Y ahí empieza la grieta.
El régimen también busca quebrar la esperanza.
Que la gente deje de traer hijos al mundo.
Yojéved hace lo contrario.
Miriam vigila el río.
El Rebe de Lubavitch explica que este es el punto donde el poder pierde control:
cuando la sociedad se niega a internalizar el miedo.
No es un acto religioso.
Es un acto político profundo: seguir viviendo cuando el sistema quiere que te apagues.
Y entonces aparece Batia, la hija del Faraón.
Ella no es víctima.
Es parte de la élite.
Pero cruza la línea.
Rescata al niño que el Estado quiere muerto.
Rav Sacks dice algo demoledor:
Las revoluciones reales comienzan cuando alguien privilegiado rompe la lealtad con el sistema injusto.
Batia traiciona al poder… y salva la historia.
Shemot deja un mensaje peligroso para cualquier régimen:
el poder absoluto no cae por enemigos externos,
sino por conciencias internas.
Y muchas veces,
son mujeres las que dicen primero:
“Hasta aquí”.
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