Carrera en honor a Esther Nakash. El legado de quién corrió la vida con el corazón

El pasado 25 de enero, el Bosque de Chapultepec no fue solo un punto de encuentro para corredores, fue un espacio de memoria viva. Ahí se llevó a cabo la Carrera en honor a Esther Nakash, una jornada profundamente conmovedora que reunió a más de 500 personas —familiares, amigos y miembros de la comunidad— unidas por una misma consigna: correr con el corazón.

 

Desde el inicio, la carrera estuvo acompañada, en cada respiración y en cada paso, por el recuerdo de Esther: una mujer que enseñó a ser positivos, que con su sonrisa iluminó la vida de quienes la rodeaban y que convirtió el movimiento en una forma de sentido. Ese día, los participantes corrieron por Esther y por la vida.

La carrera no fue concebida como una competencia ni como una despedida. Fue, ante todo, una afirmación de continuidad.

Chapultepec, lugar entrañable para Esther, se transformó en la pista donde el recuerdo dejó de ser silencio y se volvió acción colectiva. No hubo cronómetros ni marcas personales que celebrar; cada paso fue una forma de acompañamiento, una manera de avanzar juntos, como ella lo hacía.

Durante el recorrido estuvieron presentes sus padres, sus hermanas, familiares y amigos cercanos. Al finalizar, algunos de quienes más la amaron compartieron unas palabras. Su padre, visiblemente conmovido, expresó que se trató de un evento profundamente significativo, que hizo honor a Esther, y manifestó su deseo de que esta carrera sea la primera de muchas más, con la esperanza de que cada vez se sumen más personas.

Karen, su mamá, agradeció a todos los asistentes y expresó su certeza de que Esther estuvo presente con ellos durante toda la carrera. Su hermana, por su parte, agradeció la respuesta de la comunidad y reconoció que las más de 500 personas reunidas ese día tenían una conexión especial con Esther. Su abuelita recordó lo increíble que era Esther y afirmó que siempre la llevará en el corazón. Erick Levy compartió palabras para recordarla y habló de cómo su memoria motiva a seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. A estas voces se sumaron las de amigos y participantes, quienes destacaron el significado colectivo de la carrera.

Entre las escenas que marcaron la jornada, destacó la de una amiga de Esther que corrió empujando una carriola con su bebé, una imagen que sintetizó el espíritu del evento: la vida que continúa, acompañada de memoria y amor. Participantes también expresaron su agradecimiento a los organizadores por hacer posible un encuentro tan significativo.

Con ello, el mensaje fue claro y compartido: esta carrera busca permanecer. La intención es que se consolide como un encuentro anual, un espacio donde la comunidad vuelva a reunirse para hacer lo que Esther hacía mejor: avanzar, incluso frente a la adversidad.

La Carrera del 25 de enero no celebró velocidad ni resistencia física; celebró una ética de vida. Esther enseñó que la actitud puede ser más fuerte que cualquier diagnóstico, que el cuerpo encuentra fuerza cuando hay propósito y que la esperanza se construye con actos concretos.

Corrió con las piernas hasta que no pudo. Y cuando no pudo, corrió con el corazón.

Ese día, Chapultepec fue su pista. Y también fue una lección compartida: hay legados que no se apagan, porque siguen vivos en quienes deciden caminar —y correr— la vida con el corazón.


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