Juntos Venceremos
sábado 18 de julio de 2026

Alejandro Klein / Febrero 2026: Antisemitismo, antisemitismo y más antisemitismo

“A matar y a cantar, / yo juro por mi patria, / aunque cueste y aunque duela, / tiro abajo las escuelas / y los hospitales vuelan. / Y donde la prensa insista / te fusilo periodistas. / Lamento si alguien se enoja, / rompo la Cruz roja, / y a los que me llamen nazi, / sin tregua y sin compasión, / los encierro en una jaula / y los convierto en jabón”.

Esto no fue escrito por Hitler, ni por Goebbels, ni por Stalin, ni por Torquemada, ni por Ford, ni por Rosenberg, ni por Warner, ni por De Lagarde.

No. De ninguna. Estas estrofas son cantadas de forma feliz y estridente por una murga uruguaya llamada “Doña Bastarda”, cuyo director alega que este texto de ninguna manera es una consigna antisemita, sino que se debe ubicar el texto en su debido contexto. Pero, ¿de qué contexto se está hablando?

No hay forma de engañarse. Es un repugnante libelo antisemita que Streicher y Der Sturmer aplaudirían de pie y con total algarabía.

Pero no. El que aplaude de pie y con algarabía es el público que disfruta de esta sanata miserable en diferentes puntos de espectáculo de Uruguay.

Por parte del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) se intentó declarar inapto el texto para todo público, pero como no podía ser de otra manera esa medida fue rápidamente objetada y anulada.

Así que ahora a los antisemitas no se les puede llamar nazis y si eso se hace van a convertir a los que lo hagan (léase: los judíos) en jabón, o sea, entiéndase:

judíos calladitos la boca y teman porque sino nos encargaremos de volver a hacerlos jabón…”

No hay forma alguna de justificar este texto. Ni fuera de contexto. Ni dentro de contexto. Ni rodeando el contexto. Es una abominación canallesca y cobarde de una cultura que atravesada por una izquierda profundamente equivocada, tiene toda la impunidad y la legitimidad para destratar, aterrorizar y burlarse del chivo expiatorio más famoso del Mundo: el pueblo judío.

Ignoro si la comunidad judía o el Comité Central Israelita han hecho algún planteamiento, levantado una queja, hecho público su indignación. Pero, honestamente, nada hubiera cambiado.

Los políticos prenden puntualmente cada año una vela en La Noche de los Cristales en las sinagogas del mundo, pero el clima cultural antisemita genera demasiado éxtasis y diversión como para intentar detenerlo. Y en este mundo de disciplinamiento totalitario todo lo que es éxtasis y diversión: antisemitismo, denuncias, tik tok, redes, es promovido, alentado y  multiplicado.

Se podrá decir que no hay que exagerar. Que esto es el populacho. Cosas de gente soez e ignorante.

Lamentablemente no es así.

La Universidad de la República, máximo órgano de estudios de Uruguay, presidida por ilustres académicos con supuesta experiencia en el pensamiento crítico y en la búsqueda de la verdad, ha propuesto a través del  Consejo Directivo Central y por  unanimidad (sí: nadie en contra) una resolución n.º 9, en la cual se establece que es cuestionable la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, pues:

llevan a la criminalización de la protesta, porque incluyen la crítica a las políticas del gobierno de Israel dentro de lo que podría considerarse antisemitismo. Por eso, académicas y académicos del mundo especializados en la temática cuestionan la definición anterior”.

A continuación se “solicita” al gobierno uruguayo que la definición de antisemitismo propuesta por la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto, ya no se utilice oficialmente y que además se evalúe la necesidad de Uruguay de retirarse de ese organismo.

De esta manera se busca evitar que el antisionismo se tome como forma de antisemitismo, con lo que estos académicos insisten en que ellos no son antisemitas sino que simplemente cuestionan: “las políticas israelíes de colonización, apartheid y genocidio contra el pueblo palestino”.

Así pues la cuestión es clara: los judíos (Israel) no tienen autoridad moral alguna en pretender defenderse del antisemitismo, porque en en realidad ellos no son víctimas, por el contrario son los victimarios del sojuzgado, perseguido y dolorido pueblo palestino, que sufre -según estos destacados académicos-una actividad “genocida” por parte del sionismo.

Los profesores pues dejan de ser antisemitas y son simplemente “antisionistas” los que los tranquiliza y los erige (como valor moral añadido) en defensores de la “minoría palestina”.

Se enfatiza así que el verdadero peligro no es el antisemitismo (al que falta poco para que se lo tilde de invento paranoico del pueblo judío), sino el fascismo, la ultraderecha y el supremacismo blanco. O sea: no hablemos más de antisemitismo. Es una construcción falsa y superflua.

Queda claro entonces: la moral de la izquierda exige redoblar la lucha contra el sionismo porque el sionismo no es más que una máscara que encubre la avanzada fascista y de ultraderecha…

La izquierda, Palestina, los palestinos, son la luz y la bengala de la justicia y la verdad.

Los judíos, Israel, el sionismo, el sendero lóbrego, diabólico y amenazante al que hay que denunciar en su “hipocresía”.

Pero no, de ninguna manera. Esto no es antisemitismo…

Por eso

Febrero en Uruguay:

Antisemitismo, Antisemitismo y más Antisemitismo

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