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martes 07 de julio de 2026
Sandi DuBowski presenta Sabbath Queen en la Cineteca Nacional

Sandi DuBowski presenta Sabbath Queen en la Cineteca Nacional

Tras 21 años de filmación y seis de edición, el documental que retrata la vida del rabino Amichai Lau-Lavie llegó a México acompañado por su director y su protagonista, en una charla que pasó del cine a la fe, del amor a Gaza, sin pedir permiso a ninguna frontera.

Veintiún años filmando. Mil ochocientas horas de material original. Mil cien más de archivo. Seis años de montaje. Las cifras, dichas así, suenan a proeza técnica. Pero cuando el cineasta Sandi DuBowski las pronunció ante el público de la Cineteca Nacional, quedó claro que detrás de esos números hay algo más grande: Sabbath Queen no es una película que se hizo, es una película que se vivió.

DuBowski llegó acompañado de Amichai Lau-Lavie, el rabino cuya vida —o más bien cuyas múltiples vidas— es el corazón del documental; heredero de una dinastía rabínica ortodoxa, hermano de un rabino ortodoxo heterosexual, hijo de padres ortodoxos, y al mismo tiempo una drag queen, un hombre gay, un explorador del judaísmo no binario. “Es una montaña. Una obra de arte y también un trabajo hecho desde el amor”, dijo el director sobre el proceso de hacer la película.

A la pregunta sobre las cámaras usadas —inevitable en cualquier conversatorio técnico de cine— DuBowski respondió casi con humor: si existió una cámara relevante en las últimas dos décadas, la usaron, pero señaló que el verdadero protagonista técnico fue el montaje. Porque uno de los personajes de la película es el tiempo mismo, el que se mueve entre lo ancestral y lo contemporáneo, el que regresa cada año a los mismos cumpleaños y las mismas fiestas para preguntar cómo hemos cambiado.

“Es una película que no hubiera podido terminar en mis veintes o en mis treintas. Estamos en nuestros cincuenta. Esta película es sobre la vida, sobre la mitad de la vida, sobre encontrar el propio camino”, mencionó.

Respecto al proceso creativo, explicó que fue sobre todo un ejercicio de soltar la necesidad de saber, de embarcarse en un viaje de amistad y búsqueda espiritual sin certeza del destino: “Fue peligroso. Y arriesgado como artista. Pero tenía que creer.”

El acto tres y la pregunta por lo no binario

Cuando el público preguntó por el momento en que decidió que la película estaba lista —recordando aquella idea de que ningún director termina una película, sino que la abandona— DuBowski explicó cómo el tercer acto encontró su tensión dramática en la boda entre dos hombres budistas que Amichai decidió oficiar como rabino —una ceremonia interreligiosa que la Asamblea Rabínica Conservadora prohíbe—. Ese giro terminó siendo el símbolo de todo el filme; una obra que cuestiona lo binario, lo “esto o esto”, y que encuentra su ironía en que la aceptación de lo gay resultó, al final, menos compleja que la pregunta tribal de quién queda dentro y quién queda fuera.

Lau-Lavie completó la idea con un dato revelador: la primera versión de la película, mostrada en junio de 2023, cerraba con una boda. Fue su decisión —contó— renunciar a ese final feliz y honrar, en cambio, un relato más completo de su salida de la asamblea rabínica y de su propia historia: “Confié y confío en Sandi en contar mi historia desde ese aspecto de mi vida”, compartió.

El 7 de octubre y una sola palabra

La película parecía terminada. Entonces llegó el 7 de octubre de 2023. Lau-Lavie recordó que estaba en Jerusalén esa semana y llamó de inmediato a DuBowski, el filme no estaba terminado. Lo que siguió —contaron ambos— fue una manera distinta de hablar de lo no binario, ya no solo desde el género o la religión, sino desde la identidad israelí y palestina.

Amichai explicó que el momento más difícil de todo el proceso se resume en una sola palabra. En los minutos finales de la película, grabados en Tel Aviv en octubre de 2023, frente al muro de los rehenes y con amigos en Gaza al teléfono, Amichai intentaba decir algo así como: estoy con mi familia y mis amigos israelíes, “pero” eso no justifica lo que viven los palestinos. Esa palabra —”pero”— no se sentía correcta. Hubo otras tomas en las que probó decir “y” en su lugar. Cuando el equipo de edición envió el corte final, Amichai llamó a Sandi para pedirle un solo cambio, una sola palabra: de “pero” a “y”:

“Entendimos cuánto ese ‘y’ es, en realidad, el espíritu de nuestro trabajo. Cada palabra y cada imagen en esta película es un campo minado.”

De Trembling Before G-d a Sabbath Queen: 25 años después

Un asistente preguntó por la distancia entre este documental y Trembling Before G-d, la película con la que DuBowski, hace un cuarto de siglo, retrató por primera vez la tensión entre judaísmo ortodoxo y diversidad sexual —también proyectada, en su momento, en la Cineteca. El director recordó los seis años que pasó recorriendo el mundo buscando a un solo padre judío ortodoxo dispuesto a aparecer en cámara junto a un hijo LGBTQ+, y el rechazo que la propia cinta recibió entonces de parte de la comunidad judía mexicana. Hoy, dijo, la distancia se mide en la familia de Amichai: sus padres ortodoxos, su hermano rabino ortodoxo heterosexual, presentes y visibles en la nueva película. “Hay dolor, hay lucha y hay muchísimo progreso por hacer. Pero esto es un paso.”

DuBowski compartió también una anécdota de una proyección reciente en Baltimore: un adolescente trans insistió en ver Sabbath Queen junto a sus hermanos y sus padres. Al salir, según contó el director, el joven dijo que sus padres finalmente entendían que hay un lugar para las personas trans dentro de las comunidades judías. “Le dije: tú eres el futuro, te necesitamos, necesitamos tu liderazgo.”

“¿Cuánto tiempo toma el cambio?”

La última pregunta de la tarde fue: ¿es posible imaginar un judaísmo liberal, progresista, que rompa con siglos de ortodoxia? Lau-Lavie respondió con una reflexión que resumió el tono de toda la charla: el cambio siempre está en marcha, la pregunta real es cuánto tiempo toma. Mencionó que esa misma mañana tenía previsto reunirse con la arzobispa de Canterbury, la primera mujer al frente de la Iglesia anglicana en 1,500 años. Recordó que él mismo fue el segundo rabino gay ordenado en su movimiento, y que hoy existen cientos de mujeres rabinas.

“Los humanos somos, al mismo tiempo, resistentes al cambio y amantes del cambio. El mundo judío no es diferente: luchamos por ser liberales y progresistas, conservando la esencia de quienes somos”, dijo.

Nueva York es un terreno relativamente más fácil que Israel para esa lucha, en parte porque ahí es posible separar la religión del poder e invitar a las personas a explorar su vida espiritual. “Porque queremos, no porque tenemos que”, apuntó.

DuBowski cerró con una idea que podría funcionar como epílogo de la propia película: que Amichai haya sido capaz de reunir, por primera vez, mundos que nunca se habían visto entre sí —el de la dinastía rabínica ortodoxa y el de su comunidad de “hadas radicales”— es un acto de valentía. “Fue un tributo a que Amichai se despojara del miedo del mundo.”

Sabbath Queen se presentó en la Cineteca Nacional como parte de su programación especial, con la asistencia de su director, Sandi DuBowski, y su protagonista, el rabino Amichai Lau-Lavie.

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