En su séptimo encuentro con Trump, el Primer Ministro de Israel expuso los intereses de nuestro país en el caso de una ofensiva militar contra Irán.
Después de más de seis horas de hiladas deliberaciones con la activa participación del Presidente Trump y su equipo de asesores, se acordó el silencio a lo discutido y resuelto.
Pocas horas después, Netanyahu retornó a Israel cuando en paralelo flotas norteamericanas en el Atlántico y en el Mediterráneo no esconden la intención de quebrar al régimen iraní si no se ajusta a la voluntad de la Casa Blanca.
El resultado: un tenso escenario susceptible de conducir a un directo choque militar entre Estados Unidos e Irán que probablemente implicará una radical definición de las fuerzas en la región incluyendo a los mercados petroleros.
En estas circunstancias, Israel fortalecerá los nexos con Arabia Saudita, poniendo algún límite a las ambiciones de Turquía en Medio Oriente y, en particular, en Gaza que en estos días intenta superar las pérdidas territoriales y demográficas ocasionadas por la reciente guerra en la región.
En otras palabras, el resultado final de la incursión militar norteamericana en Irán sumará componentes que redefinirán cálculos y fuerzas en el Medio Oriente.
Interesa a Israel preservar el poder militar en el marco de constructivos nexos con países de esta región.
Circunstancias que significativamente gravitarán en el torneo electoral que tendrá lugar en nuestro país en algún mes del corriente año.
Como en otros asuntos, los cálculos personales y electorales de Netanyahu tendrán sobresaliente peso en su fecha y entorno.
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