En el Cine Tonalá de la Ciudad de México se proyectó Sabbath Queen (2024), el más reciente documental del director y productor Sandi DuBowski (Trembling Before G-d), una obra que no solo sigue, durante 21 días, la vida de un rabino fuera de norma, sino que plantea una pregunta incómoda y urgente: ¿qué significa ser judío hoy?
La película acompaña durante 21 años la vida de Amichai Lau-Lavie, rabino de 39ª generación, israelí-estadounidense, fundador de Lab/Shul New York, performer drag queer y activista por la paz. Lejos del retrato hagiográfico, Sabbath Queen construye el arco vital de un líder espiritual en proceso, atravesado por tensiones profundas: tradición y ruptura, espiritualidad y política, fe y disidencia.
Un liderazgo que no pide permiso
Desde finales de los años noventa, DuBowski comenzó a documentar la vida de Lau-Lavie, mucho antes de que se ordenara rabino. Lo que vio entonces —y que hoy articula la película— fue la capacidad de Amichai para encender comunidad allí donde amplios sectores que habían sentido fuera de lugar dentro de la religión institucional: mujeres, personas LGBTQ+, familias interreligiosas, jóvenes que ya no encontraban sentido en formas heredadas del judaísmo.
Sabbath Queen no es una película “sobre drag” ni un manifiesto identitario superficial. Es, más bien, un retrato del surgimiento de un liderazgo espiritual alternativo, uno que no huye del ritual, sino que lo reinventa; que no rompe con la tradición por rechazo, sino por amor crítico.
“Mi tarea como rabino”, sostiene Lau-Lavie, “es mirar la tradición a los ojos, agradecer lo que heredamos y ser honestos sobre lo que debemos conservar y lo que debemos cambiar”. No desde la negación, insiste, sino desde el amor.
Uno de los ejes más potentes del documental —y del pensamiento de Lau-Lavie— es el Shabat. En un mundo hiperconectado, productivista y agotado, el Shabat aparece como una forma radical de resistencia: detenerse, sentarse a la mesa, apagar lo digital, volver al cuerpo y a la comunidad.
Sabbath Queen propone una reapropiación del Shabat con humor y profundidad, devolviéndole su dimensión humana y política: no somos máquinas de rendimiento, sino seres que necesitan pausa, encuentro y sentido. No es casual, en ese contexto, que el documental haya generado rituales propios en su recorrido internacional, como cenas de Shabat, encuentros comunitarios y espacios de conversación donde judíos y no judíos experimentan la espiritualidad desde un lugar no dogmático.
El conflicto que no se puede eludir
La película culmina con escenas filmadas después del 7 de octubre, uno de los momentos más dolorosos para el pueblo judío contemporáneo. Lau-Lavie habla desde Tel Aviv sosteniendo una doble herida: el dolor de su familia y amigos israelíes y el sufrimiento de sus amistades palestinas comprometidas con la paz.
No hay consignas fáciles. Hay matices, responsabilidad compartida, duelo y una ética del cuidado que incomoda a los discursos binarios. Integrar lo político en lo espiritual no es un añadido: es el núcleo de la propuesta.
Desde su estreno, Sabbath Queen ha recorrido más de 100 ciudades, con funciones en festivales judíos de Estados Unidos, Europa, Israel y Australia. Rabinos ortodoxos, conservadores y reformistas han participado en diálogos públicos tras las proyecciones. Incluso el hermano de Amichai, el reconocido rabino ortodoxo Benny Lau, aparece en el filme y participó en su estreno en Jerusalén.
Las reacciones son diversas: sorpresa, incomodidad, resistencia, gratitud. Algunos espectadores se levantan y se van. Otros escriben cartas largas. Pero, como subraya DuBowski, el mayor logro del documental es abrir conversaciones pacientes en un tiempo de polarización extrema.
¿Para quién es Sabbath Queen?
Para judíos que se preguntan si todavía hay lugar para ellos dentro de la comunidad. Para padres que no saben cómo acompañar a sus hijos LGBTQ+. Para jóvenes que asocian religión con exclusión. Y también para quienes, desde posiciones más tradicionales, están dispuestos a escuchar sin miedo.
Al final, el mensaje es simple y radicalmente judío: más amor, menos miedo. Abrir espacio en la mesa, recordar que el judaísmo siempre ha cambiado, y que su fuerza histórica ha sido precisamente esa capacidad de transformarse sin perder su alma.
Sabbath Queen no ofrece respuestas definitivas, ofrece algo más escaso hoy: una invitación honesta a pensar, a sentir y a dialogar.
______________________________________________________________________________
Las opiniones, creencias y puntos de vista expresados por el autor o la autora en los artículos de opinión, y los comentarios en los mismos, no reflejan necesariamente la postura o línea editorial de Enlace Judío. Reproducción autorizada con la mención siguiente: © EnlaceJudío