Atacan instalación del artista judeo-mexicano Alejandro Glatt en festival de CDMX

El artista judeo-mexicano Alejandro Glatt denunció, en entrevista para Enlace Judío, que una instalación suya fue destruida deliberadamente durante un festival de música y arte en la Ciudad de México.

El ataque incluyó la vandalización total de la obra, el lanzamiento de sandías para romper las piezas y la colocación de mensajes intimidatorios que lo señalaban por su identidad y postura ideológica.

“Una cosa es tener una postura política. Otra muy distinta es destruir una obra para silenciar e intimidar. Eso no es diálogo. Eso es vandalismo”, afirmó.

Un proyecto artístico atravesado por el 7 de octubre

Glatt se define hoy, explícitamente, como “artista mexicano y judío”. Nacido en una familia judía en México y formado en escuelas comunitarias, su carrera dio un giro tras vivir en Tel Aviv durante los ataques del 7 de octubre.

Sentí que ya no podía hacer solo arte decorativo. Tenía la responsabilidad de transmitir un mensaje sobre identidad, sobre paz, sobre quiénes somos”, explica.

Desde entonces, su obra ha girado en torno al orgullo judío, el simbolismo cultural y una estética deliberadamente colorida y luminosa. Ha presentado su trabajo en espacios internacionales como Art Basel en Miami y recientemente fue invitado a la Bienal de Arte de Jerusalén, donde participará como uno de los artistas principales.

Semanas antes del incidente, Glatt inauguró una exposición en la Galería Parque del Reloj, espacio público de la Alcaldía Miguel Hidalgo, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de Recordación del Holocausto. El evento, realizado durante la Noche de Museos, reunió a decenas de asistentes interesados en conocer su propuesta sobre arte judío contemporáneo.

Pese a antecedentes de protestas en su contra, la muestra transcurrió sin incidentes.

El ataque: “Evacuar de inmediato”

El sábado pasado, durante otro evento artístico, Glatt participaba con una instalación de luz —sin banderas ni mensajes políticos explícitos— cuando un grupo de personas irrumpió en el espacio.

De acuerdo con su testimonio, los agresores rodearon la instalación, comenzaron a grabar, arrojaron sandías contra las piezas, desconectaron cables y destruyeron la obra. También dejaron volantes que decían:

Evacuar de inmediato. Esto es acción directa. Intervención civil artística. El arte es político. Fin al fascismo. No comulgamos con sionistas.”

Cuando Glatt llegó al lugar, encontró la instalación completamente destruida.

Sentí miedo real. Pensé que podían estar vigilándome. No me sentí seguro en el espacio”, relata.

El grupo responsable calificó el acto como un “performance” y posteriormente publicó en redes sociales una justificación en la que lo definieron como activismo político. La activista señalada como líder del grupo, María Andrea Araujo, asumió públicamente la autoría del acto.

En su publicación, defendió la intervención como una acción ideológica contra el sionismo y llegó a afirmar que pagaría la pieza “cuando Israel reponga lo que ha destruido en Palestina”.

Glatt considera que esa narrativa lo coloca como responsable directo de decisiones políticas internacionales por el hecho de ser judío y declararse sionista.

“Soy artista. Fui contratado para presentar una obra. Llegaron a destruirla y a amenazarme. Eso no es un mensaje de pazno es diálogo”, sostiene.

Antecedentes de presión y cancelaciones

El artista afirma que no es la primera vez que enfrenta acciones similares. En 2025, durante una exposición frente al Palacio de Bellas Artes, un grupo de manifestantes lo acusó públicamente de “cómplice de genocidio”. En Monterrey, una galería canceló una muestra tras recibir amenazas.

Me está tocando vivir en carne propia lo que algunos llaman antisionismo. Pero cuando el ataque es contra mí por ser judío y expresar mi identidad, la línea se vuelve muy clara”, señala.

Según Glatt en el circuito artístico mexicano existen múltiples expresiones pro palestinas en espacios públicos, mientras que las manifestaciones abiertas de orgullo judío fuera de ámbitos comunitarios son escasas.

Si no lo expresamos nosotros, nadie lo va a hacer”, afirma.

Orgullo y símbolo

Durante la entrevista, Glatt portaba un collar con una papaya espejada y la inscripción “Jewish and Proud”.

La papaya, explica, se convirtió en un símbolo central de su obra tras investigar su capacidad de crecer en casi cualquier entorno, incluso en condiciones adversas:

Es un árbol que florece en el concreto. Así hemos hecho los judíos durante siglos”.

Para él, el mensaje es claro: no esconder la identidad.

Invito a que no tengamos miedo de decir quiénes somos.”

Denuncia y reflexión

Glatt confirmó que presentó una denuncia ante las autoridades correspondientes.

Más allá del daño material, el artista insiste en que el problema de fondo es la normalización del silenciamiento violento en nombre del activismo.

Destruir arte no es debatir. Generar miedo no es diálogo. Si algo incomoda, se discute. No se rompe.

El incidente reabre la discusión sobre los límites entre protesta y vandalismo, la libertad de expresión artística y el espacio que ocupa —o se le permite ocupar— la identidad judía en el panorama cultural contemporáneo mexicano.

“Creo en la paz y en la convivencia”, concluye. “Pero así no se responde a lo que incomoda.


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