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martes 07 de julio de 2026
judaísmo. Estrella

Alejandro Klein / Aunque usted no lo crea: Hubo un tiempo en que el antisemitismo avergonzaba – A propósito de “Quinto año nacional”, película argentina de 1961

Esta es una película de las de antes, es decir, la gente es correcta, honesta, ética, con valores morales y todos, o casi todos, se visten con traje y corbata y peinados a la gomina. 

Una película ejemplar, en un mundo que creía en los ejemplos y en la capacidad de transmitir valores y dignidad.  

¿Era realmente un mundo ejemplar? Tal vez no exactamente, pero así gustaba de escudriñarse a sí mismo. Probablemente era un mundo de blancos y negros y de muchos, muchos matices.

Como cualquier mundo se me dirá. Pero no, no como cualquier mundo.

Porque en ese mundo el antisemitismo avergonzaba, mientras que en este Mundo el antisemitismo se Enaltece y Vanagloria.

En este Mundo el Antisemitismo se coloca como una de las ideologías dominantes, tanto en términos de explicar el Mundo como en términos de ofrecer las claras y contundentes “recetas” de cómo modificarlo, estableciendo la justicia social.

En términos del Antisemitismo parece ser que alcanzar la justicia social implicaría terminar con el “genocidio” israelí contra el “desamparado” pueblo palestino, sincerándose el sionismo en su carga de imperialismo y su “ansia” expansionista y rapaz.

Por eso, en un artículo ya lejano escribí que para estos antisemitas neo-leninistas el antisemitismo es la “etapa superior del imperialismo”, parafraseando el famoso eslogan de Lenin: el imperialismo como fase superior del capitalismo, en un uso obtuso y atrofiado de la dialéctica hegeliana que Lenin practica mediocremente.

Pero volvamos a nuestra película. Hay varios personajes en conflicto, un rebelde, un sinvergüenza, un homosexual, un judío. El único que parece no tener conflicto es el personaje que encarna Javier Portales, muy contento con su obesidad, a pesar de las constantes bromas de sus compañeros.

El personaje judío, llamado Mauricio Roitman, sufre el acoso de un profesor cínico y cruel que cuando dice su apellido, acentúa el “Rrroitmann” para que no quepa duda alguna de su maldad y alevosía y de que Roitman además es un extranjero entre excelsos argentinos.

Ahora bien, además de mortificarlo con el acento denigrante de su apellido le baja las calificaciones, por ser (esto queda implícito) judío.

Por eso en la escena inicial, el padre le insiste en que estudie, que sea un muchacho de bien, que no puede ser que le bajen la nota por ser (cosa también implícita) judío. El abuelo (con fuerte acento de Europa central) dice que de ninguna manera que su nieto sí estudia y se esfuerza. Pero el padre de Mauricio reafirma: “hoy es jueves…”, o sea, el día fatídico de la clase con el profesor malvado. Se discute el tema en la mesa y el padre dice que no se puede perseguir a un alumno por ser judío… Entonces nos enteramos que ese profesor ya había perseguido a otro alumno, Sofovich, pero ante el Ministerio le llamaron al orden y quedó por ende resentido.

Hay aquí un punto de ambigüedad muy inteligente, que el guionista apunta pero deja “flotando”. La mortificación por la baja nota de Mauricio no es solo por la práctica antisemita, sino porque “impediría” la plena integración (¿“asimilación”?) de Mauricio y a través de él de toda su familia a la argentinidad. En términos de Pichón-Riviere: el pobre Mauricio es el emergente de un grupo social siempre inseguro de sus logros y su lugar social.

Ahí está el drama de esta familia: cómo integrarse de forma honesta y decente a una Buenos Aires digna, honesta, ciudadana y de clase media de los años 60, es decir “argentinizarse” combatiendo como les es posible el antisemitismo, que por supuesto en el film está encarnado en un solo individuo y para nada es un fenómeno general bonaerense.

Pero no hay caso, el pobre Mauricio estudia y estudia y el profesor “antisemita”, socarronamente no le sube la nota, motivo de vergüenza y terrible malestar. Finalmente, ante su rebeldía y la de un compañero que lo apoya (enamorado de “Sarita”, hermana de Mauricio), el profesor en cuestión los suspende.

Las cosas llegan a un punto en que sus compañeros se movilizan y ahí el director y el profesor, encarnado por un querido actor uruguayo Santiago Gómez Cou (quien hace un discurso a favor del amor y la tolerancia), intervienen y presionan al satánico profesor para que cambie su actitud, casi amenazándolo con represalias. Solo en este punto es que Santiago Gómez Cou usa la palabra “persecución”…

Por supuesto, todo termina bien y la justicia y la moral triunfan, y esto lo escribo sin ningún tipo de cinismo, sino más bien con la nostalgia frente a un mundo actual donde lo que triunfa es la injusticia, la acusación infame e impune y la post-banalidad del mal.

Pero es tan notable cómo avergonzaba el antisemitismo en aquel lejano mundo, que la palabra como tal nunca es explicitada a lo largo del film, se la sugiere y propone, pero era tan inadmisible el antisemitismo para la época, que su sola mención en un film de ficción parece que generaba escándalo y consternación.

Escándalo y Consternación… ¿Alguna vez volverán a ser los ejes morales del Mundo?

Personalmente… Lo dudo.

Mientras esperamos ese tiempo que probablemente jamás ya advendrá, dejo al amable lector el link del film: https://www.youtube.com/watch?v=VraFO-XqEDY .-

Dr. Alejandro Klein
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